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Probamos el nuevo Sonos Play, el altavoz que se niega a quedarse en el salón

En el complejo y a menudo saturado mundo de la tecnología de consumo, hay una diferencia abismal entre «hacer ruido» y «reproducir música». Y es que son muchos los fabricantes que se han empeñado en los últimos años en inundar el mercado con dispositivos … portátiles que, a pesar de ser capaces de soportar un chapuzón en la piscina, sacrifican por el camino esa alma, esa fidelidad que hace que un acorde de guitarra nos erice la piel. Sonos, una vieja conocida que lleva años sentando cátedra sobre cómo debe sonar un hogar conectado, se ha dado cuenta del problema y ha decidido ponerle fin con su último lanzamiento: el Sonos Play.
En ABC, hemos pasado cerca de un mes conviviendo con este dispositivo (en realidad con dos), llevándolo del dormitorio al jardín, y de la estantería del salón a alguna que otra escapada de fin de semana. Y la conclusión es clara: no estamos ante un simple altavoz Bluetooth más. Estamos ante la pieza que faltaba en un puzle que busca reconciliar la movilidad absoluta con la alta fidelidad.

A simple vista, el Sonos Play engaña. Su diseño es minimalista, sobrio, con esa elegancia funcional a la que nos tiene acostumbrada la marca. Pero en su interior se esconde un despliegue de ingeniería que justifica cada gramo de peso. Cuenta con dos ‘tweeters’ inclinados que, apoyados por guías de onda precisas, logran una separación estéreo que uno no espera encontrar en un chasis de estas dimensiones. Acompañándolos, un ‘woofer’ de rango medio se encarga de que las voces no se pierdan en el fango de los graves, mientras que dos radiadores pasivos con cancelación de fuerza hacen el trabajo sucio: ofrecer unos bajos profundos y contundentes sin que el altavoz empiece a bailar sobre la mesa por las vibraciones.

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El resultado es una cobertura sonora de 180 grados. No importa si estás justo enfrente o en un ángulo de 45 grados; la música te envuelve. Durante las pruebas, reproduciendo todo tipo de temas, la claridad de las frecuencias altas era notable, manteniendo una pegada en los graves que hacía retumbar el suelo de madera sin distorsionar ni un ápice.

Un día de autonomía

Uno de los talones de Aquiles históricos de los altavoces portátiles potentes ha sido, desde siempre, la batería. O la tienen grande, y entonces pesan demasiado, o la tienen pequeña y se apagan a mitad de la fiesta. El Sonos Play, sin embargo, promete (y cumple) 24 horas de reproducción ininterrumpida. En nuestras experiencias de uso real, con el volumen a niveles moderados y alternando entre WiFi y Bluetooth, la cifra se alcanza con solvencia.
Pero la verdadera magia ocurre al volver a casa. El dispositivo, de hecho, incluye una base de carga inalámbrica que lo convierte, de forma instantánea, en un altavoz doméstico más. No hay que andar buscando cables ni conectores; se posa y listo. Además, cuenta con un detalle que puede resultar sumamente útil en más de una ocasión: su batería integrada funciona como ‘power bank’, y permite cargar el teléfono móvil mediante su puerto USB-C mientras la música sigue sonando. Un detalle de ‘supervivencia’ tecnológica que se agradece.

El truco del Bluetooth

Hasta ahora, los altavoces de Sonos podían interconectarse en casa (bajo el paraguas del WiFi) pero se veían obligados a funcionar en solitario fuera de ella. Con el Sonos Play, la firma introduce una funcionalidad que me ha parecido brillante: la capacidad de agrupar altavoces incluso en modo Bluetooth.
De modo que si estamos, por ejemplo, en el campo, lejos de cualquier red inalámbrica, basta con conectar el teléfono al Sonos Play principal y, manteniendo pulsado el botón de Play/Pausa, ‘arrastrar’ hasta tres altavoces más (ya sean otros Play o los potentes Move 2) para que suenen al unísono. Se trata del sistema multi-habitación llevado al exterior. La sincronización es perfecta, sin esos retardos desesperantes que suelen sufrir otras marcas cuando intentan emparejar dispositivos por Bluetooth.

