Maduro se reunió con un enviado de Xi Jinping horas antes de ser capturado por Estados Unidos - Colombia
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Maduro se reunió con un enviado de Xi Jinping horas antes de ser capturado por Estados Unidos

La operación militar de Estados Unidos contra Venezuela saldada con la detención del dictador Nicolás Maduro atañe frontalmente a China. No solo porque nada resulta ajeno a la rivalidad entre la superpotencia establecida y la emergente, enfrentadas por la hegemonía global, sino también – … y en gran medida a consecuencia de lo anterior– porque el gigante asiático representa el principal aliado internacional del régimen hoy descabezado. Sin embargo, de momento China calla.
Para prueba de esta relación privilegiada, la agenda. Una de las últimas actividades oficiales de Maduro antes de su captura, si no la última, fue una reunión con el enviado especial de China para Asuntos de América Latina, Qiu Xiaoqi. La recepción, celebrada en el palacio de Miraflores, contó con la participación de varios diplomáticos chinos, así como de la entonces vicepresidenta, ahora presidenta en funciones, Delcy Rodríguez.

Una conversación para «ratificar el carácter inquebrantable de la hermandad entre Caracas y Pekín, en un contexto geopolítico marcado por la resistencia ante las medidas coercitivas unilaterales y la búsqueda de un desarrollo soberano para los pueblos del Sur Global», según el comunicado oficial emitido por la Presidencia venezolana.
El propio Maduro quiso «agradecer al presidente Xi Jinping siempre su hermandad, como hermano mayor» y «reiterar que China y Venezuela son socios estratégicos», «no solo como socios en materia comercial y energética sino como un aliado político fundamental en la región»; afirmaciones que la realidad ha puesto a prueba en cuestión de horas.

Nicolás Maduro, en una reunión con el enviado especial de china, Qiu Xiaoqi, este viernes en Caracas, Venezuela

EFE

El régimen chino afianzó sus lazos con Venezuela tras la llegada al poder de Hugo Chávez, hasta convertirse en su principal apoyo. Desde entonces ha brindado asistencia en forma de cuantiosos préstamos, ayudas y todo tipo de proyectos que el chavismo ha pagado con petróleo. China supone el primer comprador de crudo venezolano: allí acabaron un 38% de los barriles producidos en 2024 de acuerdo a cifras de Lipow Oil Associates, un 4% de sus importaciones de petróleo a nivel global.

Pérdidas y ganancias

Cuantiosos intereses cruzados que llevaron al gigante asiático a convertirse en la primera potencia global en reconocer y secundar la fraudulenta victoria de Maduro en las elecciones de julio del año pasado, derrotado en realidad por el opositor Edmundo González.
Ante el incremento de la presión en semanas precedentes, China ya había expresado su oposición a «toda forma de unilateralismo e intimidación», criticando la imposición de sanciones y las incautaciones de petroleros como «violaciones del derecho internacional».

Trump, durante una reunión bilateral con el presidente chino Xi Jinping

EP

Ahora, el mundo aguarda su respuesta a un conflicto poliédrico para los intereses del régimen. Por un lado, pierde a un aliado clave en la región, esencial para su suministro energético, y su incapacidad de prevenir primero o prestar apoyo después debilita su posicionamiento como alternativa geopolítica.
Al mismo tiempo, la vulneración flagrante del derecho internacional, en línea con la constante erosión del multilateralismo ejecutada por el presidente estadounidense Donald Trump, difumina la percepción de sus diferencias morales. Todo ello prefigura una respuesta meramente retórica, como ya sucediera durante el ataque a las instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado. Con la vista, siempre, puesta en Taiwán.

Publicado: enero 3, 2026, 7:46 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/maduro-reunio-enviado-jinping-horas-capturado-estados-20260103141422-nt.html

La operación militar de Estados Unidos contra Venezuela saldada con la detención del dictador Nicolás Maduro atañe frontalmente a China. No solo porque nada resulta ajeno a la rivalidad entre la superpotencia establecida y la emergente, enfrentadas por la hegemonía global, sino también –y en gran medida a consecuencia de lo anterior– porque el gigante asiático representa el principal aliado internacional del régimen hoy descabezado. Sin embargo, de momento China calla.

Para prueba de esta relación privilegiada, la agenda. Una de las últimas actividades oficiales de Maduro antes de su captura, si no la última, fue una reunión con el enviado especial de China para Asuntos de América Latina, Qiu Xiaoqi. La recepción, celebrada en el palacio de Miraflores, contó con la participación de varios diplomáticos chinos, así como de la entonces vicepresidenta, ahora presidenta en funciones, Delcy Rodríguez.

Una conversación para «ratificar el carácter inquebrantable de la hermandad entre Caracas y Pekín, en un contexto geopolítico marcado por la resistencia ante las medidas coercitivas unilaterales y la búsqueda de un desarrollo soberano para los pueblos del Sur Global», según el comunicado oficial emitido por la Presidencia venezolana.

El propio Maduro quiso «agradecer al presidente Xi Jinping siempre su hermandad, como hermano mayor» y «reiterar que China y Venezuela son socios estratégicos», «no solo como socios en materia comercial y energética sino como un aliado político fundamental en la región»; afirmaciones que la realidad ha puesto a prueba en cuestión de horas.


Nicolás Maduro, en una reunión con el enviado especial de china, Qiu Xiaoqi, este viernes en Caracas, Venezuela


EFE

El régimen chino afianzó sus lazos con Venezuela tras la llegada al poder de Hugo Chávez, hasta convertirse en su principal apoyo. Desde entonces ha brindado asistencia en forma de cuantiosos préstamos, ayudas y todo tipo de proyectos que el chavismo ha pagado con petróleo. China supone el primer comprador de crudo venezolano: allí acabaron un 38% de los barriles producidos en 2024 de acuerdo a cifras de Lipow Oil Associates, un 4% de sus importaciones de petróleo a nivel global.

Pérdidas y ganancias

Cuantiosos intereses cruzados que llevaron al gigante asiático a convertirse en la primera potencia global en reconocer y secundar la fraudulenta victoria de Maduro en las elecciones de julio del año pasado, derrotado en realidad por el opositor Edmundo González.

Ante el incremento de la presión en semanas precedentes, China ya había expresado su oposición a «toda forma de unilateralismo e intimidación», criticando la imposición de sanciones y las incautaciones de petroleros como «violaciones del derecho internacional».


Trump, durante una reunión bilateral con el presidente chino Xi Jinping


EP

Ahora, el mundo aguarda su respuesta a un conflicto poliédrico para los intereses del régimen. Por un lado, pierde a un aliado clave en la región, esencial para su suministro energético, y su incapacidad de prevenir primero o prestar apoyo después debilita su posicionamiento como alternativa geopolítica.

Al mismo tiempo, la vulneración flagrante del derecho internacional, en línea con la constante erosión del multilateralismo ejecutada por el presidente estadounidense Donald Trump, difumina la percepción de sus diferencias morales. Todo ello prefigura una respuesta meramente retórica, como ya sucediera durante el ataque a las instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado. Con la vista, siempre, puesta en Taiwán.

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