Publicado: noviembre 2, 2026, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tsunami-democrata-espejismo-trump-ante-veredicto-final-20261102011136-nt.html
«Oh, sin duda». Abdul el Sayed, el controvertido candidato demócrata al Senado por Míchigan, contestaba a la carrera a ABC sobre si era optimista ante la cita con las urnas de este martes. El Sayed, que busca convertirse en el primer musulmán en la Cámara Alta de Estados Unidos … , llegaba a uno de sus últimos mítines de campaña en el campus de la Universidad de Míchigan Oriental, en Ypsilanti, a una hora de Detroit.
El entusiasmo de El Sayed y de los jóvenes –y no tan jóvenes– que fueron a verle es un símbolo del ánimo con el que los demócratas se asoman a las ‘midterms’, las elecciones de mitad de mandato, en las que los estadounidenses renovarán las dos Cámaras del Congreso: la Cámara de Representantes en su totalidad y un tercio del Senado. Además, se elegirán 36 gobernadores de estados y decenas de miles de cargos estatales y locales.
Los más optimistas del Partido Demócrata hablan de un ‘tsunami azul’: un aluvión de victorias en las urnas que cambiará el equilibrio de poderes en la primera potencia mundial. Los republicanos disfrutan de mayorías –aunque escasas– en el Congreso y las encuestas apuntan a que los demócratas se quedarán con la Cámara de Representantes. Lo habitual es que las ‘midterms’ sean un castigo al partido en el Gobierno, una reacción casi natural de los estadounidenses de rebajar su poder. Los demócratas perdieron 54 escaños de la Cámara Baja en 1994, dos años después de la victoria de Bill Clinton, y 63 en 2010, tras el triunfo histórico de Barack Obama. También lo sabe Trump, que vio a los republicanos decir adiós a 40 escaños en 2018. Las cosas están mucho más igualadas en el Senado, donde solo hay una certeza: cualquier mayoría resultante de las urnas será muy ajustada.
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ELECCIONES DE MEDIO MANDATO EN EE.UU.
Javier Ansorena
Las ‘midterms’ serán, ante todo, el veredicto final al presidente y al trumpismo, que han dominado con puño de hierro al Partido Republicano desde el desembarco en política del multimillonario neoyorquino en 2016. Trump, por supuesto, no está en las papeletas. Ni lo volverá a estar: su segundo mandato acaba dentro de poco más de dos años y la Constitución no permite una tercera presidencia, por mucho que Trump haya amagado con presentarse.
«Haced como si estuviera en las papeletas», ha dicho una y otra vez el presidente en la recta final de la campaña. El propio presidente ha convertido las elecciones legislativas en un plebiscito a su presidencia. Para Trump, el gran animal político de esta era, esa apuesta es ‘el más difícil todavía’. Llega a la cita electoral con la popularidad hundida, en su nivel más bajo como presidente, con encuestas que sitúan su aprobación en el 30%. Le acosan los precios disparados del combustible, que los votantes relacionan de forma directa con la guerra de Irán, que lleva su firma. Y que se encajan en una frustración económica más asentada, vinculada al coste de la vida, a la dificultad para encontrar vivienda, a la percepción de que se vive peor que antes.
De Epstein a los centros de datos
Pero Trump también arrastra otras crisis de su segunda presidencia: el escándalo de Jeffrey Epstein y la revelación de sus documentos; el impacto de la guerra arancelaria, que se ha convertido en un talón de Aquiles para los republicanos en muchos territorios; los excesos en la mano dura migratoria, con detenciones indiscriminadas y las muertes de dos ciudadanos en Mineápolis a comienzos de año, que sacudieron al país; o su apuesta por la inteligencia artificial y los centros de datos, cuya oposición es una de las pocas cosas que unen a demócratas y republicanos.
Pero, con el viento político en su contra, Trump no se ha quedado en la Casa Blanca ni ha buscado distanciarse del varapalo que se pueden llevar los republicanos. Se ha involucrado al máximo en la campaña, con un ‘blitz’ final de decenas de mítines por todo el país. Sabe que se votará sobre él, y ha buscado movilizar al máximo a los suyos, ante el gran temor que tienen los republicanos: que sus votantes se queden en casa, decepcionados por la marcha de la economía.
