Publicado: junio 17, 2026, 12:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-apunta-siria-debe-ocuparse-hizbola-20260617191652-nt.html
Donald Trump ha propuesto en la cumbre del G-7 que «si Israel no es capaz de hacer su trabajo en el Líbano sin matar, debería hacerlo Siria». El bocinazo del presidente norteamericano, que podría explicarse como otro de sus peculiares desahogos -esta vez a … propósito de su enfado con el primer ministro Netanyahu, por los ataques de Israel en el Líbano que hacen peligrar el acuerdo de paz con Irán- puede tener más fondo. Como recuerda la cadena CNN, ha sido la segunda vez en un mes que Trumpmenciona el papel que puede llegar a jugar Siria.
El nuevo líder de Damasco, Ahmed al Sharaa, de 43 años, que preside el gobierno sirio desde hace apenas seis meses y mide hasta el extremo sus exposiciones en público, ha dicho que los rumores de una posible intervención en el Líbano «son falsas». Es el mismo que dijo en enero que su régimen respetaría a las minorías sirias, antes de las matanzas de drusos, chiíes de la región de la familia Al Assad, y cristianos. No obstante, los israelíes serían los primeros en saber si el ex-yihadista sirio tiene algún plan para el Líbano. Y no se ha producido ningún movimiento.
Proponer una intervención siria en el Líbano para neutralizar a la guerrilla pro-iraní de Hizbolá tiene, sobre el papel, algunos argumentos a favor. Convertiría el actual conflicto entre libaneses e israelíes en un problema intra-árabe, y supondría un mayor esfuerzo por parte de Siria para que no lleguen armas iraníes a Hizbolá a través de su territorio. La guerrilla chií libanesa prestó todo su apoyo al régimen de Bachar al Assad durante los trece años de guerra civil no solo por afinidad religiosa: quería también asegurar el tráfico de armas y asesores procedentes de Irán a través de Siria.
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Nathalie Duplan
Pero es a juicio de todos los analistas -también los propios israelíes- un gran disparate proponer que sea el régimen de Damasco el que se encargue de plantar cara a Hizbolá en el Líbano. La llegada de un ejército suní salafista, como el que cuenta ahora Siria -hecho en gran parte con combatientes salafistas de la guerra civil-, recordaría las casi tres décadas de control sirio del Líbano. Damasco envió por primera vez tropas al País del Cedro en 1976, teóricamente como «fuerzas de mantenimiento de la paz» durante la guerra civil, que se mantuvieron en el territorio después del conflicto en lo que siempre se consideró como ocupación militar.
Israel sigue bombardeando presuntos objetivos de Hizbolá en el sur del Líbano, y en los barrios chiíes de Beirut, y además ocupa territorio cercano a su frontera norte con la idea de mantenerse allí en lo que denomina como su ‘zona de seguridad’. Aunque muy diezmado, el movimiento político-militar libanés sigue siendo capaz de defenderse y de lanzar cohetes contra el norte de Israel. Pero la presencia del ejército sirio desataría un conflicto de otras dimensiones.
Sistema de equilibrios complicado
El Líbano cuenta con un sistema original y muy delicado de equilibrios entre sus tres grandes minorías religiosas, la cristiana (cerca del 40 por ciento de la población) y la musulmana, en sus dos grandes corrientes, la chií y la suní, históricamente enfrentadas. La llegada de un ejército suní tan ideologizado como el sirio rompería la frágil estructura del Estado libanés, que prevé en su Constitución un presidente cristiano, un jefe de gobierno suní y un presidente del Parlamento chií.
Le guste o no a Trump y a la comunidad internacional el modo en que Netanyahu combate a Hizbolá -»mata moscas a cañonazos» ha venido a decir enfurecido el presidente norteamericano tras algunas operaciones de represalia de Israel en el Líbano y sus efectos sobre la población civil-, la ‘solución siria’ solo serviría para disparar el pánico entre las comunidades cristiana, chií y drusa. Lejos de neutralizar al movimiento pro-iraní, única voz en el seno de la comunidad chií desde los años 80, solo serviría para fortalecerlo y darle el estatus de fuerza legítima contra la ocupación extranjera.
