Publicado: junio 8, 2026, 8:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/capacidad-hizbola-amenazar-israel-20260608135808-nt.html
El alto el fuego pactado entre Israel y el Líbano, con la mediación de la Administración Trump después de varios meses de bombardeo sistemático de objetivos del grupo armado chií Hizbolá, ha llevado a algunos a pensar que el movimiento vinculado a Irán vive … sus últimas horas. Gran parte de su arsenal ha sido destruido y –más importante aún– sus máximos líderes han sido gradualmente identificados y eliminados por Israel. No obstante, continúan los bombardeos ordenados por el Gobierno de Netanyahu de ciudades de mayoría chií en el sur del Líbano, así como de los barrios meridionales de Beirut. ¿Qué pretende Israel? ¿Ocupar y anexionarse todo o parte del territorio del Líbano?
La respuesta se encuentra, sin embargo, en Hizbolá. El movimiento político y militar chií libanés, creado a comienzos de los 80 para combatir la invasión israelí de aquellos años, sigue manteniendo gran parte de su capacidad operativa. Lo que significa que sigue lanzando drones y cohetes contra las poblaciones del norte de Israel, y sembrando terror en el Estado hebreo.
Fuentes de la Inteligencia israelí, citadas estos días por la prensa, cifran entre 30.000 y 40.000 los militantes de Hizbolá, sin contar los que tiene en la reserva. Sus arsenales han sido diezmados por los bombardeos israelíes, pero aún mantiene centros de manufactura en el Líbano, a los que se suman las armas que llegan desde Irán, vía Siria o por mar, según reveló el último informe del ‘think tank’ israelí Alma.
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Pablo M. Díez
Israel y Estados Unidos no negocian con ellos la paz, sino con las autoridades centrales del Líbano, que posee un régimen político inédito en el mundo por su equilibrio entre religiones. De los 9 millones de libaneses, casi un 40% son cristianos; el 60% musulmán se divide entre musulmanes chiíes y suníes, dos corrientes del islam que siempre han guerreado entre sí.
Todo acuerdo pactado solo con la jerarquía articulada de este Estado es casi letra muerta si no afronta otros factores. Como por ejemplo la realidad de que, durante décadas, el Estado libanés ha estado ausente de las regiones del sur habitadas por chiíes, donde todos los servicios –médicos, financieros, educativos– han sido organizados y suministrados por Hizbolá. De ahí que desde hace décadas se considere a este movimiento político-militar, altamente imbuido de islam radical, como «un Estado dentro de un Estado», quizá el más importante del mundo en términos relativos.
Hizbolá –el ‘partido de Dios’– controla las poblaciones chiíes y los barrios del sur de Beirut a través de dos instituciones, una inmobiliaria y otra financiera, que se encargan de construir escuelas, servicios médicos y otorgar préstamos. Su ideología se basa en la doctrina Muqawama (resistencia), en su día dirigida al sunismo mayoritario y ahora centrada en la lucha contra el sionismo, que considera su principal enemigo. Hizbolá se ha apropiado desde hace mucho de las tareas militares y policiales del Estado libanés; tiene su propio ejército particular y sus controles policiales en los barrios habitados mayoritariamente por musulmanes chiíes. Se hace cargo, además, de organizar el éxodo de las poblaciones del sur del Líbano desplazadas por el avance de las tropas del Ejército israelí, así como de organizar campamentos de refugiados más al norte.
Negociar una tregua real y, más adelante, una paz sostenible en el tiempo, pasa ineludiblemente por contar con Hizbolá, hoy ausente en las negociaciones directas entre Israel y el Líbano con la mediación de la Administración Trump.
Otra línea de realismo político en cualquier negociación de una paz en el Líbano consiste en dotar de protagonismo político –y de medios financieros– al Ejército del Líbano (LAF, por sus siglas en inglés), pese a los riesgos que eso conlleva. Las Fuerzas Armadas del Líbano, opacadas por el aparato militar de Hizbolá, son la única institución interconfesional del país. En sus cuadros figuran tanto cristianos como musulmanes y, por increíble que parezca, cuenta con muchos oficiales chiíes en todos los niveles de la jerarquía militar. Solo las LAF están en condiciones de desarmar a Hizbolá en el Líbano, y solo un acuerdo político previo con el movimiento sería la garantía de que el proceso no degenere en otra guerra civil en el ‘país del Cedro’.
