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Pakistán bombardea Afganistán y rompe la tregua de octubre

Pakistán y Afganistán, dos de los regímenes más islamistas del mundo y que comparten 2.500 kilómetros de frontera montañosa, están a punto de volver al sendero de la guerra. A raíz de un atentado terrorista atribuido por Islamabad la semana pasada al movimiento … terrorista talibán paquistaní (TTP, por sus siglas en urdu), su aviación bombardeó varias localidades afganas donde supuestamente Kabul les da refugio. Los representantes de la ONU en Afganistán confirmaron que –como consecuencia de los ataques– murieron al menos 28 civiles afganos y decenas resultaron heridos. Pakistán solo dio cuenta de una veintena de milicianos talibanes abatidos en los bombardeos, pero también ha anunciado este miércoles que derribó cuatro drones afganos en la provincia de Baluchistán.
El ataque paquistaní pone en duda la continuidad del acuerdo de tregua entre los dos países vecinos firmado en octubre del año pasado, después de varias semanas de intercambio de bombardeos y acciones terroristas. En aquella ocasión Qatar y Turquía actuaron como mediadores en un alto el fuego en la región. La tregua no ha solucionado el problema de fondo de la hostilidad entre dos países asiáticos regidos, en mayor o menor grado, por la Sharía, la ley islámica.

Los choques militares anteriores a la tregua de octubre fueron los peores desde el regreso al poder en Kabul de los Talibanes, el movimiento radical islamista que en su día protegió a Osama bin Laden y fue depuesto transitoriamente por Occidente. Hasta el retorno de los ‘barbudos’ a Kabul en 2021, el régimen paquistaní era el más firme aliado mundial de los talibanes, a los que dio refugio tras la invasión aliada en 2001.

Noticia relacionada

Desde los primeros tiempos de Mahoma, el mundo del islam se ha denominado ‘Dar al islam’, la Casa de la Paz. El de los infieles, en el que habitan minorías musulmanas como es el caso de gran parte del Occidente cristiano, se llamó ‘Dar al Harb’, la Casa de la Guerra. La explosiva relación entre los talibanes y el régimen islamista paquistaní demuestra que la teoría no obedece a los hechos. No solo por la conocida hostilidad entre las dos principales corrientes, la mayoritaria suní y la minoría chií, que comenzó siendo un mero cisma en torno al liderazgo. El caso del intercambio de golpes entre Afganistán y Pakistán, donde reina la mayoría suní, demuestra que la Casa de la Paz tiene serios problemas domésticos.
Islamabad acusa al régimen fundamentalista de Kabul de alimentar el movimiento de los talibanes de Pakistán, un grupo de organizaciones armadas que luchan por la creación de un califato en ese país y pregonan la ‘guerra santa’, la yihad. En otras palabras, la planificación de atentados también en la ‘Casa de la Guerra’, como demostraron los intentos –reivindicados por el TTP– de atacar en Barcelona, Italia, Francia y Alemania en 2008. En aquellos años, los talibanes paquistaníes habían prohibido la educación de las niñas en los territorios que controlaban. En 2012, Malala Yousafzai fue atacada en Mingora por pretender estudiar. Quedó gravemente herida. En 2014 recibió el Premio Nobel de la Paz.
Los talibanes paquistaníes están establecidos a lo largo de la frontera con Afganistán, en particular en las provincias de Baluchistán y Waziristán, y desde 2008 son responsables de multitud de ataques contra las fuerzas de seguridad del Gobierno central. Según BBC, cada año son responsables de centenares de ataques terroristas.

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Pakistán, a través de sus temibles servicios de Inteligencia (ISI), ha respondido siempre, tanto dentro del país como con atentados en Kabul, buscando acabar con la jerarquía de los talibanes paquistaníes. Una táctica en la que el ISI paquistaní se muestra como alumno aventajado del Mosad israelí, experto en eliminar en el exterior a dirigentes iraníes, o de Hizbolá y Hamás.
La lucha entre el régimen paquistaní y los talibanes (literalmente, estudiantes de teología) pone de relieve también el efecto de las escuelas religiosas creadas en Pakistán conocidas como ‘madrasas’, donde se han nutrido decenas de miles de yihadistas que nutren hoy los movimientos radicales de ambos países. Décadas después de aquella iniciativa, dirigida a dar educación y mantenimiento a los hijos de los más desheredados, la revolución se come a sus propios hijos.

