Publicado: febrero 19, 2026, 9:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/merz-deja-aire-caza-combate-europeo-fcas-20260219152258-nt.html
Después de años de parálisis del proyecto, el canciller alemán ha cuestionado por primera vez abiertamente la construcción del nuevo caza europeo FCAS. No es «una disputa política, pero tenemos un problema real en el perfil de requisitos. Y si no podemos resolver … eso, entonces no podemos mantener el proyecto», ha dicho Friedrich Merz en el pódcast ‘Machtwechsel’.
Se ha preguntado además si el FCAS «sigue teniendo sentido» para Alemania y si «¿realmente seguiremos necesitando un avión de combate tripulado dentro de veinte años?». De toda esta reflexión, en su opinión, «surge la pregunta de si Alemania tiene la fuerza y la voluntad para construir dos aviones para estos dos perfiles de requisitos objetivos diferentes o solo uno». «Francia solo quiere construir uno y quiere alinearlo prácticamente con la especificación que necesita, pero ese no es el que necesitamos nosotros», ha zanjado la cuestión, una afirmación con la que el proyecto queda prácticamente enterrado.
El FCAS (Future Combat Air System), en el que la industria española participaba a través de Indra, suponía una inversión de 100.000 millones de euros y habría permitido a la industria española hacerse responsable de tecnologías destinadas a marcar la defensa europea durante los próximos años. El aborto supondrá la pérdida de miles de empleos de alta cualificación, contratos para empresas como Indra, ITP Aero, Airbus España y una cadena de suministros de cientos de pymes, así como la consolidación de un ecosistema industrial propio en tecnologías de sexta generación.
Noticia relacionada
-
LA TERCERA
Margaritis Schinas y Emilio Sáenz-Francés
Para Europa en su conjunto, se trata de un problema reputacional de primer orden: los mismos líderes políticos que pregonan la soberanía de defensa y la independencia de EE.UU. no han sido capaces de ponerse de acuerdo para desarrollar un avión desde 2017 hasta hoy. Y aunque es cierto que los principales problemas los ha puesto la francesa Dassault Aviation, que exigía el liderazgo sobre Airbus e insistía en la capacidad de transportar armamento nuclear, la intervención del presidente Pedro Sánchez en la Conferencia de Seguridad de Múnich no ayudó precisamente a salvar el proyecto.
La Asociación Alemana de las Industrias Aeroespaciales (BDLI), junto con el sindicato IG Metall, ya se ha manifestado a favor del desarrollo de dos cazas, pero Merz ha dudado incluso que la Fuerza Aérea alemana necesite la sexta generación de cazas y ha dejado abierta la posibilidad de iniciar de cero el proyecto con nuevos socios. Si, finalmente, existe esa necesidad, «entonces veremos quién puede construirla junto con nosotros… pueden ser los españoles, pero hay otros países interesados en hablar con nosotros sobre ello». En círculos industriales, se están discutiendo diversas opciones en caso de que se ponga fin a FCAS, como la cooperación con la empresa sueca de armas Saab en el desarrollo de un nuevo caza, o la participación en el proyecto GCAP (Programa Global de Combate Aéreo), con Gran Bretaña, Italia y Japón.
Alemania se inclina por el F-35 estadounidense
Fuentes del gobierno alemán, por otra parte, confirman que Berlín está considerando comprar más cazas F-35, fabricados en Estados Unidos, de los que encargó 22 unidades en 2022 y que se espera estén operativos en 2028. Sería una compra al fabricante Lockheed Martin por unos 80 millones de dólares cada unidad. La cooperación con Francia en este ámbito quedaría así reducida a los drones y la llamada nube de combate, la columna vertebral digital que conecta plataformas tripuladas y no tripuladas dentro del sistema FCAS. La expansión de la flota alemana de F-35 permitiría ganar tiempo, hasta la estructuración de un incierto proyecto europeo más sólido, pero supondría mientras tanto un giro estratégico significativo hacia una mayor integración militar con Estados Unidos, alejándose de la autonomía de defensa europea que Bruselas ha fijado como prioridad. El F-35, por otra parte, es el único caza occidental certificado para portar las bombas nucleares B61, más parecido al perfil que prefería Francia para el FCAS.
El fracaso definitivo del proyecto sigue dejando a los europeos en estado de dependencia de los cazas estadounidenses F35. Los expertos advierten sobre el peligro estratégico de confiar a Washington el mantenimiento, las actualizaciones de software o logística e incluso hablan de la posibilidad de un «interruptor de apagado a distancia», reiteradamente desmentido por el gobierno alemán. Alrededor de una docena de países europeos poseen el F-35 o quieren adquirirlo, en una cantidad conjunta de varios cientos, aproximadamente tantos Eurofighters como hay hoy en día. Las únicas alternativas a la vista son la «solución de dos aviones» o la entrada en el «Programa Aéreo de Combate Global» británico-italo-japonés (GCAP). El GCAP se utilizará para desarrollar el caza Tempest para 2035, que superará al F-35 y al FCAS. En círculos gubernamentales de Berlín se dice que Meloni está abierta a la participación alemana. Una posible fusión de FCAS y GCAP, por otra parte, podría ahorrar costes y fabricar en mayores cantidades y evitar que varios programas compitan entre si dentro de la UE.
