Publicado: abril 21, 2026, 8:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/sobrevivir-chernobyl-anos-despues-solo-cinco-miembros-20260421101242-nt.html
En las primeras semanas tras el accidente de la central nuclear de Chernobyl el 26 de abril de 1986, un equipo 40 personas entró en la central para contener el peor accidente nuclear de la historia. 40 años después, solo cinco siguen vivos.
Petro … Hurin es uno de los supervivientes de uno de los primeros equipos enviados a limpiar la zona de Chernobyl, aunque no el único, pues fueron cientos de miles los «liquidadores» tras la explosión del reactor número cuatro de la central, que provocó que nubes de material radiactivo se extendieran por gran parte de Europa.
Hurin trabajaba entonces para una empresa que suministraba excavadoras y vehículos de construcción, y fue enviado a la zona de exclusión de la central en junio de 1986. De las 40 personas enviadas por su empresa, solo cinco siguen vivas hoy en día, cuenta a Reuters.
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«Ni una sola persona de Chernóbil goza de buena salud», explica Hurin, que ahora tiene 76 años. «Es una muerte a base de mil pequeños cortes».
Cuarenta años después, el balance de víctimas es demoledor: 31 trabajadores de la central y bomberos fallecieron inmediatamente después, la mayoría a causa de la radiación a la que más de medio millón de personas estuvieron expuestas. Miles de ellas sufren desde entonces enfermedades como el cáncer de tiroides, aunque el impacto real se desconoce.
«Los médicos me pincharon todos los dedos y salió un líquido pálido, pero no sangre»
Tras el accidente, las autoridades soviéticas se esforzaron por ocultar el alcance del desastre, negándose a cancelar el desfile del 1 de mayo en Kiev, a unos 100 km al sur. El actual Gobierno de Ucrania ha destacado la gestión del accidente por parte de las autoridades soviéticas y los intentos de encubrir el desastre.
Hurin relata que algunos compañeros presentaron certificados médicos para librarse de prestar servicio en Chernobyl, pero él estaba dispuesto a ayudar. «Me di cuenta de que, por pequeña que fuera mi contribución, estaba poniendo mi granito de arena para ayudar a domar a esta bestia atómica», explica.
Hemorragias, dolor de pecho y sin poder andar
Hurin trabajaba en turnos de 12 horas usando una excavadora para cargar hormigón seco mezclado con plomo en camiones para su traslado al reactor, donde se mezclaba para construir el enorme sarcófago que desde entonces contiene la radiación.
«El polvo era terrible», recueda Hurin. «Trabajabas media hora con una máscara respiratoria y acababa poniéndose (marrón) como una cebolla».
Le han diagnosticado anemia, angina de pecho y pancreatitis, entre otras patología
Al cabo de cuatro días, Hurin dijo que empezó a experimentar síntomas graves, como dolores de cabeza, dolor en el pecho, hemorragias y un sabor metálico en la garganta. Los médicos lo trataron, pero tras otro turno, apenas podía caminar. Temía que le quedaran «uno o dos días» de vida.
«Me llevaron al hospital y los médicos me hicieron primero un análisis de sangre», cuenta Hurin. «Me pincharon todos los dedos y salió un líquido pálido, pero no sangre». Explica que los médicos soviéticos se negaron a diagnosticarle enfermedad por radiación, algo que, según él, no estaba permitido en aquella época. En su lugar, le dijeron que padecía distonía vegetativo-vascular, un trastorno nervioso a menudo relacionado con el estrés.
Antes del desastre, Hurin nunca había estado de baja por enfermedad, pero después de entrar a la central pasó unos siete meses yendo de un hospital a otro para recibir tratamiento, incluida una transfusión de sangre.
Afirma que le han diagnosticado anemia -a menudo relacionada con la enfermedad por radiación-, angina de pecho, pancreatitis y una serie de otras afecciones. Sin embargo, Hurin ha sobrepasado la esperanza de vida de los ucranianos, que según la OMS se situó en 66 años en 2021 por la guerra.
Su nieto murió combatiendo en la guerra de Ucrania
Hurin, ahora jubilado, vive con su esposa Olha en la región de Cherkasy, en el centro de Ucrania. Aunque tiene problemas de salud, sigue tocando el bayan -un tipo de acordeón- y escribe canciones y poemas. Asegura que está luchando para acceder a una pensión especial por discapacidad para los «liquidadores» del desastre nuclear.
La catástrofe de Chernobyl no es la única que Hurin ha vivido. Su nieto Andrii Vorobkalo murió a los 26 años combatiendo en la guerra de Ucrania hace ya tres años. Él y su esposa Olha visitan a menudo un monumento conmemorativo en la cercana Kholodnyi Yar dedicado a su nieto.
Después de que su hija se marchara a trabajar a Europa, Hurin y su esposa criaron a Andrii desde que tenía cuatro años. Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, Andrii dejó su trabajo en Grecia.
«Lo dejó todo atrás y vino a defender Ucrania», dijo Hurin a Reuters, de pie junto a la lápida conmemorativa dedicada a su nieto. «Pensamos en Andrii todo el tiempo».