Publicado: julio 1, 2026, 2:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/pakistan-bombardea-afganistan-rompe-tregua-octubre-20260630090257-nt.html

Pakistán y Afganistán, dos de los regímenes más islamistas del mundo y que comparten 2.500 kilómetros de frontera montañosa, están a punto de volver al sendero de la guerra. A raíz de un atentado terrorista atribuido por Islamabad la semana pasada al movimiento terrorista talibán paquistaní (TTP, por sus siglas en urdu), su aviación bombardeó varias localidades afganas donde supuestamente Kabul les da refugio. Los representantes de la ONU en Afganistán confirmaron que –como consecuencia de los ataques– murieron al menos 28 civiles afganos y decenas resultaron heridos. Pakistán solo dio cuenta de una veintena de milicianos talibanes abatidos en los bombardeos, pero también ha anunciado este miércoles que derribó cuatro drones afganos en la provincia de Baluchistán.

El ataque paquistaní pone en duda la continuidad del acuerdo de tregua entre los dos países vecinos firmado en octubre del año pasado, después de varias semanas de intercambio de bombardeos y acciones terroristas. En aquella ocasión Qatar y Turquía actuaron como mediadores en un alto el fuego en la región. La tregua no ha solucionado el problema de fondo de la hostilidad entre dos países asiáticos regidos, en mayor o menor grado, por la Sharía, la ley islámica.

Los choques militares anteriores a la tregua de octubre fueron los peores desde el regreso al poder en Kabul de los Talibanes, el movimiento radical islamista que en su día protegió a Osama bin Laden y fue depuesto transitoriamente por Occidente. Hasta el retorno de los ‘barbudos’ a Kabul en 2021, el régimen paquistaní era el más firme aliado mundial de los talibanes, a los que dio refugio tras la invasión aliada en 2001.

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Desde los primeros tiempos de Mahoma, el mundo del islam se ha denominado ‘Dar al islam’, la Casa de la Paz. El de los infieles, en el que habitan minorías musulmanas como es el caso de gran parte del Occidente cristiano, se llamó ‘Dar al Harb’, la Casa de la Guerra. La explosiva relación entre los talibanes y el régimen islamista paquistaní demuestra que la teoría no obedece a los hechos. No solo por la conocida hostilidad entre las dos principales corrientes, la mayoritaria suní y la minoría chií, que comenzó siendo un mero cisma en torno al liderazgo. El caso del intercambio de golpes entre Afganistán y Pakistán, donde reina la mayoría suní, demuestra que la Casa de la Paz tiene serios problemas domésticos.

Islamabad acusa al régimen fundamentalista de Kabul de alimentar el movimiento de los talibanes de Pakistán, un grupo de organizaciones armadas que luchan por la creación de un califato en ese país y pregonan la ‘guerra santa’, la yihad. En otras palabras, la planificación de atentados también en la ‘Casa de la Guerra’, como demostraron los intentos –reivindicados por el TTP– de atacar en Barcelona, Italia, Francia y Alemania en 2008. En aquellos años, los talibanes paquistaníes habían prohibido la educación de las niñas en los territorios que controlaban. En 2012, Malala Yousafzai fue atacada en Mingora por pretender estudiar. Quedó gravemente herida. En 2014 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Los talibanes paquistaníes están establecidos a lo largo de la frontera con Afganistán, en particular en las provincias de Baluchistán y Waziristán, y desde 2008 son responsables de multitud de ataques contra las fuerzas de seguridad del Gobierno central. Según BBC, cada año son responsables de centenares de ataques terroristas.

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Pakistán, a través de sus temibles servicios de Inteligencia (ISI), ha respondido siempre, tanto dentro del país como con atentados en Kabul, buscando acabar con la jerarquía de los talibanes paquistaníes. Una táctica en la que el ISI paquistaní se muestra como alumno aventajado del Mosad israelí, experto en eliminar en el exterior a dirigentes iraníes, o de Hizbolá y Hamás.

La lucha entre el régimen paquistaní y los talibanes (literalmente, estudiantes de teología) pone de relieve también el efecto de las escuelas religiosas creadas en Pakistán conocidas como ‘madrasas’, donde se han nutrido decenas de miles de yihadistas que nutren hoy los movimientos radicales de ambos países. Décadas después de aquella iniciativa, dirigida a dar educación y mantenimiento a los hijos de los más desheredados, la revolución se come a sus propios hijos.

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