Publicado: junio 24, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/diplomacia-diplomaticos-20260624013127-nt.html
Hace unos días ha trascendido una foto de Serguéi Lavrov, el siniestro ministro de Exteriores de Putin, con un ex ministro de España. Los dos posaban en plan selfi de ‘amiguis’ como si el consenso de la Unión Europea contra la invasión de Ucrania nunca … hubiera existido. El socialista incluso parece esbozar una sonrisa de complicidad. Aunque es mejor no entrar en detalles porque, al ritmo de chanchullos asociados a la política exterior de España, la Audiencia Nacional va a terminar con más piezas separadas que todo el Ikea.
Robert Kaplan, el renombrado especialista en geopolítica, afirmó que «si bien la comprensión de los acontecimientos mundiales comienza con los mapas, termina con Shakespeare». Pero, como nos ha recordado Ivan Krastev en las páginas del ‘Financial Times’, la situación actual es mucho menos sofisticada. Comienza con las publicaciones de Donald Trump en redes sociales y termina con deslumbrantes beneficios para los intereses empresariales de sus amigotes y familiares.
Como consecuencia de esta degradación, asistimos a la apoteosis de la diplomacia sin diplomáticos. Y la problemática extinción del método diplomático desarrollado en Occidente, por lo menos desde la Paz de Westfalia de 1648, como el conjunto de principios, procedimientos y técnicas utilizados por los Estados para gestionar sus relaciones internacionales mediante la negociación, el diálogo y el compromiso, en lugar de recurrir a la coerción o a la fuerza.
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Mikel Ayestaran
En este mundo sin principios compartidos, con el multilateralismo bajo mínimos y donde importa más la velocidad que la dirección, emergen los «enviados especialísimos», se buscan apaños expeditivos en lugar de soluciones permanentes para guerras tan endemoniadas como las de Ucrania, Gaza o Irán. La ‘Servinavar de Mar-a-Lago’ se hace pasar como la ONU paralela de Trump y el campo de golf como alternativa a la mesa de negociaciones.
La antigua definición de que los diplomáticos eran perfectas damas y caballeros empleados por sus países para mentir como bellacos ya no tiene mucho sentido. Ahora son los perfectos bellacos los que están a cargo de la diplomacia.