Dos, mejor que uno

Si un solo Sonos Play ya es perfectamente capaz de llenar una estancia con autoridad, la experiencia de emparejar dos unidades es mucho mejor. Al configurarlos como un par estéreo a través de la ‘app’ de Sonos, cada altavoz se especializa en un canal (izquierdo y derecho).
Hemos probado esta configuración en un salón y el escenario sonoro se abre de forma dramática. Los instrumentos se posicionan con una precisión casi quirúrgica. En temas eminentemente acústicos, casi sería posible sentir la ubicación física de cada instrumento. De modo que, siempre que el presupuesto lo permita, tener una pareja de estos dispositivos puede ser interesante.

Muchas luces…

¿Cómo queda el Sonos Play frente al resto de los altavoces de la marca? Pues depende. Si lo comparamos con el pequeño Sonos Roam, entonces el Play es un gigante. El Roam es fantástico para la mochila, pero carece de la profundidad y la autoridad sonora del Play. Si miramos hacia el Sonos Move 2, el Play se siente más manejable y versátil para el día a día, aunque el Move 2 siga teniendo ese punto extra de potencia bruta que marca la diferencia en los grandes espacios abiertos.
Y fuera de la ‘familia’, en su rango de precio de 349 euros, el Sonos Play compite con pesos pesados como el Bose SoundLink Max o el JBL Boombox 3. ¿Dónde gana Sonos? Sin duda, en el ecosistema. Mientras que los otros son ‘islas’ que mueren cuando apagas el Bluetooth, el Play vive y crece dentro de una red doméstica, compatible con AirPlay 2, Spotify Connect y los principales asistentes de voz. Sin embargo, hay que reconocer que, para los que busquen un altavoz ‘de batalla’ pura, el JBL puede resultar más robusto visualmente, aunque carezca de la finura acústica y la inteligencia del Trueplay automático de Sonos, que recalibra el sonido cada vez que movemos el altavoz de sitio.

… y alguna sombra

Como nada es perfecto en este valle de silicio, el Sonos Play también tiene sus ‘defectillos’. Y el primero, inevitablemente, es su precio. 349 euros (lo hemos visto por 299 en Amazon) es una cifra que hará dudar a más de uno, especialmente cuando hay opciones en el mercado por la mitad de esa cifra y que, aunque suenan peor, cumplen para un usuario no exigente.
Por otro lado, su peso y dimensiones, aunque contenidos para lo que ofrece, lo alejan de ser un altavoz de bolsillo. Necesitaremos un espacio dedicado en la mochila o usar su anilla de transporte, que por cierto es muy cómoda, pero el dispositivo se nota. Además, la dependencia de la ‘app’ de Sonos para las configuraciones avanzadas sigue siendo un punto de fricción para quienes prefieren la sencillez del ‘conectar y listo’ sin pasar por registros y actualizaciones de software. Algunas críticas en la red también apuntan a que el adaptador para entrada de línea (para conectar un tocadiscos, por ejemplo) se vende por separado, algo que por este precio debería venir incluido.

¿Vale la pena?

Tras un mes de uso intensivo, la respuesta es sí, aunque con matices. Si ya tienes otros productos de la marca, el Sonos Play es una compra a tener en cuenta. Se trata de un buen puente entre tu casa y el mundo exterior. Si este fuerael primer producto de la marca, entonces prepárese para no querer volver atrás.
Es un dispositivo que desprende calidad, que aguanta chapuzones (certificación IP67), que no se amilana ante géneros musicales exigentes y que, sobre todo, entiende que la música debe seguirnos, no nosotros a ella. Sonos ha logrado crear un producto que no reemplaza a lo anterior, sino que lo mejora. Y en este mundo de obsolescencia programada, eso es, casi, un milagro tecnológico.

