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No hay opciones satisfactorias para el programa nuclear de Irán

Hay muchas cosas que hacen que el régimen iraní resulte detestable, pero lo que lo convierte en especialmente peligroso es su empeño por conseguir armas nucleares. Su promesa de no fabricar una bomba quedó desmentida por su determinación de enriquecer uranio hasta alcanzar el … nivel necesario para construir armas, que ha servido para sustentar durante largo tiempo los intentos del régimen de intimidar a sus vecinos y amenazar la supervivencia de Israel.
Para que la guerra desatada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero pueda considerarse siquiera un éxito parcial, debe, por tanto, hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán durante años y, en el mejor de los casos, para siempre. La mejor manera de que esto ocurra sería que el régimen fuera sustituido por una democracia centrada en mejorar la suerte de su pueblo y en vivir en paz con sus vecinos. Un gobierno así representaría la menor amenaza. Sin embargo, una guerra aérea tendrá dificultades para propiciar tal renovación. Incluso podría empeorar la situación.

El régimen ha comprendido sin duda que ser una potencia en ciernes te convierte en un objetivo y que, para que un programa nuclear ofrezca alguna protección, debe llevarse a cabo hasta el final. Se cree que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, está más ansioso que su difunto padre y predecesor por conseguir una bomba, y tras la muerte de su familia es probable que busque venganza. En Irán, esos argumentos pueden eclipsar el hecho de que los misiles y las bombas estadounidenses e israelíes han causado un gran daño a la economía. A pesar de saber que cualquier trabajo futuro en materia nuclear se enfrentará a una potencia de fuego extraordinaria, es posible que Jamenei tolere el riesgo.

Noticia relacionada

Agustín Pery

El Irán de la posguerra iniciaría un programa con ventaja. Hay, aproximadamente, 400 kg de uranio altamente enriquecido enterrados en el país, cantidad suficiente para unas diez bombas. Ya sea en manos de un régimen hostil o, si el orden se derrumba, de un señor de la guerra en busca de un comprador, este material fisionable supone una grave amenaza.
Estados Unidos tiene tres opciones. Una, respaldada por algunas personas en Israel, es enviar fuerzas especiales para incautarlo. Como describimos, eso requeriría una ocupación enorme, de varios días de duración, en la que participaría una fuerza de asalto especializada protegida por más de 1.000 soldados y con apoyo aéreo constante. Es factible, aunque exigente y arriesgado, pero Estados Unidos ha perdido el factor sorpresa y la inteligencia sugiere que los 400 kg se encuentran en dos o incluso tres lugares, por lo que parte podría quedar fuera de su alcance. Además, aunque Irán tendría que reiniciar el enriquecimiento desde cero, conservaría sus conocimientos técnicos.
Esto nos lleva a una segunda opción: bombardear Irán cada vez que represente una amenaza. Esta guerra ha demostrado lo costoso que resultaría. Irán ha aprendido que incluso sus drones y misiles de baja tecnología pueden agitar los mercados energéticos mundiales y desestabilizar a los Estados del Golfo, que se promocionan ante inversores y expatriados como oasis de calma. Los votantes estadounidenses rechazarían sin duda entrar en guerra si cada enfrentamiento solo sirviera para reiniciar el reloj de cara al siguiente. Los estrategas estadounidenses no querrían quedarse atascados en Oriente Medio cuando su atención se centra en China.
Eso deja como opción un acuerdo con el régimen para poner fin a su amenaza nuclear. Se trata de una opción difícil: Jamenei podría rechazar un acuerdo. El régimen podría aceptarlo y luego incumplirlo. Y, sin embargo, sigue siendo la mejor opción. Irán está agotado tras los bombardeos. Para reconstruir su economía necesita que se levanten las sanciones. A cambio, podría estar dispuesto a alcanzar un acuerdo permanente como parte de un alto el fuego, por el que el régimen aceptaría el fin del enriquecimiento, la supervisión de su programa nuclear y la dilución o eliminación del uranio altamente enriquecido.
Sería un pacto odioso. En 2015, Barack Obama negoció un acuerdo similar –temporal–, que Donald Trump derogó en 2018. Qué crítica a su política hacia Irán que, ocho años y dos guerras después, no tenga mejores opciones.
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Publicado: marzo 22, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/opciones-satisfactorias-programa-nuclear-iran-20260323041811-nt.html

Hay muchas cosas que hacen que el régimen iraní resulte detestable, pero lo que lo convierte en especialmente peligroso es su empeño por conseguir armas nucleares. Su promesa de no fabricar una bomba quedó desmentida por su determinación de enriquecer uranio hasta alcanzar el nivel necesario para construir armas, que ha servido para sustentar durante largo tiempo los intentos del régimen de intimidar a sus vecinos y amenazar la supervivencia de Israel.

