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Trump y Xi: mucho ruido y pocas nueces

Niños agitando banderitas dando la bienvenida y alfombra roja en el aeropuerto. Guardia de honor en la plaza de Tiananmen. Una comitiva empresarial con una treintena de magnates tecnológicos, de las finanzas y de la aviación, cuyas fortunas personales y capitalizaciones de empresas, entre ellas … Tesla, Apple, Nvidia, Goldman Sachs, BlackRock y Boeing, suman 13,6 billones de euros. Y, para terminar, un paseo por Zhongnanhai, la otra Ciudad Prohibida de Pekín donde los dirigentes del régimen comunista chino, desde Mao Zedong hasta Xi Jinping, viven como emperadores rojos.
Al viaje del presidente de Estados Unidos a Pekín no le ha faltado de nada… Salvo un evento que, paradójicamente, es el más importante en las visitas de Estado: la firma de acuerdos diplomáticos y comerciales entre ambos países. Una de las normas de la diplomacia es aprovechar estas cumbres para rubricar a bombo y platillo todo tipo de tratados políticos y contratos económicos, muchos de ellos suscritos con anterioridad, que se oficializan bajo la satisfecha mirada y los aplausos de los mandatarios de ambos Estados.

Eso es lo que hizo Trump durante su anterior viaje a Pekín en 2017, cuando apadrinó junto a Xi más de una docena de acuerdos que ascendían a una cifra récord de 250.000 millones de dólares (215.000 millones de euros). Ese era, precisamente, el déficit comercial que EE.UU. esperaba tener con China aquel año, pero acabó batiendo otra marca histórica, 375.000 millones de dólares (322.000 millones de euros), y provocando la primera guerra comercial.
Tan enorme diferencia entre los planes y la realidad se debe a que muchos de aquellos acuerdos firmados con pompa oriental eran simples memorandos de entendimiento que luego se quedaron en agua de borrajas, cuando ya nadie se acordaba de ellos tras haber aparecido en grandes titulares.

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Juan Luis López Aranguren

Lo más sorprendente de esta visita de Trump, y más teniendo en cuenta la legión de magnates que le acompañaba, es que no se haya celebrado una firma de acuerdos bilaterales, incluso aunque luego no llegaran a nada. En el aspecto económico, lo más reseñable es que Trump ha anunciado en una entrevista en televisión que Pekín comprará 200 aviones Boeing y 10.000 millones de dólares (8.600 millones de euros) en productos agrícolas. Pero no hay comunicados oficiales de China al respecto y el fantasma de 2017 sobrevuela sobre este viaje.
En aquella ocasión, Xi Jinping le dio a Trump todo… menos lo que realmente quería: abrir más sectores de la economía china a los productos estadounidenses. Esta vez, le ha dispensado un tratamiento imperial incluso mayor. Trump, en horas bajas por el alto precio del petróleo debido a la guerra de Irán, necesitaba una recepción tan fastuosa para demostrar a los estadounidenses que su país es tratado con los mayores honores en China. Y a Xi también la hacía falta la foto con Trump y las mayores fortunas del mundo. En primer lugar, para recordar a su pueblo la fortaleza de su país, capaz de hablarle de tú a tú a la superpotencia hegemónica global, y luego para hacerle olvidar que la maltrecha economía ya no tira tanto como antes.
A pesar de esta falta de acuerdos concretos, lo más positivo del viaje es que Trump y Xi han consolidado su tregua comercial y diplomática y estabilizado los lazos bilaterales, sentando las bases para próximas reuniones este mismo año. A la vista de los enfrentamientos de los últimos tiempos, eso ya supone un éxito. Pero, a efectos prácticos, y retratando respectivamente a ambos personajes, este encuentro de Trump y Xi solo puede definirse como mucho ruido y pocas nueces.

Publicado: mayo 16, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-ruido-pocas-nueces-20260516005419-nt.html

Niños agitando banderitas dando la bienvenida y alfombra roja en el aeropuerto. Guardia de honor en la plaza de Tiananmen. Una comitiva empresarial con una treintena de magnates tecnológicos, de las finanzas y de la aviación, cuyas fortunas personales y capitalizaciones de empresas, entre ellas Tesla, Apple, Nvidia, Goldman Sachs, BlackRock y Boeing, suman 13,6 billones de euros. Y, para terminar, un paseo por Zhongnanhai, la otra Ciudad Prohibida de Pekín donde los dirigentes del régimen comunista chino, desde Mao Zedong hasta Xi Jinping, viven como emperadores rojos.

Al viaje del presidente de Estados Unidos a Pekín no le ha faltado de nada… Salvo un evento que, paradójicamente, es el más importante en las visitas de Estado: la firma de acuerdos diplomáticos y comerciales entre ambos países. Una de las normas de la diplomacia es aprovechar estas cumbres para rubricar a bombo y platillo todo tipo de tratados políticos y contratos económicos, muchos de ellos suscritos con anterioridad, que se oficializan bajo la satisfecha mirada y los aplausos de los mandatarios de ambos Estados.

Eso es lo que hizo Trump durante su anterior viaje a Pekín en 2017, cuando apadrinó junto a Xi más de una docena de acuerdos que ascendían a una cifra récord de 250.000 millones de dólares (215.000 millones de euros). Ese era, precisamente, el déficit comercial que EE.UU. esperaba tener con China aquel año, pero acabó batiendo otra marca histórica, 375.000 millones de dólares (322.000 millones de euros), y provocando la primera guerra comercial.

Tan enorme diferencia entre los planes y la realidad se debe a que muchos de aquellos acuerdos firmados con pompa oriental eran simples memorandos de entendimiento que luego se quedaron en agua de borrajas, cuando ya nadie se acordaba de ellos tras haber aparecido en grandes titulares.

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  • Juan Luis López Aranguren

Lo más sorprendente de esta visita de Trump, y más teniendo en cuenta la legión de magnates que le acompañaba, es que no se haya celebrado una firma de acuerdos bilaterales, incluso aunque luego no llegaran a nada. En el aspecto económico, lo más reseñable es que Trump ha anunciado en una entrevista en televisión que Pekín comprará 200 aviones Boeing y 10.000 millones de dólares (8.600 millones de euros) en productos agrícolas. Pero no hay comunicados oficiales de China al respecto y el fantasma de 2017 sobrevuela sobre este viaje.

En aquella ocasión, Xi Jinping le dio a Trump todo… menos lo que realmente quería: abrir más sectores de la economía china a los productos estadounidenses. Esta vez, le ha dispensado un tratamiento imperial incluso mayor. Trump, en horas bajas por el alto precio del petróleo debido a la guerra de Irán, necesitaba una recepción tan fastuosa para demostrar a los estadounidenses que su país es tratado con los mayores honores en China. Y a Xi también la hacía falta la foto con Trump y las mayores fortunas del mundo. En primer lugar, para recordar a su pueblo la fortaleza de su país, capaz de hablarle de tú a tú a la superpotencia hegemónica global, y luego para hacerle olvidar que la maltrecha economía ya no tira tanto como antes.

A pesar de esta falta de acuerdos concretos, lo más positivo del viaje es que Trump y Xi han consolidado su tregua comercial y diplomática y estabilizado los lazos bilaterales, sentando las bases para próximas reuniones este mismo año. A la vista de los enfrentamientos de los últimos tiempos, eso ya supone un éxito. Pero, a efectos prácticos, y retratando respectivamente a ambos personajes, este encuentro de Trump y Xi solo puede definirse como mucho ruido y pocas nueces.

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