Publicado: abril 25, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/ucrania-recuerda-anos-chernobil-bajo-nube-toxica-20260425012605-nt.html
Fueron 18 los días de silencio del Politburó soviético desde aquel 26 de abril de 1986. Hace 40 años, Mijaíl Gorbachov estaba a la cabeza del imperio rojo ya extinto. Cuatro días después de la explosión en el reactor 4, el viento había dispersado … la nube tóxica que trepaba desde la central nuclear Vladímir Ilich Lenin. Kiev y Minsk estaban en la trayectoria del aire venenoso. El tradicional desfile del primero de mayo se celebró de todas formas, ese fue el mandato del Kremlin. Los dirigentes de Moscú querían mostrar que todo iba bien. Y los kievitas poblaron las calles respirando aire contaminado. Cuando terminó la parada militar, los hijos y nietos de la nomenclatura fueron evacuados rápidamente en avión desde la capital de Ucrania. A pesar de los esfuerzos oficiales, los rumores eran ya inevitables.
Gorbachov se dirigió al mundo el 14 de mayo. Lo hizo por televisión en un discurso que no llegó a la media hora. El accidente, por fin, estaba confirmado. Veinte años después, el propio exlíder soviético escribía en un artículo de opinión que el accidente había sido un punto de inflexión. «Fue quizás la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética cinco años después», confesó en 2006.
Una legión de «liquidadores» se conjuró para contener el desastre radiactivo que acechaba a toda Europa. Entre 600.000 y 800.000 personas se personaron allí, según el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (Unscear). Gracias a ellos, el cielo de Chernóbil volvió a ser casi seguro. Un tiempo al menos. Ese esfuerzo colectivo de hace cuatro décadas se ve otra vez amenazado por Moscú y su guerra a gran escala.
Noticia relacionada
-
En primera persona
Pablo M. Díez
En febrero de 2022, los sensores de radiación ucranianos registraron aumentos significativos en sus mediciones. Las pesadas columnas blindadas rusas que atravesaban la zona de exclusión removieron la radiación dormida. El área contaminada que se extiende por 2.600 kilómetros cuadrados en el territorio ucraniano quedó bajo ocupación de las fuerzas de Putin hasta el 31 de marzo. No estaba claro en ese momento si la planta atómica sería testigo directo de combates. Pero los invasores se prepararon para ello cavando trincheras en el Bosque Rojo, mientras removían la tierra envenenada.
El 9 de marzo, alrededor de las once de la mañana, la central nuclear se quedó sin energía. «Siguiendo el procedimiento, se pusieron en marcha los generadores diésel, y la planta funcionó con ellos durante casi seis días», explicó Oleksandr Hryhorash, jefe del departamento de control operativo de la central nuclear de Chernóbil, a la agencia estatal Ukrinform. «Fue un acto de terrorismo nuclear perpetrado por el Estado agresor, Rusia. Es muy lamentable que la comunidad internacional reaccionara con tanta debilidad, o, dicho de otro modo, que no reaccionara en absoluto», sostiene Hryhorash.
La abandonada ciudad de Prípiat, cerca de la planta atómica de Chernóbil.
(EFE)
Las consecuencias del peor accidente atómico de la historia no se disiparon 40 años después. «Ni una sola persona de Chernóbil goza de buena salud. Es una muerte a base de mil pequeños cortes», cuenta a la agencia Reuters Petro Hurin, de 76 años, uno de los liquidadores que sigue vivo para contarlo.
Sala de mandos del reactor número 4, donde tuvo lugar el peor accidente nuclear de la historia.
(AFP)
La explosión desplazó permanentemente a unas 350.000 personas. La potencia liberada el 26 de abril cerca de la fantasmal ciudad de Prípiat fue equivalente a 400 veces la bomba de Hiroshima. Ese día murieron dos personas. Semanas después, 28 más perdieron la vida por síndrome de radiación aguda. Con el tiempo se contabilizaron unas 4.000 muertes por cáncer entre los grupos más expuestos, según la Organización Mundial de la Salud.
Ataque ruso contra el sarcófago
Chernóbil se ha instalado en el imaginario colectivo en estos 40 años. Series, documentales, libros y reportajes periodísticos confeccionaron el diario de a bordo del desastre. Lejos de ser un problema zanjado, la guerra lanzada por Rusia enfila también la planta clausurada. El sarcófago que protege el reactor número 4 fue atacado directamente en febrero de 2025. Kiev asegura que el golpe del dron Shahed fue deliberado. El impacto abrió un agujero de 15 metros en la estructura que cubre la fuente de radiación. Desde 2024 se han detectado al menos 92 drones rusos a menos de cinco kilómetros de la instalación.
El interior del sarcófago de Chernóbil, construido para impedir que salga la radiación del reactor siniestrado.
(AFP)
En total, desde el inicio de la guerra se han detectado hasta 35 misiles hipersónicos Kinzhal volando cerca de la central, reveló esta semana Ruslan Kravchenko, fiscal general de Ucrania. «Estos lanzamientos no pueden explicarse por ninguna consideración militar. Es evidente que los vuelos sobre las instalaciones nucleares se realizan únicamente con fines de intimidación.»
«Los vuelos de misiles sobre las instalaciones nucleares se realizan únicamente con fines de intimidación»
Ruslan Kravchenko
Fiscal general de Ucrania
La lección más importante del desastre nuclear es que a los cielos no se les puede poner coto. No hay fronteras que valgan contra la radiación. Y en Ucrania, este capítulo está lejos de cerrarse. Como afirma el jefe del departamento de control operativo de la planta, «Chernóbil es nuestro pasado y nuestro futuro. El trabajo en esta central continuará durante al menos otros cien años.»