Para que la guerra desatada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero pueda considerarse siquiera un éxito parcial, debe, por tanto, hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán durante años y, en el mejor de los casos, para siempre. La mejor manera de que esto ocurra sería que el régimen fuera sustituido por una democracia centrada en mejorar la suerte de su pueblo y en vivir en paz con sus vecinos. Un gobierno así representaría la menor amenaza. Sin embargo, una guerra aérea tendrá dificultades para propiciar tal renovación. Incluso podría empeorar la situación.

El régimen ha comprendido sin duda que ser una potencia en ciernes te convierte en un objetivo y que, para que un programa nuclear ofrezca alguna protección, debe llevarse a cabo hasta el final. Se cree que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, está más ansioso que su difunto padre y predecesor por conseguir una bomba, y tras la muerte de su familia es probable que busque venganza. En Irán, esos argumentos pueden eclipsar el hecho de que los misiles y las bombas estadounidenses e israelíes han causado un gran daño a la economía. A pesar de saber que cualquier trabajo futuro en materia nuclear se enfrentará a una potencia de fuego extraordinaria, es posible que Jamenei tolere el riesgo.

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  • Agustín Pery

El Irán de la posguerra iniciaría un programa con ventaja. Hay, aproximadamente, 400 kg de uranio altamente enriquecido enterrados en el país, cantidad suficiente para unas diez bombas. Ya sea en manos de un régimen hostil o, si el orden se derrumba, de un señor de la guerra en busca de un comprador, este material fisionable supone una grave amenaza.

Estados Unidos tiene tres opciones. Una, respaldada por algunas personas en Israel, es enviar fuerzas especiales para incautarlo. Como describimos, eso requeriría una ocupación enorme, de varios días de duración, en la que participaría una fuerza de asalto especializada protegida por más de 1.000 soldados y con apoyo aéreo constante. Es factible, aunque exigente y arriesgado, pero Estados Unidos ha perdido el factor sorpresa y la inteligencia sugiere que los 400 kg se encuentran en dos o incluso tres lugares, por lo que parte podría quedar fuera de su alcance. Además, aunque Irán tendría que reiniciar el enriquecimiento desde cero, conservaría sus conocimientos técnicos.

Esto nos lleva a una segunda opción: bombardear Irán cada vez que represente una amenaza. Esta guerra ha demostrado lo costoso que resultaría. Irán ha aprendido que incluso sus drones y misiles de baja tecnología pueden agitar los mercados energéticos mundiales y desestabilizar a los Estados del Golfo, que se promocionan ante inversores y expatriados como oasis de calma. Los votantes estadounidenses rechazarían sin duda entrar en guerra si cada enfrentamiento solo sirviera para reiniciar el reloj de cara al siguiente. Los estrategas estadounidenses no querrían quedarse atascados en Oriente Medio cuando su atención se centra en China.

Eso deja como opción un acuerdo con el régimen para poner fin a su amenaza nuclear. Se trata de una opción difícil: Jamenei podría rechazar un acuerdo. El régimen podría aceptarlo y luego incumplirlo. Y, sin embargo, sigue siendo la mejor opción. Irán está agotado tras los bombardeos. Para reconstruir su economía necesita que se levanten las sanciones. A cambio, podría estar dispuesto a alcanzar un acuerdo permanente como parte de un alto el fuego, por el que el régimen aceptaría el fin del enriquecimiento, la supervisión de su programa nuclear y la dilución o eliminación del uranio altamente enriquecido.

Sería un pacto odioso. En 2015, Barack Obama negoció un acuerdo similar –temporal–, que Donald Trump derogó en 2018. Qué crítica a su política hacia Irán que, ocho años y dos guerras después, no tenga mejores opciones.

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