Publicado: noviembre 29, 2025, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/salvados-rutina-casas-solo-ancianos-ninos-20251130190608-nt.html
Chak Ming Yau se despertó el miércoles sin saber que ese dÃa lo perderÃa todo. Aquella era una mañana normal, de modo que como tantas otras apagó el despertador, se vistió, desayunó un bocado rápido, se despidió de su mujer y su hijo y salió … a las calles de Tai Po camino de las oficinas de la Alianza Misionera Cristiana, una iglesia protestante en la que trabaja como pastor. Acababa de abandonar un hogar al que nunca podrÃa regresar.
El instante en el que descubrió que su vida habÃa cambiado permanece, perenne, en la pantalla de su teléfono móvil. «Estábamos empezando los preparativos de Navidad de la parroquia, asà que habÃa salido a comprar harina para hacer galletas cuando el director del colegio donde organizamos nuestros eventos me escribió», rememora mientras muestra el intercambio. «Hay un incendio en Wang Fuk, ¿estás bien?».
El mensaje data de las 15:19. El fuego habÃa empezado apenas 28 minutos antes. «Al principio pensé que se trataba de un pequeño incidente». Por eso, avanzó con parsimonia por la avenida Kwong Fuk hasta que, a la altura del rÃo, alcanzó a divisar su urbanización. Este hombre de fe se encontró entonces ante algo parecido al infierno.
El señor Yau recibe a ABC en esas mismas oficinas, al cabo de tres dÃas en los que, en perverso ripio del Nuevo Testamento, caben una vida y muchas más muertes. Todo adquiere un significado nuevo, más solemne –empezando por el cartel que recuerda la prohibición de tomar el ascensor en caso de incendio– a la luz de las llamas que arrasaron el complejo residencial. Aunque su trágica magnitud todavÃa no se ha cuantificado con exactitud, esta es ya una de las catástrofes más devastadoras en la historia moderna de Hong Kong.
Las cifras oficiales recogen 128 fallecidos, un cómputo que podrÃa seguir aumentando a medida que concluyan las labores de rescate. Quedan por resolver 150 «peticiones de auxilio» –la ambigua métrica que las autoridades han empezado a emplear en lugar de «desaparecidos»–. Fuentes policiales explicaban el viernes a ABC antes de iniciar la batida de reconocimiento que dentro de los bloques podrÃa haber hasta «un centenar» de cuerpos.
En la primera imagen, el pastor Chak Ming Yau junto a su hijo, con las donaciones almacenadas en las oficinas de su iglesia; en la segunda, andamios de bambú en el centro de Hong Kong; en la última un espacio de las oficinas de la iglesia reconvertido en refugio para las vÃctimas del incendio
Cuando el señor Yau llegó, solo dos de los ocho bloques ardÃan –acabarÃan siendo siete–. Su vivienda familiar en la trigésima planta de Wang Tao, el cuarto edificio, permanecÃa intacta. «SabÃa que mi mujer y mi hijo no estaban dentro, ella estaba impartiendo sus clases de pintura y él en el instituto. Asà que mi primer impulso fue el de entrar para llevarme algunos objetos personales, pero los bomberos me cortaron el paso».
El juego fantasioso para identificar las posesiones más preciadas se vuelve en su caso un amargo lamento. «De haber podido, hubiera querido rescatar los pasaportes, el dinero, una memoria externa con fotos de la infancia de mi hijo y el álbum familiar».
79 criadas desaparecidas
«Para entonces ya tenÃa la certeza de que era una gran tragedia», prosigue. «SentÃa un enorme pesar porque sabÃa que habÃa muchas personas dentro». AsÃ, salvaron la vida quienes tenÃan la obligación de ganársela, con la rutina por rescate. En el interior permanecÃan, en su mayorÃa, jubilados y niños pequeños con sus cuidadoras –79 asistentas de nacionalidad indonesia continúan en paradero desconocido, según informa su consulado–.
Retratos de unos y otros recubren la pared del centro comunitario Kwong Fuk, un espacio a la vuelta de la esquina donde acuden familiares de los desaparecidos, en busca de respuestas que hagan definitiva la ausencia.
«Estaba ahà plantado sin saber qué hacer, impotente, viendo cómo las chispas empezaban a saltar al tercer bloque». El señor Yau decidió que no tenÃa sentido quedarse a ver cómo su piso desaparecÃa. Se giró, dando la espalda a un hogar pronto reducido a cenizas, y desanduvo el camino hacia las oficinas. «Ni siquiera tenÃa miedo, solo sentÃa un vacÃo». La familia se congregó allÃ, y pasaron la noche juntos en casa de un miembro de su congregación.
El señor Yau está sin afeitar, viste un chándal prestado y el agotamiento se lee en su rostro. «He estado recorriendo sin parar los centros comunitarios en busca de información para los afectados». De momento ha recibido 30.000 dólares hongkoneses (3.300 euros) y las llaves de una vivienda de protección oficial en Ma On Shan. «TodavÃa no sé cuánto tengo que pagar ni cuánto tiempo podremos quedarnos», confiesa.
«Mi mujer lloró cuando nos entregaron el certificado de vÃctima, fue el momento en que aceptó la realidad». ¿Y él? «Es como si no fuera yo mismo. A veces al recordar lo sucedido, por ejemplo ahora, siento que necesito llorar, pero no me sale», apunta titubeante, antes de recuperar la entereza y zanjar: «No es el momento de llorar, hay muchas cosas que solucionar».
En este particular estado emocional, no obstante, sà hay espacio para un sentimiento. «Estoy muy enfadado, por supuesto. Nos habÃamos mudado a este piso en septiembre de 2024. La renovación de la fachada habÃa empezado unos meses antes, pero era evidente que no habÃa suficiente supervisión». Dichas obras, y las malas prácticas de la empresa encargada –en particular la colocación de planchas de poliestireno sobre las ventanas y la desactivación de la alarma antiincendios– son el motivo por el que el fuego adquirió dimensiones tan destructivas.
Las autoridades ya han detenido a once personas relacionadas con el proyecto, entre ellas a tres responsables de la firma, Prestige Construction and Engineering, acusados de homicidio imprudente. Ahora bien: no son los únicos.
Detenido por quejarse
Las fuerzas de seguridad han invocado la Ley de Seguridad Nacional –la ley impuesta por el Partido Comunista de China para cercenar los derechos y libertades de Hong Kong– para arrestar al impulsor de una petición que reclamaba una investigación independiente de los hechos, según reveló ayer el diario local ‘South China Morning Post’. Se trata de una despótica maniobra para impedir que el descontento social adquiera dimensión polÃtica.
El señor Yau, por su parte, se centra en aquello que está en su mano, tanto en su infortunio personal como en el de los demás. «En un primer momento las necesidades de nuestra comunidad eran materiales, por eso alojamos a veinte personas en las oficinas», cuenta. «Ahora las necesidades son espirituales, varios fieles han perdido a seres queridos».
Tras la conversación, se despide, pues tiene que terminar de preparar el servicio dominical de hoy, el primero tras el incendio. Lo único que tiene claro es su temática: «La existencia de Dios en la tragedia».
