Publicado: marzo 13, 2026, 12:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/pedro-rodriguez-trump-iran-interesa-pasado-futuro-20260312040223-nt.html
El coro de tragedia griega generado en Washington por la guerra contra Irán empieza a resultar estruendoso. La semana pasada, el senador demócrata Mark Warner –miembro del «grupo de los ocho», un selecto equipo de líderes del Congreso que recibe informes de inteligencia de alto … nivel sobre las cuestiones más relevantes de seguridad nacional– dijo tras escuchar al secretario de Estado y al director de la CIA que «en ninguna de las reuniones informativas se me ha descrito cuál sería la segunda fase» de la campaña militar ordenada por el presidente Trump.
En vísperas del ataque contra el régimen de los ayatolás, a pesar incluso de las advertencias del Pentágono, el secretario de Energía, Chris Wright, declaraba con inconsciente aplomo en una entrevista que no le preocupaba para nada que una inminente guerra pudiera interrumpir el suministro de petróleo y gas natural procedente de Oriente Próximo, con la consiguiente debacle en los mercados energéticos a escala global.
El alcance de este error de cálculo y falta de previsión ha quedado al descubierto en los últimos días, cuando Irán ha optado por bloquear el estrecho de Ormuz.
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Javier Ansorena
La inexistencia de un plan viable para reabrir ese estratégico cuello de botella, por donde circula un 20% del flujo energético mundial, está fomentando el pesimismo en las propias filas de la Administración Trump, a pesar de que el presidente lleve días presumiendo de que la operación militar está siendo un éxito total.
El brillante Ivan Krastev ha explicado en el ‘Financial Times’ hasta qué punto el revolucionario sentido del tiempo asumido por Trump hace que no piense en términos de estrategia a largo plazo. Al encoger la historia, dar importancia solamente al ahora e implicar que nada es duradero, el presidente se sitúa por encima del pasado e incluso del futuro. No importan las lecciones aprendidas en Irak ni se pierde el tiempo en pensar en el día después de Irán. Por eso, Trump fomenta nuestra ansiedad existencial de que «no hay tiempo» para impedir la pregunta: «¿Tiempo para qué?».
