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Trump acepta una investigación interna por el error del chat del ataque a Yemen

Pese a los desmentidos y la estrategia de distracción del presidente Donald Trump, un grupo de legisladores de ambos partidos ha abierto por su cuenta una investigación en el Capitolio sobre la grave filtración de planes de ataque en Yemen, compartidos en un … chat no oficial antes de que se ejecutara la operación. Los líderes demócratas y republicanos del Comité de Servicios Armados del Senado solicitaron este jueves una investigación del inspector general sobre el grupo de Signal en el que los altos cargos del Gobierno Trump discutieron los ataques y al que fue añadido por error un periodista de ‘The Atlantic’.
En una carta enviada al inspector general en funciones del Pentágono, los senadores Roger Wicker (republicano, de Misisipi) y Jack Reed (demócrata, de Rhode Island) advierten de que en ese chat «se podría haber compartido información clasificada sobre operaciones militares sensibles». Si se confirma, añaden, «sería grave que se hubiera utilizado una red no oficial para tratar asuntos clasificados, o que se hubiera expuesto esa información a personas sin autorización».
Esa carta demuestra que el escándalo sigue vivo, pese a los intentos del presidente Trump por enterrarlo. Aunque ha salido en defensa de su consejero de Seguridad Nacional, Mike Waltz, que añadió al periodista al grupo, Trump no ha extendido la misma exculpación sin matices a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien –sin que nadie se lo pidiera– compartió en el grupo detalles sensibles sobre los ataques: horarios, tipos de aviones, misiles utilizados y otra información presuntamente clasificada.

Los senadores plantean seis líneas de investigación, incluida la revisión de si los funcionarios implicados cumplieron las normas del Departamento de Defensa sobre uso de canales no gubernamentales. Piden que el inspector general les informe «inmediatamente» tras concluir su revisión.
La Casa Blanca ha restado importancia al caso, ha atacado al periodista Jeffrey Goldberg y niega que se compartiera información sensible. Aun así, Trump dijo que no le molestaba que el Senado investigue: «No me molesta. Queremos saber si hubo un error o si Signal no funciona bien. Quizá no sea una buena compañía, y más vale saberlo ahora».
Puede que esa sea la única investigación de peso, ya que la fiscal general del Gobierno de Trump, Pam Bondi, se ha negado a abrir una pesquisa propia. Es un contraste notable con escándalos anteriores, como el de los servidores privados de correo de Hillary Clinton, cuando Trump y otros dirigentes republicanos exigieron –y obtuvieron– investigaciones independientes por parte del Departamento de Justicia.

Un fallo humano

Lo cierto es que la Casa Blanca se ha visto obligada a admitir que sí hubo al menos un error, y que el periodista Goldberg fue añadido a un grupo de Signal que debería haber sido ultraclasificado. Para Trump es un fallo humano que no reviste mayor gravedad. Para sus críticos es una muestra de incompetencia por parte del equipo que le gestiona la seguridad nacional.
Por un lado, se creó un grupo en una aplicación móvil vulnerable a filtraciones. Por otro, en ese mismo canal se debatieron planes de ataque militar. El vicepresidente J. D. Vance llegó a expresar dudas sobre la decisión del presidente de proceder con el bombardeo, dejando al descubierto tensiones internas. Y el jefe del Pentágono, Hegseth, compartió sin filtros un aluvión de información sensible en un chat con decenas de participantes, entre ellos –como se ha demostrado después–, un periodista incluido por error.
Este es el primer gran escándalo del segundo mandato de Trump, y de forma totalmente distinta al primero, no ha habido despidos. En su primer equipo, los altos funcionarios dejaban el puesto a una velocidad vertiginosa por errores y meteduras de pata mucho menos importantes que esta.
Anthony Scaramucci, el efímero jefe de comunicaciones de Trump que duró apenas diez días en el cargo, recordó en tono irónico su breve paso por la Casa Blanca: «¡A mí me despidieron por mucho menos!», escribió en X este jueves, aludiendo a su salida tras criticar a compañeros y periodistas en una llamada con un reportero. La presión sobre Trump sigue en aumento, mientras el presidente se niega, por ahora, a pedir responsabilidades. Forzar dimisiones cuestionaría su argumento principal: que la conversación en el grupo de Signal fue irrelevante y que en ningún momento se comprometió la seguridad nacional.

