Publicado: enero 3, 2026, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/guion-preocupante-20260103040451-nt.html
Si Donald Trump hubiese relatado desde el Despacho Oval el ataque a Venezuela, podría haberlo hecho mirando el retrato de William McKinley, colgado en un lugar preferente, como un espejo en el que admirarse. Fue uno de sus presidentes favoritos, partidario de intervenir … o anexionar a finales del siglo XIX sin más contemplaciones territorios como Hawái, Cuba o Puerto Rico. Al magnate neoyorquino le anima una pulsión imperialista semejante, que le ha llevado a flexionar los músculos del poder estadounidense en Gaza, Irán, Ucrania, Nigeria y ahora Venezuela, mientras debilitaba la relación con sus aliados, permitía el ascenso chino y no era capaz de frenar el revanchismo ruso.
Lo preocupante no es el final de Nicolás Maduro, un dictador que ha destrozado su país, sino el método y las formas con las que Trump explica al mundo la intervención estadounidense, un verdadero «show televisivo» en sus palabras. Saltarse el derecho internacional y, posiblemente, varios preceptos constitucionales, tiene consecuencias en un mundo en el que ascienden potencias con valores e intereses contrapuestos a los occidentales y afirman también la ley del más fuerte.
La justificación de detener al capo de una organización de narcotraficantes no es suficiente (hace unas semanas Trump indultó al expresidente de Honduras condenado por tráfico de drogas), y más aún cuando va acompañada de reclamaciones de derechos de explotación del petróleo venezolano a favor de compañías estadounidenses.
Es necesaria una asistencia internacional a la oposición bien planificada y completa, con todos los apoyos para que sea ella que protagonice el tiempo nuevo y evite un conflicto civil
Parece que no hay más plan que «gestionar el país», sin un límite temporal claro, y permitir a las empresas estadounidenses que hagan negocios mientras Venezuela modifica su rumbo político. El cambio de régimen pasa por conectar con la legalidad derivada de las últimas elecciones, usurpadas por Maduro, y encauzar la transición a la democracia.
Pero es necesaria una asistencia internacional a la oposición bien planificada y completa, con todos los apoyos para que sea ella la que protagonice el tiempo nuevo y evite un conflicto civil. Europa debe cumplir un papel importante, aunque el Gobierno español esté lastrado por su política de cercanía a Maduro.
El anacrónico «corolario Trump a la doctrina Monroe» de la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional debe ser más que un derecho a proteger intereses nacionales difusos de Estados Unidos dentro de los países latinoamericanos para asegurar su primacía en el tablero internacional.
Una referencia a poner freno a la influencia cubana, rusa o china en Venezuela ayudaría a comprender la operación y permitiría pasar del matonismo a la geopolítica. Pero Trump, en palabras de Yuval Noah Harari, es débil con los fuertes y fuerte con los débiles y se encuentra cómodo con el crudo realismo de un mundo dividido en esferas de influencia entre dos o tres grandes potencias.
