Publicado: octubre 25, 2026, 2:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/maria-corina-machado-regresa-venezuela-tras-operacion-20261025164628-nt.html
A la salida de la iglesia de Santa Rosa, en Barquisimeto, una mujer le gritó a María Corina Machado: «Tráeme a mis hijos». La dirigente opositora estaba por fin en Venezuela, por sopresa, de improviso, después de más de diez meses fuera del … país, y comenzaba un recorrido hacia Caracas con el que pretendía recuperar el contacto directo con sus seguidores. La petición de aquella mujer resumía una de las expectativas que acompañan su vuelta: que el cambio político permita también el regreso de quienes se marcharon exiliados.
Su primera aparición pública tuvo lugar en el santuario de la Divina Pastora, en el estado de Lara. Desde allí, su equipo anunció un trayecto por carretera con paradas en el peaje de Guacara, en Carabobo; el de Palo Negro, en Aragua, y la autopista Valle-Coche, ya en Caracas. A primera hora de la tarde, sus colaboradores recibían noticias de ciudadanos que se organizaban a miles para esperarla. El itinerario anunciado convertía el regreso en una oportunidad para mostrar cuánto conserva de la movilización que la llevó a encabezar la oposición.
Machado vuelve a un país del que Nicolás Maduro fue sacado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, pero donde la salida del gobernante no desembocó en la entrega del poder a sus adversarios. Donald Trump optó por trabajar con Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta de Maduro. Desde ese momento, el calendario y las condiciones de una transición han quedado ligados a la relación entre Washington y las autoridades que permanecieron en Caracas.
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Ludmila Vinogradoff
El retorno se produjo por Colombia, según la información trasladada a ABC por fuentes de la Administración estadounidense. Esas fuentes atribuyen un papel decisivo a las gestiones de Abelardo de la Espriella y señalan que Christopher Landau, número dos del Departamento de Estado, defendió internamente la necesidad de facilitar la vuelta. La operación acabó realizándose con conocimiento estadounidense y sin que la Casa Blanca mantuviera una oposición que la impidiera.
La distinción es relevante. Que Washington estuviera al tanto y aceptara su regreso no significa que haya abandonado a Delcy ni que vaya a respaldar todas las exigencias de Machado. La dirigente ha recuperado la posibilidad de hacer política dentro de Venezuela, pero todavía debe disputar su lugar en un proceso negociador cuya representación opositora se ha articulado en torno a la Asamblea Nacional elegida en 2015, presidida por Dinorah Figuera.
Trump reaccionó ante los periodistas este domingo con palabras amables hacia Machado, aunque evitó vincular su retorno a un cambio de estrategia. «Espero que esté a salvo», dijo. A continuación, defendió el balance de su política: «Nos está yendo realmente bien en Venezuela». Su respuesta no incluyó un compromiso de acelerar las elecciones ni un anuncio sobre el papel que la opositora tendría en las conversaciones.
Resulta difícil concebir una operación de estas características sin que la Casa Blanca estuviera informadas y, como mínimo, hubiera decidido no impedirla
El mensaje más preciso llegó del secretario de Estado, Marco Rubio. En una declaración difundida en redes sociales, atribuyó las condiciones para el regreso seguro de Machado a las conversaciones de reconciliación respaldadas por Estados Unidos. Afirmó que ese proceso ya había permitido la liberación de cientos de presos políticos y la vuelta del exilio de cientos de figuras de la oposición. Washington presentaba así el retorno como un resultado de su estrategia.
Rubio añadió una exigencia dirigida a las autoridades venezolanas: Estados Unidos espera que se sigan respetando las libertades de todos los sectores políticos. Pero enlazó esa reclamación con otra que alcanza a Machado: «Esperamos que todos los actores políticos apoyen estas conversaciones». Las describió como la mejor oportunidad de Venezuela en treinta años para alcanzar pacíficamente unas elecciones libres y una democracia duradera, sin anunciar una fecha para votar.
La declaración sitúa a la líder opositora ante una presión concreta. Washington reclama garantías para que pueda estar en su país, al tiempo que espera que contribuya al proceso que ha hecho posible su vuelta, según la versión estadounidense. Rubio no condicionó expresamente sus derechos a que participe ni le pidió que apoyara a Delcy. Sí dejó claro que la Administración Trump quiere preservar las negociaciones y sumar a ellas a los actores que siguen fuera.
Ya en territorio venezolano, María Corina Machado pretende recuperar la iniciativa política y reclamar un papel en el futuro de su país
Figuera por su parte defendió la misma lectura. Celebró el retorno de Machado como «un resultado directo del 3 de enero y de la fortaleza del diálogo». Afirmó que la discusión sobre garantías políticas estaba abriendo el camino al regreso del liderazgo opositor y aseguró que la Asamblea Nacional de 2015 mantendría su participación en las conversaciones hasta alcanzar una democracia real y sostenible. Para ese sector opositor, la vuelta demuestra que la negociación produce resultados.