Publicado: marzo 27, 2025, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-acepta-investigacion-interna-error-chat-ataque-20250327194101-nt.html

Pese a los desmentidos y la estrategia de distracción del presidente Donald Trump, un grupo de legisladores de ambos partidos ha abierto por su cuenta una investigación en el Capitolio sobre la grave filtración de planes de ataque en Yemen, compartidos en un chat no oficial antes de que se ejecutara la operación. Los líderes demócratas y republicanos del Comité de Servicios Armados del Senado solicitaron este jueves una investigación del inspector general sobre el grupo de Signal en el que los altos cargos del Gobierno Trump discutieron los ataques y al que fue añadido por error un periodista de ‘The Atlantic’.

En una carta enviada al inspector general en funciones del Pentágono, los senadores Roger Wicker (republicano, de Misisipi) y Jack Reed (demócrata, de Rhode Island) advierten de que en ese chat «se podría haber compartido información clasificada sobre operaciones militares sensibles». Si se confirma, añaden, «sería grave que se hubiera utilizado una red no oficial para tratar asuntos clasificados, o que se hubiera expuesto esa información a personas sin autorización».

Esa carta demuestra que el escándalo sigue vivo, pese a los intentos del presidente Trump por enterrarlo. Aunque ha salido en defensa de su consejero de Seguridad Nacional, Mike Waltz, que añadió al periodista al grupo, Trump no ha extendido la misma exculpación sin matices a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien –sin que nadie se lo pidiera– compartió en el grupo detalles sensibles sobre los ataques: horarios, tipos de aviones, misiles utilizados y otra información presuntamente clasificada.

Los senadores plantean seis líneas de investigación, incluida la revisión de si los funcionarios implicados cumplieron las normas del Departamento de Defensa sobre uso de canales no gubernamentales. Piden que el inspector general les informe «inmediatamente» tras concluir su revisión.

La Casa Blanca ha restado importancia al caso, ha atacado al periodista Jeffrey Goldberg y niega que se compartiera información sensible. Aun así, Trump dijo que no le molestaba que el Senado investigue: «No me molesta. Queremos saber si hubo un error o si Signal no funciona bien. Quizá no sea una buena compañía, y más vale saberlo ahora».

Puede que esa sea la única investigación de peso, ya que la fiscal general del Gobierno de Trump, Pam Bondi, se ha negado a abrir una pesquisa propia. Es un contraste notable con escándalos anteriores, como el de los servidores privados de correo de Hillary Clinton, cuando Trump y otros dirigentes republicanos exigieron –y obtuvieron– investigaciones independientes por parte del Departamento de Justicia.

Un fallo humano

Lo cierto es que la Casa Blanca se ha visto obligada a admitir que sí hubo al menos un error, y que el periodista Goldberg fue añadido a un grupo de Signal que debería haber sido ultraclasificado. Para Trump es un fallo humano que no reviste mayor gravedad. Para sus críticos es una muestra de incompetencia por parte del equipo que le gestiona la seguridad nacional.

Por un lado, se creó un grupo en una aplicación móvil vulnerable a filtraciones. Por otro, en ese mismo canal se debatieron planes de ataque militar. El vicepresidente J. D. Vance llegó a expresar dudas sobre la decisión del presidente de proceder con el bombardeo, dejando al descubierto tensiones internas. Y el jefe del Pentágono, Hegseth, compartió sin filtros un aluvión de información sensible en un chat con decenas de participantes, entre ellos –como se ha demostrado después–, un periodista incluido por error.

Este es el primer gran escándalo del segundo mandato de Trump, y de forma totalmente distinta al primero, no ha habido despidos. En su primer equipo, los altos funcionarios dejaban el puesto a una velocidad vertiginosa por errores y meteduras de pata mucho menos importantes que esta.

Anthony Scaramucci, el efímero jefe de comunicaciones de Trump que duró apenas diez días en el cargo, recordó en tono irónico su breve paso por la Casa Blanca: «¡A mí me despidieron por mucho menos!», escribió en X este jueves, aludiendo a su salida tras criticar a compañeros y periodistas en una llamada con un reportero. La presión sobre Trump sigue en aumento, mientras el presidente se niega, por ahora, a pedir responsabilidades. Forzar dimisiones cuestionaría su argumento principal: que la conversación en el grupo de Signal fue irrelevante y que en ningún momento se comprometió la seguridad nacional.

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