A pesar de tener el viento en contra, Trump no se ha quedado en la Casa Blanca ni se ha distanciado del varapalo que pueden llevarse los republicanos. Se ha involucrado en la campaña con decenas de mítines
En Míchigan, en EE.UU. y en el resto del mundo, la mayor parte de la atención estará puesta en la batalla por el Senado, con mucho peso en la política internacional. En estas ‘midterms’, debería haber sido un paseo para los republicanos. La mayoría de los escaños en juego ocurren en estados de fuerte implantación republicana. Y ahí está la medida del problema para Trump y los republicanos: sus candidatos sufren en territorios donde los republicanos han dominado en las últimas décadas y con especial fuerza durante el trumpismo.
En Kansas, por ejemplo, de donde no ha salido un senador demócrata desde hace casi un siglo, desde 1932, un pastor progresista, Andrew Hamilton, podría arrebatarle el escaño al republicano Roger Marshall. Algo similar ocurre en Texas: la última vez que los demócratas ganaron al Senado fue en 1988 y podría volver a ocurrir ahora con James Talarico, quien disputa la elección a un aliado acérrimo de Trump, Ken Paxton.
¿Acertarán las encuestas esta vez?
El ánimo demócrata viene empujado por las últimas encuestas. Desde el domingo, corren como la pólvora las de ‘The New York Times’ y Siena College, que situaban a los demócratas por delante en las siete carreras decisivas para el Senado: Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas, Alaska y Iowa. En esta última, por muy poco margen, en empate técnico. Y en Míchigan con una distancia abundante, de once puntos.
Pero son cientos los sondeos que han dado ventaja a los demócratas y que dibujan un resultado cada vez más positivo para ellos en el Senado. Para recuperar la Cámara Alta, los demócratas necesitan arrebatar cuatro escaños que ahora están en manos de los republicanos. Es muy probable que lo hagan en Carolina del Norte, donde las encuestas dan por seguro que ganará el exgobernador Roy Cooper. Y está por ver si las encuestas aciertan en el resto de batallas, donde se acumulan los problemas para Trump y los republicanos: la pérdida del apoyo hispano en Texas, el precio del diésel en estados rurales como Iowa y Kansas y el coste de la vida en todos ellos.
Las encuestas sitúan a los demócratas por delante en las siete carreras decisivas para el Senado: Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas, Alaska y Iowa
La esperanza para el presidente y sus aliados es que las encuestas, otra vez, sean un espejismo. En las últimas ‘midterms’, los sondeos acertaron. Pero se han equivocado mucho cuando Trump está en las papeletas: en sus tres elecciones a presidente, han despreciado su apoyo real.
El único escaño que los demócratas podrían perder es el de Míchigan, donde la ventaja en las encuestas no ha aliviado la tensión. «Estoy muy nerviosa, hasta que no haya resultados no estaré tranquila», aseguraba en la víspera a este periódico Lisa, una votante veterana. Parte de la tensión tiene que ver con el drama vivido en la campaña de El Sayed: Haley Stevens, actual diputada demócrata y su contrincante en las primarias, anunció el domingo que retiraba su apoyo al candidato musulmán y se lo daba a su rival republicano, Mike Rogers. En el fondo del asunto hay algo que divide a los demócratas: la posición crítica de El Sayed sobre Israel, que distancia a los votantes judíos e incomoda a los moderados e independientes. «Id a votar», se limitó a decir El Sayed, preguntado por la deserción de Stevens.
La batalla del recuento
Pero la tensión de verdad comenzará con el recuento. Si los resultados son ajustados, el escrutinio podría alargarse muchas horas, incluso días. Como se ha visto en anteriores elecciones, esta demora podría ser la justificación de Trump para denunciar «robo electoral». Así lo hizo cuando perdió ante Joe Biden en 2020, pese a que ni los tribunales ni las propias autoridades republicanas encontraron pruebas de fraude masivo.
Es muy posible que haya una avalancha de demandas alrededor del recuento, algo que ya ha empezado incluso antes de la cita electoral. La Administración Trump ha pedido al Tribunal Supremo la retirada de 20.000 votos por correo en California y su Departamento de Justicia ha abierto una investigación contra un candidato en Alaska que tiene el mismo nombre que el candidato republicano, una treta de los demócratas para confundir a los votantes.
El presidente ha dicho que solo reconocerá los resultados si hay «elecciones honestas». Es el anticipo de otro recuento agitado, con los cimientos de la democracia estadounidense sacudidos por el trumpismo.
