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Trump, ante los disparos: «Pensé que era una bandeja cayendo»

Los disparos sorprendieron a Donald Trump pasadas las 20:30 sentado junto a la primera dama en una de las mesas principales del salón del hotel Hilton de Washington, la noche de este sábado. Era el inicio de la velada, todavía antes de los discursos, … cuando un ruido seco, un estruendo, interrumpió la escena. «Pensé que era una bandeja cayendo, un ruido metálico», explicó después. Solo unos segundos más tarde entendió que no lo era: un atacante avanzaba disparando desde unos 40 metros, arma en mano.
El presidente no reaccionó de inmediato con un gesto instintivo de protección. Miró alrededor, tratando de interpretar lo que ocurría. «Algunas personas lo entendieron enseguida. Otras no». A su lado, Melania Trump sí percibió antes la gravedad. «Es un mal ruido», le dijo, según su propio relato posterior, ante la prensa reunida de urgencia. Ese momento, breve y contenido, marcó la transición entre una cena protocolaria y una evacuación de emergencia, entre el caos y la tensión.

Los agentes del Servicio Secreto no esperaron confirmaciones. Irrumpieron armados en la sala con órdenes directas, sin margen para dudas. Trump describe ese instante como automático: «Fue cuestión de segundos». No hubo deliberación política ni cálculo. Se impuso el protocolo de seguridad y el presidente fue evacuado de inmediato. Fueron «retirados rápidamente»: primero él y la primera dama; después, el resto de asistentes.

En ese trayecto, el presidente cuenta que apenas tuvo tiempo para procesar lo ocurrido. «No había tiempo para pensar», dijo. La escena se redujo a movimientos rápidos, pasillos asegurados y puertas cerrándose tras ellos. El gabinete fue extraído de la sala y escondido cerca de una hora. Trump no cayó al suelo ni se protegió bajo la mesa como otros asistentes. Permaneció atento, observando, mientras los agentes ejecutaban el desalojo.
Una vez fuera de la sala, su reacción fue distinta a la de los equipos de seguridad. Trump quería continuar con el acto, aparentar normalidad. «No me gusta que esta gente, estos enfermos, cambien nuestra forma de vida», afirmó. Su impulso inicial fue seguir adelante, terminar el evento. Pero el dispositivo de seguridad lo descartó de inmediato. «No quisieron correr el riesgo. Y lo entiendo».

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Ya a salvo, el presidente reconstruyó mentalmente lo ocurrido con una mezcla de distancia y afirmación personal. Insistió en que el atacante estaba lejos y en que nunca llegó a representar una amenaza directa dentro del salón. También subrayó la rapidez de la respuesta policial: «Actuaron de forma impresionante».
No quiso criticar al Servicio Secreto ni a la organización del evento, a pesar de que el atacante pudo armar su pistola en una zona que no había sido asegurada en el complejo del hotel Hilton, dentro del perímetro supuestamente aislado por el Servicio Secreto.
En su relato posterior en la sala de prensa de la Casa Blanca, Trump encuadró el ataque dentro de una lógica que ha repetido en otras ocasiones. «Las personas más influyentes son las que atacan», dijo, citando precedentes históricos como Abraham Lincoln. «Cuando haces cosas importantes, te conviertes en objetivo». No lo planteó como una sorpresa, sino como una consecuencia.

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Aun así, reconoció el impacto inmediato. «Es algo totalmente impactante, nunca te acostumbras», admitió. Era el tercer episodio de este tipo desde su regreso a la primera línea política. Y, pese a ello, rechazó cambiar su agenda o su exposición pública. «No puedo dejar de hacer mi trabajo», sostuvo.
El presidente también descartó, al menos en ese momento, una motivación clara detrás del ataque. Habló de un «lobo solitario», un individuo aislado, «un enfermo». Evitó vincularlo a la guerra en Irán o a cualquier otro conflicto internacional. «Lo sabremos pronto», dijo, dejando la investigación en manos del FBI.
En las horas posteriores, Trump quiso proyectar control. Agradeció a las fuerzas de seguridad, aseguró que «la justicia será servida» y trató de reconducir el episodio hacia un relato de fortaleza institucional. Pero en su reconstrucción de los hechos quedó un detalle constante: la rapidez. «Todo ocurrió muy rápido», repitió varias veces.

