¿Por qué puede durar aún mucho la guerra en el estrecho de Ormuz? - Colombia
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¿Por qué puede durar aún mucho la guerra en el estrecho de Ormuz?

Desde hace diez semanas, la guerra por el control del estrecho de Ormuz —por el que fluye la quinta parte del comercio petrolero mundial— experimenta un bamboleo constante, entre la euforia y la depresión, que quita el sueño a las bolsas y desconcierta a … la opinión pública con toda razón. Se mantiene en pie una tregua entre Irán y Estados Unidos, los dos protagonistas del conflicto, pero el goteo de incidentes en tierra y en mar es casi diario. ¿A qué espera la Administración Trump para dar un golpe en la mesa?
La respuesta puede estar en la acumulación de protestas entre los aliados de Trump, que dejan a este con poco margen de maniobra para una acción militar eficaz y auguran que el conflicto de Ormuz puede dilatarse aún mucho en el tiempo.

Los más díscolos, aunque no haya trascendido tanto en la prensa, son los propios países árabes del Golfo, aliados de Estados Unidos por interés económico: para ellos la libre circulación del petróleo y el gas por Ormuz es un elemento capital de sus economías.

Noticia relacionada

Rosalía Sánchez

Emiratos Árabes Unidos se ha quejado oficialmente del desdén con el que la Casa Blanca trata los ataques que ha sufrido estos últimos días de drones iraníes contra instalaciones estratégicas de Dubái y Abu Dabi. Son respuestas calculadas de Teherán contra EE.UU. por sus ataques en Ormuz, golpeando a sus aliados e intereses más débiles en la región: en este caso los emiratíes.
El malestar más hondo ha sido el de la gran potencia petrolera saudí, rival de Irán también por razones ideológicas. Riad es el guardián del islam suní, mayoritario, y Teherán la capital del islam chií, su enemigo histórico. Esta semana trascendió que Donald Trump tuvo que dar un bandazo a sus planes de atacar Irán en gran escala para liberar el estrecho de Ormuz, porque Arabia Saudí le prohibió el paso de los aviones de combate por su espacio aéreo.

La negativa de Bin Salman

Según la primicia de NBC News, replicada por toda la prensa regional de Oriente Próximo, Trump y el hombre fuerte de Riad, el Príncipe Heredero Mohamed bin Salman, discutieron por teléfono el plan de ataque norteamericano, y el líder saudí le negó su apoyo. A diferencia de lo que ocurrió en los dos grandes ataques militares anteriores de EE.UU. en el interior de Irán —en los que Bin Salman autorizó el paso de los cazas—, esta vez Arabia Saudí cree que una guerra abierta en Ormuz sería muy negativa para sus intereses por la escalada que podría generar. El espacio aéreo saudí es clave para toda acción militar norteamericana, por lo que Trump tuvo que rehacer sobre la marcha el guion y volver a proclamar que «el alto el fuego se mantiene».
Para colmo de males, el canciller alemán, Friedrich Merz, recibió esta semana como pago a sus reiteradas críticas a la acción de EE.UU. en Ormuz una noticia sorprendente: la Casa Blanca retira de Alemania un contingente importante de 5.000 soldados.
El desaire a un aliado de la OTAN ha abierto la cuestión de las bases estadounidenses en España —Morón de la Frontera en Sevilla y Rota en Cádiz—, donde Trump podría hacer algo similar. Si hay un socio díscolo en Europa, ése es Pedro Sánchez, aunque hasta ahora todo se ha quedado en amenazas y planes por parte de la Administración Trump.
La desconfianza y en ocasiones animosidad contra los planes belicistas de Trump por parte de aliados árabes y europeos explica el vaivén de las decisiones por parte de la Casa Blanca. Si no fuera por esa falta de respaldo —clave en una acción como la que pretendía Trump en Ormuz—, las condiciones no podrían ser más favorables para un éxito militar rápido. Israel está volcada por completo en esa dirección, y el régimen iraní de los ayatolás vive un momento de desconcierto por la existencia de varios centros de poder tras la muerte de Jamenei.