Publicado: mayo 12, 2026, 7:00 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/tecnologia/probamos-nuevo-sonos-play-altavoz-niega-quedarse-20260512123950-nt.html

En el complejo y a menudo saturado mundo de la tecnología de consumo, hay una diferencia abismal entre «hacer ruido» y «reproducir música». Y es que son muchos los fabricantes que se han empeñado en los últimos años en inundar el mercado con dispositivos portátiles que, a pesar de ser capaces de soportar un chapuzón en la piscina, sacrifican por el camino esa alma, esa fidelidad que hace que un acorde de guitarra nos erice la piel. Sonos, una vieja conocida que lleva años sentando cátedra sobre cómo debe sonar un hogar conectado, se ha dado cuenta del problema y ha decidido ponerle fin con su último lanzamiento: el Sonos Play.

En ABC, hemos pasado cerca de un mes conviviendo con este dispositivo (en realidad con dos), llevándolo del dormitorio al jardín, y de la estantería del salón a alguna que otra escapada de fin de semana. Y la conclusión es clara: no estamos ante un simple altavoz Bluetooth más. Estamos ante la pieza que faltaba en un puzle que busca reconciliar la movilidad absoluta con la alta fidelidad.

A simple vista, el Sonos Play engaña. Su diseño es minimalista, sobrio, con esa elegancia funcional a la que nos tiene acostumbrada la marca. Pero en su interior se esconde un despliegue de ingeniería que justifica cada gramo de peso. Cuenta con dos ‘tweeters’ inclinados que, apoyados por guías de onda precisas, logran una separación estéreo que uno no espera encontrar en un chasis de estas dimensiones. Acompañándolos, un ‘woofer’ de rango medio se encarga de que las voces no se pierdan en el fango de los graves, mientras que dos radiadores pasivos con cancelación de fuerza hacen el trabajo sucio: ofrecer unos bajos profundos y contundentes sin que el altavoz empiece a bailar sobre la mesa por las vibraciones.

El resultado es una cobertura sonora de 180 grados. No importa si estás justo enfrente o en un ángulo de 45 grados; la música te envuelve. Durante las pruebas, reproduciendo todo tipo de temas, la claridad de las frecuencias altas era notable, manteniendo una pegada en los graves que hacía retumbar el suelo de madera sin distorsionar ni un ápice.

Un día de autonomía

Uno de los talones de Aquiles históricos de los altavoces portátiles potentes ha sido, desde siempre, la batería. O la tienen grande, y entonces pesan demasiado, o la tienen pequeña y se apagan a mitad de la fiesta. El Sonos Play, sin embargo, promete (y cumple) 24 horas de reproducción ininterrumpida. En nuestras experiencias de uso real, con el volumen a niveles moderados y alternando entre WiFi y Bluetooth, la cifra se alcanza con solvencia.

Pero la verdadera magia ocurre al volver a casa. El dispositivo, de hecho, incluye una base de carga inalámbrica que lo convierte, de forma instantánea, en un altavoz doméstico más. No hay que andar buscando cables ni conectores; se posa y listo. Además, cuenta con un detalle que puede resultar sumamente útil en más de una ocasión: su batería integrada funciona como ‘power bank’, y permite cargar el teléfono móvil mediante su puerto USB-C mientras la música sigue sonando. Un detalle de ‘supervivencia’ tecnológica que se agradece.

El truco del Bluetooth

Hasta ahora, los altavoces de Sonos podían interconectarse en casa (bajo el paraguas del WiFi) pero se veían obligados a funcionar en solitario fuera de ella. Con el Sonos Play, la firma introduce una funcionalidad que me ha parecido brillante: la capacidad de agrupar altavoces incluso en modo Bluetooth.

De modo que si estamos, por ejemplo, en el campo, lejos de cualquier red inalámbrica, basta con conectar el teléfono al Sonos Play principal y, manteniendo pulsado el botón de Play/Pausa, ‘arrastrar’ hasta tres altavoces más (ya sean otros Play o los potentes Move 2) para que suenen al unísono. Se trata del sistema multi-habitación llevado al exterior. La sincronización es perfecta, sin esos retardos desesperantes que suelen sufrir otras marcas cuando intentan emparejar dispositivos por Bluetooth.