Machado tiene ahora la oportunidad de comprobar sobre el terreno el alcance de esas garantías. Poder entrar en Venezuela constituye un avance respecto a los meses anteriores, pero la normalización de su actividad política dependerá también de que pueda desplazarse, reunirse con sus seguidores y organizar su partido sin intimidaciones. Su presencia obligará a medir las promesas de apertura en actos concretos, más allá de los comunicados sobre el diálogo.
El recibimiento en Lara mostró que conserva seguidores dispuestos a salir a su encuentro. Su equipo difundió mensajes de ciudadanos que la imaginaban como próxima presidenta y organizó las siguientes etapas del recorrido hacia la capital. Esas expresiones de apoyo tienen valor político, aunque no sustituyen una medición electoral ni resuelven la relación entre la movilización ciudadana y las instituciones que deberán organizar una votación.
Las claves de cómo Machado entró en Venezuela y qué sabía la Casa Blanca. https://t.co/RdX18hYJXz
— David Alandete (@alandete) October 25, 2026
La disputa arrastra, además, el resultado de las presidenciales de julio de 2024. Machado ganó las primarias opositoras de 2023, pero su inhabilitación le impidió presentarse contra Maduro. Edmundo González Urrutia acabó ocupando su lugar en la candidatura. Las actas reunidas por la oposición sustentaron su victoria, frente a la proclamación oficial de Maduro. La salida de este último no produjo el reconocimiento efectivo de aquel mandato mediante una transferencia del poder a González.
Por eso, la petición electoral de Machado tiene dos planos: conseguir unas condiciones que permitan competir con garantías y evitar que su preparación se convierta en una espera indefinida. Su sector defiende celebrar las presidenciales el 24 de julio de 2027. La propuesta busca dar una fecha al proceso y permitir que los venezolanos sepan cuándo podrán decidir quién debe gobernarlos. Hasta ahora no existe una convocatoria oficial que cierre esa discusión.
Washington trabaja con un plazo más largo. El horizonte que maneja la Administración Trump es julio de 2028, según la información recabada para esta crónica. Se trata de una preferencia estadounidense, no de una fecha electoral acordada o anunciada. Situaría la votación dentro de unos veintiún meses y permitiría a Delcy prolongar su permanencia al frente del país mientras se negocian las reformas y las condiciones de los comicios.
Donald Trump nos dice sobre María Corina Machado: «Es una mujer muy agradable. Me entregó su Premio Nobel, así que ¿qué otra cosa puedo decir? Espero que esté a salvo. Es una mujer muy agradable. Pero nos está yendo realmente bien en Venezuela». https://t.co/LSZNdZOTQ8
— David Alandete (@alandete) October 25, 2026
Esa diferencia de un año encierra buena parte del pulso que empieza con el regreso. Para Machado, esperar implica mantener durante más tiempo el poder en manos de quienes formaron parte del Gobierno anterior. Para la Administración Trump, la prioridad sigue siendo sostener un proceso negociado con Delcy que preserve la cooperación y permita avanzar hacia unas elecciones bajo las condiciones que Washington considera necesarias.
La apertura económica ha progresado mientras el calendario político continúa pendiente. Estados Unidos ha ampliado las excepciones a las sanciones y permitido recuperar determinadas operaciones con Venezuela, desde el petróleo hasta otros sectores. Ese margen ofrece incentivos para mantener la relación con Washington. También alimenta una pregunta entre quienes reclaman una transición más rápida: hasta qué punto las concesiones económicas estarán acompañadas de obligaciones políticas verificables.
Las excarcelaciones forman parte de esa misma discusión. Rubio las presentó como un logro de las conversaciones, pero la liberación de cientos de personas no equivale a la salida de todos los presos políticos. Quedan casi 400 encerrados. Para las familias que siguen esperando, el regreso de dirigentes exiliados es una señal de apertura que debe extenderse a quienes permanecen encarcelados. La credibilidad del proceso dependerá también de que las garantías alcancen a esos casos.
🇻🇪 Baño de masas de María Corina Machado, exultante en su vuelta a Venezuela
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La Administración Trump seguirá priorizando el diálogo con Delcy y el cauce opositor representado por Figuera. El regreso de Machado no sustituye esa interlocución ni implica que Washington vaya a asumir su calendario. En la presión para adelantar las elecciones, la dirigente deberá apoyarse en su organización, en la movilización ciudadana y en los aliados que defienden una transición más rápida. Tiene respaldo político, pero no un compromiso de la Casa Blanca con sus plazos.