Publicado: mayo 9, 2026, 10:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/puede-durar-guerra-estrecho-ormuz-20260509163207-nt.html

Desde hace diez semanas, la guerra por el control del estrecho de Ormuz —por el que fluye la quinta parte del comercio petrolero mundial— experimenta un bamboleo constante, entre la euforia y la depresión, que quita el sueño a las bolsas y desconcierta a la opinión pública con toda razón. Se mantiene en pie una tregua entre Irán y Estados Unidos, los dos protagonistas del conflicto, pero el goteo de incidentes en tierra y en mar es casi diario. ¿A qué espera la Administración Trump para dar un golpe en la mesa?

La respuesta puede estar en la acumulación de protestas entre los aliados de Trump, que dejan a este con poco margen de maniobra para una acción militar eficaz y auguran que el conflicto de Ormuz puede dilatarse aún mucho en el tiempo.

Los más díscolos, aunque no haya trascendido tanto en la prensa, son los propios países árabes del Golfo, aliados de Estados Unidos por interés económico: para ellos la libre circulación del petróleo y el gas por Ormuz es un elemento capital de sus economías.

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  • Rosalía Sánchez

Emiratos Árabes Unidos se ha quejado oficialmente del desdén con el que la Casa Blanca trata los ataques que ha sufrido estos últimos días de drones iraníes contra instalaciones estratégicas de Dubái y Abu Dabi. Son respuestas calculadas de Teherán contra EE.UU. por sus ataques en Ormuz, golpeando a sus aliados e intereses más débiles en la región: en este caso los emiratíes.

El malestar más hondo ha sido el de la gran potencia petrolera saudí, rival de Irán también por razones ideológicas. Riad es el guardián del islam suní, mayoritario, y Teherán la capital del islam chií, su enemigo histórico. Esta semana trascendió que Donald Trump tuvo que dar un bandazo a sus planes de atacar Irán en gran escala para liberar el estrecho de Ormuz, porque Arabia Saudí le prohibió el paso de los aviones de combate por su espacio aéreo.

La negativa de Bin Salman

Según la primicia de NBC News, replicada por toda la prensa regional de Oriente Próximo, Trump y el hombre fuerte de Riad, el Príncipe Heredero Mohamed bin Salman, discutieron por teléfono el plan de ataque norteamericano, y el líder saudí le negó su apoyo. A diferencia de lo que ocurrió en los dos grandes ataques militares anteriores de EE.UU. en el interior de Irán —en los que Bin Salman autorizó el paso de los cazas—, esta vez Arabia Saudí cree que una guerra abierta en Ormuz sería muy negativa para sus intereses por la escalada que podría generar. El espacio aéreo saudí es clave para toda acción militar norteamericana, por lo que Trump tuvo que rehacer sobre la marcha el guion y volver a proclamar que «el alto el fuego se mantiene».

Para colmo de males, el canciller alemán, Friedrich Merz, recibió esta semana como pago a sus reiteradas críticas a la acción de EE.UU. en Ormuz una noticia sorprendente: la Casa Blanca retira de Alemania un contingente importante de 5.000 soldados.

El desaire a un aliado de la OTAN ha abierto la cuestión de las bases estadounidenses en España —Morón de la Frontera en Sevilla y Rota en Cádiz—, donde Trump podría hacer algo similar. Si hay un socio díscolo en Europa, ése es Pedro Sánchez, aunque hasta ahora todo se ha quedado en amenazas y planes por parte de la Administración Trump.

La desconfianza y en ocasiones animosidad contra los planes belicistas de Trump por parte de aliados árabes y europeos explica el vaivén de las decisiones por parte de la Casa Blanca. Si no fuera por esa falta de respaldo —clave en una acción como la que pretendía Trump en Ormuz—, las condiciones no podrían ser más favorables para un éxito militar rápido. Israel está volcada por completo en esa dirección, y el régimen iraní de los ayatolás vive un momento de desconcierto por la existencia de varios centros de poder tras la muerte de Jamenei.

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