Publicado: abril 25, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-ante-disparos-pense-era-bandeja-cayendo-20260426052403-nt.html

Los disparos sorprendieron a Donald Trump pasadas las 20:30 sentado junto a la primera dama en una de las mesas principales del salón del hotel Hilton de Washington, la noche de este sábado. Era el inicio de la velada, todavía antes de los discursos, cuando un ruido seco, un estruendo, interrumpió la escena. «Pensé que era una bandeja cayendo, un ruido metálico», explicó después. Solo unos segundos más tarde entendió que no lo era: un atacante avanzaba disparando desde unos 40 metros, arma en mano.

El presidente no reaccionó de inmediato con un gesto instintivo de protección. Miró alrededor, tratando de interpretar lo que ocurría. «Algunas personas lo entendieron enseguida. Otras no». A su lado, Melania Trump sí percibió antes la gravedad. «Es un mal ruido», le dijo, según su propio relato posterior, ante la prensa reunida de urgencia. Ese momento, breve y contenido, marcó la transición entre una cena protocolaria y una evacuación de emergencia, entre el caos y la tensión.

Los agentes del Servicio Secreto no esperaron confirmaciones. Irrumpieron armados en la sala con órdenes directas, sin margen para dudas. Trump describe ese instante como automático: «Fue cuestión de segundos». No hubo deliberación política ni cálculo. Se impuso el protocolo de seguridad y el presidente fue evacuado de inmediato. Fueron «retirados rápidamente»: primero él y la primera dama; después, el resto de asistentes.

En ese trayecto, el presidente cuenta que apenas tuvo tiempo para procesar lo ocurrido. «No había tiempo para pensar», dijo. La escena se redujo a movimientos rápidos, pasillos asegurados y puertas cerrándose tras ellos. El gabinete fue extraído de la sala y escondido cerca de una hora. Trump no cayó al suelo ni se protegió bajo la mesa como otros asistentes. Permaneció atento, observando, mientras los agentes ejecutaban el desalojo.

Una vez fuera de la sala, su reacción fue distinta a la de los equipos de seguridad. Trump quería continuar con el acto, aparentar normalidad. «No me gusta que esta gente, estos enfermos, cambien nuestra forma de vida», afirmó. Su impulso inicial fue seguir adelante, terminar el evento. Pero el dispositivo de seguridad lo descartó de inmediato. «No quisieron correr el riesgo. Y lo entiendo».

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  • Javier Ansorena

Ya a salvo, el presidente reconstruyó mentalmente lo ocurrido con una mezcla de distancia y afirmación personal. Insistió en que el atacante estaba lejos y en que nunca llegó a representar una amenaza directa dentro del salón. También subrayó la rapidez de la respuesta policial: «Actuaron de forma impresionante».

No quiso criticar al Servicio Secreto ni a la organización del evento, a pesar de que el atacante pudo armar su pistola en una zona que no había sido asegurada en el complejo del hotel Hilton, dentro del perímetro supuestamente aislado por el Servicio Secreto.

En su relato posterior en la sala de prensa de la Casa Blanca, Trump encuadró el ataque dentro de una lógica que ha repetido en otras ocasiones. «Las personas más influyentes son las que atacan», dijo, citando precedentes históricos como Abraham Lincoln. «Cuando haces cosas importantes, te conviertes en objetivo». No lo planteó como una sorpresa, sino como una consecuencia.

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Aun así, reconoció el impacto inmediato. «Es algo totalmente impactante, nunca te acostumbras», admitió. Era el tercer episodio de este tipo desde su regreso a la primera línea política. Y, pese a ello, rechazó cambiar su agenda o su exposición pública. «No puedo dejar de hacer mi trabajo», sostuvo.

El presidente también descartó, al menos en ese momento, una motivación clara detrás del ataque. Habló de un «lobo solitario», un individuo aislado, «un enfermo». Evitó vincularlo a la guerra en Irán o a cualquier otro conflicto internacional. «Lo sabremos pronto», dijo, dejando la investigación en manos del FBI.

En las horas posteriores, Trump quiso proyectar control. Agradeció a las fuerzas de seguridad, aseguró que «la justicia será servida» y trató de reconducir el episodio hacia un relato de fortaleza institucional. Pero en su reconstrucción de los hechos quedó un detalle constante: la rapidez. «Todo ocurrió muy rápido», repitió varias veces.

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