Publicado: junio 25, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-activa-ejercito-preparar-gran-operacion-ayuda-20260624203409-nt.html
La Administración Trump ha activado rápidamente al Mando Sur de Estados Unidos para preparar una operación de ayuda militar y humanitaria tras los dos terremotos que han devastado Venezuela, con al menos 164 muertos y cerca de un millar de heridos. La orden, … transmitida por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha puesto en marcha una respuesta conjunta militar y del Departamento de Estado para apoyar al Gobierno venezolano en las labores de rescate, evacuación y asistencia a los damnificados.
El anuncio no equivale todavía al despliegue de una fuerza militar sobre el terreno. El Pentágono no ha confirmado cuántos efectivos enviará ni qué unidades participarán. Pero sí ha activado un equipo de planificación operativa, con especialistas de la Oficina de Asistencia Humanitaria estadounidense, para evaluar las necesidades, coordinarse con Caracas y diseñar una misión que puede crecer con rapidez en función de los daños y de las peticiones venezolanas.
El Mando Sur ha explicado que sus fuerzas se están moviendo rápidamente para aportar capacidades de transporte aéreo, logística y salvamento al esfuerzo internacional. Es un lenguaje que apunta a una operación de gran escala, con puentes aéreos, equipos de búsqueda bajo los escombros, evacuaciones médicas, comunicaciones de emergencia, distribución de agua y alimentos y apertura de corredores hacia las zonas aisladas.
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Sara I. Belled
Entre los medios que EE.UU. podría movilizar, si la misión lo requiere, están los aviones de transporte C-17 y C-130, capaces de trasladar en pocas horas maquinaria pesada, ambulancias, hospitales de campaña, generadores y toneladas de suministros. También helicópteros para evacuar heridos o llevar ayuda a las zonas sin acceso por carretera, ingenieros militares para retirar escombros y reparar infraestructuras, plantas potabilizadoras, equipos médicos y especialistas con drones, cámaras térmicas y sensores para localizar supervivientes.
Según el Departamento de Estado, Estados Unidos ha activado una respuesta de emergencia para Venezuela que incluye 150 millones de dólares en ayuda humanitaria, el despliegue de un equipo regional de respuesta a desastres y dos unidades especializadas de búsqueda y rescate urbano. La operación estará dirigida por la diplomacia, pero contará con apoyo aéreo, logístico y operativo del Departamento de Guerra y del Mando Sur, que movilizarán aviones, helicópteros, personal y equipos para localizar supervivientes, atender a los heridos y llevar asistencia a las zonas devastadas.
Operación a gran escala
Washington podría incluso recurrir, si la emergencia se prolonga, a plataformas navales y a recursos médicos de mayor entidad. Pero ninguna de esas decisiones ha sido anunciada por ahora. La operación sigue en una primera fase de planificación, coordinación diplomática y preparación de esas capacidades.
La rapidez con la que se ha puesto en marcha el dispositivo refleja el cambio radical de la relación entre Washington y Caracas. Durante años, cualquier oferta de cooperación entre ambos gobiernos habría estado condicionada por choques diplomáticos, sanciones, acusaciones cruzadas y una profunda desconfianza. Esta vez, la interlocución ha sido directa.
El secretario de Estado, Marco Rubio, habló con Delcy Rodríguez para coordinar el envío de equipos de rescate y la asistencia estadounidense. Trump, que siguió personalmente la evolución de la tragedia, ofreció públicamente la ayuda de Estados Unidos y subrayó que su país estaba preparado para apoyar a Venezuela. No ha habido hasta ahora resistencia pública de Caracas al dispositivo norteamericano; al contrario, la respuesta se articula en coordinación con las autoridades venezolanas.
Esa cooperación es una de las consecuencias más visibles de la nueva relación abierta tras la salida de Nicolás Maduro y la consolidación de Delcy como interlocutora de la Administración Trump. Washington mantiene una influencia determinante sobre la evolución venezolana, pero la catástrofe obliga ahora a traducir esa relación política en una capacidad concreta para salvar vidas.
