Publicado: septiembre 19, 2026, 12:00 pm
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Pikachu ha completado unas 1.040 vueltas a la Tierra sin necesidad de evolucionar. Un peluche del mítico personaje animado pasó 67 días en órbita, del 11 de abril al 17 de junio de 2026, coincidiendo con la misión de la astronauta Sophie Adenot. Su viaje forma parte de una colaboración entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y The Pokémon Company International para acercar la exploración espacial al público.
La imagen tiene gancho, pero también encierra una pregunta: ¿por qué puede flotar un peluche dentro de la estación? La respuesta ayuda a entender buena parte de la tecnología que mantiene vivos a sus ocupantes.
La Estación Espacial Internacional (ISS) se mueve a unos 400 kilómetros de altura, donde la gravedad terrestre conserva aproximadamente el 90 % de su intensidad en la superficie. Hay gravedad de sobra. Entonces, ¿por qué flota Pikachu?
Imaginemos un ascensor en caída libre. Si una persona que estuviera dentro soltara un peluche, ambos caerían a la vez. El juguete parecería flotar delante de ella, porque también estarían cayendo el suelo y las paredes del ascensor. En la estación espacial ocurre algo parecido, pero con una diferencia fundamental: la ISS también se mueve muy deprisa hacia delante. Mientras la gravedad tira de ella hacia la Tierra, avanza y el planeta se curva bajo su trayectoria. Así, sigue cayendo alrededor de la Tierra sin llegar a tocar el suelo. Eso es estar en órbita.
La estación, los astronautas y Pikachu comparten esa caída. Por eso el peluche puede quedar suspendido frente a una persona: ambos se mueven juntos, sin que ‘el suelo los sostenga’ como sucede en la Tierra.
Esta situación se conoce como microgravedad. La gravedad sigue presente, pero dentro de la estación se experimenta una ingravidez casi completa. Para Pikachu, flotar no supone ningún problema.
Para quien necesita beber agua, preparar café o enfriar un equipo, la microgravedad complica las cosas.
Beber un café también tiene su ciencia
En casa, basta con inclinar una jarra para llenar un vaso. En la ISS, el agua no cae hacia el fondo del recipiente como estamos acostumbrados. Al ‘escapar’ de su destino, queda flotando en gotas redondeadas. Esa forma se debe a la tensión superficial: las moléculas de agua se atraen entre sí y tienden a mantener la gota unida.
¿Cómo se bebe entonces? Una solución es diseñar una taza que ayude al líquido a llegar hasta la boca. En la estación se han probado modelos que aprovechan la capilaridad, el mismo fenómeno que permite a una servilleta absorber agua. Su forma guía la bebida por las paredes hasta el borde. Así, el café sigue siendo café: lo que cambia es cómo conseguimos dar el sorbo.
Evitar que los equipos se calienten
El comportamiento de los líquidos también importa para algo menos visible: evitar que los equipos se sobrecalienten. Porque un ordenador genera calor tanto en casa como en el espacio y, para que funcione bien, hay que retirar ese calor continuamente.
La estación utiliza bombas que hacen circular líquidos por unos circuitos. Los líquidos recogen el calor y lo transportan, de manera parecida al sistema de refrigeración de un coche. En el exterior de la ISS, un circuito de amoniaco lo lleva hasta unos radiadores que lo liberan al espacio.
Los investigadores también buscan formas de mejorar la refrigeración de futuras naves. Y aquí entra algo tan cotidiano como hervir agua. Si miramos una olla al fuego, vemos burbujas que suben a la superficie. En la ISS no suben como en nuestra cocina. Pueden permanecer cerca de la superficie caliente y dificultar que el líquido se lleve el calor. Por eso interesa saber cómo moverlas y controlar su comportamiento.
Para estudiarlo se utiliza el experimento FBCE, que llegó a la estación en agosto de 2021 y comenzó sus ensayos de ebullición en febrero de 2022. Sus sensores y cámaras de alta velocidad permiten observar qué hacen el líquido y las burbujas en microgravedad. Esos datos ayudan a diseñar sistemas que enfríen mejor los equipos de futuras misiones.
Agua que vuelve a aprovecharse
Finalmente, un punto importante: además de controlar el agua, hay que aprovecharla. En 2023, la NASA anunció que el sistema de soporte vital de la estación había demostrado que podía recuperar el 98 % del agua que recoge. Eso incluye agua procedente de la orina y humedad del aire liberada al respirar o sudar. Tras pasar por distintos tratamientos y controles, vuelve a ser potable.
Acercar la ciencia a todos
El viaje de Pikachu permite acercarse a estas cuestiones desde una imagen familiar. La colaboración entre la ESA y Pokémon continuará también en tierra: del 4 de octubre de 2026 al 30 de abril de 2027, los visitantes de museos de ciencia y espacio participantes en Europa podrán disfrutar de actividades especiales de Pokémon GO, incluidos encuentros con Pikachu astronauta.
Quizá alguien entre al museo para capturar un Pokémon y salga preguntándose cómo se bebe un café en órbita. Una buena pregunta para empezar a explorar el espacio.