Dos, mejor que uno

Si un solo Sonos Play ya es perfectamente capaz de llenar una estancia con autoridad, la experiencia de emparejar dos unidades es mucho mejor. Al configurarlos como un par estéreo a través de la ‘app’ de Sonos, cada altavoz se especializa en un canal (izquierdo y derecho).

Hemos probado esta configuración en un salón y el escenario sonoro se abre de forma dramática. Los instrumentos se posicionan con una precisión casi quirúrgica. En temas eminentemente acústicos, casi sería posible sentir la ubicación física de cada instrumento. De modo que, siempre que el presupuesto lo permita, tener una pareja de estos dispositivos puede ser interesante.

Muchas luces…

¿Cómo queda el Sonos Play frente al resto de los altavoces de la marca? Pues depende. Si lo comparamos con el pequeño Sonos Roam, entonces el Play es un gigante. El Roam es fantástico para la mochila, pero carece de la profundidad y la autoridad sonora del Play. Si miramos hacia el Sonos Move 2, el Play se siente más manejable y versátil para el día a día, aunque el Move 2 siga teniendo ese punto extra de potencia bruta que marca la diferencia en los grandes espacios abiertos.

Y fuera de la ‘familia’, en su rango de precio de 349 euros, el Sonos Play compite con pesos pesados como el Bose SoundLink Max o el JBL Boombox 3. ¿Dónde gana Sonos? Sin duda, en el ecosistema. Mientras que los otros son ‘islas’ que mueren cuando apagas el Bluetooth, el Play vive y crece dentro de una red doméstica, compatible con AirPlay 2, Spotify Connect y los principales asistentes de voz. Sin embargo, hay que reconocer que, para los que busquen un altavoz ‘de batalla’ pura, el JBL puede resultar más robusto visualmente, aunque carezca de la finura acústica y la inteligencia del Trueplay automático de Sonos, que recalibra el sonido cada vez que movemos el altavoz de sitio.

… y alguna sombra

Como nada es perfecto en este valle de silicio, el Sonos Play también tiene sus ‘defectillos’. Y el primero, inevitablemente, es su precio. 349 euros (lo hemos visto por 299 en Amazon) es una cifra que hará dudar a más de uno, especialmente cuando hay opciones en el mercado por la mitad de esa cifra y que, aunque suenan peor, cumplen para un usuario no exigente.

Por otro lado, su peso y dimensiones, aunque contenidos para lo que ofrece, lo alejan de ser un altavoz de bolsillo. Necesitaremos un espacio dedicado en la mochila o usar su anilla de transporte, que por cierto es muy cómoda, pero el dispositivo se nota. Además, la dependencia de la ‘app’ de Sonos para las configuraciones avanzadas sigue siendo un punto de fricción para quienes prefieren la sencillez del ‘conectar y listo’ sin pasar por registros y actualizaciones de software. Algunas críticas en la red también apuntan a que el adaptador para entrada de línea (para conectar un tocadiscos, por ejemplo) se vende por separado, algo que por este precio debería venir incluido.

¿Vale la pena?

Tras un mes de uso intensivo, la respuesta es sí, aunque con matices. Si ya tienes otros productos de la marca, el Sonos Play es una compra a tener en cuenta. Se trata de un buen puente entre tu casa y el mundo exterior. Si este fuerael primer producto de la marca, entonces prepárese para no querer volver atrás.

Es un dispositivo que desprende calidad, que aguanta chapuzones (certificación IP67), que no se amilana ante géneros musicales exigentes y que, sobre todo, entiende que la música debe seguirnos, no nosotros a ella. Sonos ha logrado crear un producto que no reemplaza a lo anterior, sino que lo mejora. Y en este mundo de obsolescencia programada, eso es, casi, un milagro tecnológico.

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