La velocidad de la reacción estadounidense también se explica por un precedente inmediato, dentro del refuerzo militar de Trump en el Caribe. Hasta hace apenas unas semanas, una de las principales fuerzas de respuesta rápida del país acababa de operar durante diez meses en el Caribe y en el entorno de Venezuela. La 22ª Unidad Expedicionaria de Marines, embarcada en el USS Iwo Jima, el USS San Antonio y el USS Fort Lauderdale, fue desviada al inicio de su despliegue.
Preparación de los Marines
Su destino inicial era una misión en Europa y Oriente Próximo. Sin embargo, poco después de salir de la base Norfolk recibió la orden de virar al sur y ponerse a disposición del Mando Sur. El cambio obligó a rehacer la planificación de una operación completa, pero permitió a los Marines ensayar precisamente el tipo de capacidades que ahora pueden ser decisivas ante una catástrofe de enormes dimensiones.
La unidad convirtió Puerto Rico, en el Caribe, en una plataforma logística avanzada. Estableció un modelo de distribución desde la isla hacia distintos puntos del Caribe, reacondicionó instalaciones, utilizó aeródromos, organizó el suministro de combustible y preparó puntos de apoyo para helicópteros y aviones. También realizó desembarcos anfibios y ejercicios de proyección de fuerza con centenares de Marines, al tiempo que mantenía capacidad para responder a nuevas misiones sin abandonar las operaciones en curso.
La experiencia tuvo una dimensión claramente venezolana. Tras el 3 de enero, día de la captura de Maduro, y la reapertura de la Embajada estadounidense en Caracas, Marines de la 22ª Unidad Expedicionaria entraron en la capital venezolana para asegurar la legación, establecer el primer puesto de seguridad y crear las condiciones para que el embajador pudiera izar de nuevo la bandera. La coordinación política con las autoridades locales quedó entonces en manos del Departamento de Estado, mientras los Marines asumían la protección del recinto diplomático en un momento de elevada tensión.
El informe de EE.UU., Servicio Geológico, advierte de que el terremoto puede dejar un elevado número de muertos, hasta 100.000, y daños generalizados, hasta el punto de requerir ayuda nacional o internacional. La alerta roja es la máxima de su sistema de evaluación.
La agencia… pic.twitter.com/64cCu2bZak
— David Alandete (@alandete) June 25, 2026
La unidad también reforzó la embajada estadounidense en Haití y participó en operaciones de interdicción marítima de petroleros que vulneraban sanciones junto a la Guardia Costera. Esa combinación de tareas explica por qué el Mando Sur considera a estas unidades una fuerza de respuesta inmediata para crisis regionales.
El ensayo humanitario más cercano fue Jamaica. En noviembre, el Iwo Jima y su grupo anfibio siguieron la trayectoria del huracán Melissa y se situaron en posición antes de que la tormenta abandonara la isla. Cuando pasó el ciclón, los Marines ya estaban preparados para actuar.
Esos Marines establecieron puntos seguros de distribución, ayudaron a ordenar la llegada de agencias civiles y equipos humanitarios, desplegaron apoyo médico para el personal estadounidense y utilizaron drones para identificar las zonas aisladas y los daños en carreteras e infraestructuras. Los helicópteros y los puntos de repostaje permitieron ampliar el radio de acción de la ayuda, mientras el USS San Antonio permanecía en la zona como plataforma logística.
Aquella misión dejó probada, a escasa distancia del país, una arquitectura militar y humanitaria que el Mando Sur puede replicar a pequeña o gran escala: buques, aeródromos, helicópteros, cadenas de suministro, puntos seguros de distribución y coordinación entre militares, diplomáticos, gobiernos locales y agencias civiles.
Eso es lo que distingue la respuesta actual. Estados Unidos no parte de cero ni necesita improvisar una misión compleja en una región desconocida. Tiene experiencia reciente, infraestructuras ensayadas y una interlocución abierta y muy fluida con Caracas. Falta por conocer el tamaño exacto del despliegue, los medios que autorice el Pentágono y el alcance de la ayuda internacional. Pero la decisión ya está tomada, Washington ha puesto su capacidad militar de emergencia al servicio de una operación que puede convertirse en la mayor respuesta humanitaria estadounidense en décadas.
