Publicado: abril 3, 2025, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/purga-casa-blanca-activista-ultra-pide-cabezas-20250403210227-nt.html
En medio del desplome de los mercados y la conmoción global por los aranceles masivos anunciados por Donald Trump, la Casa Blanca ha vivido una purga interna sin precedentes en su equipo de Seguridad Nacional. Varios altos funcionarios y analistas del Consejo de Seguridad Nacional … han sido despedidos en las últimas horas, tras una reunión a puerta cerrada entre el presidente y la activista extremista Laura Loomer en el Despacho Oval.
Loomer, conocida por su retórica incendiaria y un largo historial de teorías conspirativas, se presentó el miércoles en la Casa Blanca con un fajo de documentos: una carpeta con perfiles y ataques personales contra miembros del Consejo de Seguridad Nacional que, según ella, no eran lo «suficientemente leales» a Trump.
Durante una reunión de 30 minutos, en presencia del asesor de Seguridad Nacional Mike Waltz, Loomer leyó uno por uno los nombres de los funcionarios que debían ser destituidos, criticando su lealtad, su ideología y su historial profesional.
Lo hizo sin matices ni contención, con acusaciones graves de boicot interno al presidente, ante la conmoción del equipo más cercano a Trump, según revelaron medios como Axios o ‘The New York Times’. El presidente escuchaba y tomaba nota.
La presión de Loomer surtió efecto. Al menos tres altos funcionarios ya han sido apartados de sus cargos: David Feith, responsable de tecnología y seguridad nacional; Brian Walsh, director de inteligencia; y Thomas Boodry, jefe de relaciones con el Congreso.
La Casa Blanca, preguntada, no ha confirmado públicamente los despidos ni ha explicado los motivos, aunque varias fuentes señalan supuestas «irregularidades en la verificación de antecedentes» y filtraciones a la prensa. En privado, otros funcionarios reconocen que los ceses responden a criterios puramente políticos, en un consejo asesor que históricamente ha operado con neutralidad.

Donald Trump con la polemista republicana Laura Loomer
Trump mantiene un fuerte recelo hacia el Consejo de Seguridad Nacional desde el primer juicio político en su contra en 2019, cuando el entonces teniente coronel Alexander Vindman, miembro de ese organismo, testificó en su contra ante el Congreso. Vindman escuchó una llamada entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y alertó sobre presiones indebidas para investigar a Joe Biden. Desde entonces, Trump ha expresado abiertamente su desconfianza hacia el Consejo, al que considera infiltrado por funcionarios «desleales» o con lealtades institucionales por encima de las personales. Ese episodio marcó su visión del Consejo como un órgano burocrático hostil.
La propia Loomer se jactó en redes sociales tras la reunión: «Fue un honor reunirme con el presidente Trump y presentarle mis hallazgos».
creciente influencia del ala más radical del trumpismo
La cercanía de esta activista y presentadora de programas por internet con el presidente se ha intensificado desde que lideró ataques contra rivales internos del Partido Republicano durante las primarias de 2024. Durante la campaña, se refirió a la entonces vicepresidenta Kamala Harris con comentarios racistas, afirmando que «la Casa Blanca olería a curry» si resultaba elegida presidenta, una burla a sus orígenes indios.
También atacó a la familia del gobernador de Florida, Ron DeSantis, uno de los principales rivales de Trump en las primarias. Como parte de su ofensiva digital, lanzó la falsa acusación de que Casey DeSantis —esposa del gobernador— había mentido sobre un diagnóstico de cáncer de mama. La insinuación, sin pruebas, fue difundida por Loomer en redes afines, en un intento por desacreditar a DeSantis en un momento clave de la campaña.
Loomer ha llegado a volar en el jet privado de Trump y pidió ser contratada por su equipo de comunicaciones, aunque la jefa de campaña, Susie Wiles, bloqueó su incorporación.
Este episodio ha dejado tocado al actual asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, ya bajo presión tras el escándalo conocido como «Signalgate», en el que se reveló que usó una aplicación de mensajería no segura para coordinar un ataque en Yemen e incluyó por error a un periodista —Jeffrey Goldberg, de ‘The Atlantic’— en el grupo. Aunque por ahora conserva el cargo, fuentes en Washington aseguran que ha perdido la capacidad de proteger a su equipo de las purgas dictadas desde el entorno más ideológico de Trump.
Esta purga, en plena tormenta económica global, revela la creciente influencia del ala más radical del trumpismo sobre la política exterior y de seguridad nacional. A unas 24 horas del estallido arancelario, con los mercados en caída libre, lo que se ha impuesto en la Casa Blanca es una limpia de lealtad personal, depuración ideológica y control absoluto del discurso, según fuentes consultadas.
Loomer ha comparado a la Liga Antidifamación, que combate el antisemitismo, con Hitler, por hacer «listas de judíos buenos y malos» (ella misma se declara judía). A su vez, se ha descrito como «orgullosa islamófoba» y acusa a todos los musulmanes de ser enemigos de la libertad de las mujeres y los homosexuales.
También ha afirmado que varios tiroteos masivos en EE.UU., como el de Parkland, fueron montajes para justificar restricciones a la tenencia de armas. Su retórica ha llegado tan lejos que fue vetada simultáneamente por Uber y Lyft tras insinuar que una red de conductores musulmanes estuvo detrás de un atropello masivo en Nueva York en 2017.