Los supervivientes de Nova vuelven a bailar tres años después del 7 de octubre: «No vamos a parar» - Colombia
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Los supervivientes de Nova vuelven a bailar tres años después del 7 de octubre: «No vamos a parar»

Israel afronta el tercer aniversario del 7 de octubre en plena carrera electoral y el ataque sorpresa de Hamás está en el centro del debate político. Medios como ‘Haaretz’ desvelaron que Benjamín Netanyahu recibió un aviso previo sobre los planes de los islamistas, pero no hizo caso … . El primer ministro, que bloquea la puesta en marcha de una comisión de investigación sobre lo sucedido, lo niega. En medio del pulso político, miles de supervivientes rehacen sus vidas tras haber superado aquel «sábado negro» que dejó alrededor de 1.200 muertos y 251 secuestrados, según datos oficiales israelíes, y abrió las puertas a una operación militar por la que Israel está siendo investigado por la justicia internacional bajo la acusación de ‘genocidio’.
Además de las bases militares y las comunidades agrícolas vecinas, los milicianos de Hamás y de otros grupos palestinos que superaron la valla de seguridad se encontraron con unas 3.000 de personas que bailaban a las puertas de la Franja en el festival Súper Nova, una gran fiesta al aire libre de música electrónica y trance psicodélico organizada por Tribe of Nova junto al kibutz Reim.

A las 6.29 de la mañana de aquel «sábado negro» Tal Shimony, de 28 años, pasó de estar bailando a intentar escapar. Empezaron los cohetes, los disparos, el pánico y durante las horas siguientes estuvo intentando localizar y ayudar a gente: enviaba ubicaciones de personas conocidas y desconocidas y recibía llamadas de madres que intentaban saber dónde estaban sus hijos. En un momento llegó a estar con el teléfono en una mano y un cuchillo en la otra, porque temía que los atacantes se acercaran al lugar donde se encontraba escondida, según contó en un podcast de la American Jews Committee (AJC).

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Mikel Ayestaran

Shimony, de 28 años, vivía en Berlín y viajó a Israel para el festival. Pasados tres años vuelve a bailar. Lo hace en Israel, pero también en festivales internacionales como el Own Spirit, al que acudió hace unas semanas cerca de Barcelona. Lleva casi la mitad de su vida vinculada a la música psytrance (una variante psicodélica de la música electrónica), pero desde el 7 de octubre bailar ya no es lo mismo. Algunas veces está en mitad de la pista, rodeada de música y amigos, y deja de estar allí. «Vuelvo a aquel evento y sufro ataques de ansiedad en mitad del festival. Antes nunca me pasaba», explica. Aun así, se obliga a continuar: «Si renuncio a una parte de mí porque alguien me ha obligado a renunciar a mi propia vida, sería una muerta en vida. Y no quiero eso».
Shimony asegura que tiene dos cumpleaños: «El primero es el de mi nacimiento y el segundo, el 7 de octubre. Soy una persona completamente diferente. Hay gente que creció conmigo que ahora casi no me reconoce». Lo más difícil ahora es algo tan elemental como cerrar los ojos por la noche. «Dormir es difícil. Hay noches en las que simplemente no dormimos. Antes nunca había tenido problemas», lamenta esta joven que ha decidido dar un giro a su vida. Abandonó Berlín, donde después del ataque llegó a ser increpada por ser israelí y algunos amigos dejaron de hablarle, para retornar a Israel junto a su familia y concentrarse en su recuperación.

Imposible vuelta a la normalidad

Tal Ben-Dror, de 34 años y residente en Rishpon, tomó aquel día una ruta diferente para escapar de la misma matanza. Había acudido a Nova con un grupo de amigos. Cuando comenzaron los cohetes estaba bailando. Corrieron durante horas hasta que fueron recogidos y llevados a una granja, donde permanecieron escondidos antes de conseguir salir de la zona. Entre quienes no regresaron estaba su amiga Sharona. Tres años después continúa ocupando un lugar central en su vida y la entrevista con este periódico coincide con el día en que Sharona habría celebrado su cumpleaños. «Ella ya no puede hablar, pero yo puedo y por eso tengo que contar lo sucedido», afirma.

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Ben-Dror tomó inicialmente el camino de intentar recuperar la normalidad para superar el trauma. Regresó a su trabajo en una empresa de ‘high tech’ porque necesitaba demostrarse que podía continuar con su antigua vida. «Quería probarme a mí misma que estaba bien, pero no lo estaba, sobrevivía cada día en la oficina y pasé así dos años. Entonces dejé el trabajo y estuve unos siete meses sin trabajar. La terapia, que comenzó la primera semana después del ataque, continúa hasta hoy», recuerda.
Dedicó esos meses a tomar parte en un taller de teatro organizado dentro de su proceso de recuperación y esto acabó cambiando su futuro. Descubrió el psicodrama y este mes comenzará un máster para dedicarse profesionalmente a ello. «Quiero ayudar a la gente de la misma manera en la que yo recibí ayuda. No cambiamos, nos desarrollamos. Yo me he desarrollado a causa de estos horrores», asegura.

Superar el trauma

Las historias de las dos Tal confluyen en Nova Tribe Community, la organización nacida tras el ataque para dar apoyo a los supervivientes y familiares. La comunidad supera actualmente las 10.000 personas. La asociación mantiene actualmente la memoria de 413 fallecidos de su comunidad. Las dos consideran que contar lo ocurrido forma parte también de su nueva vida.
«Sé que me salvó la vida. Y salvó muchas otras. Nova Tribe financia tratamientos psicológicos y terapias alternativas, atiende situaciones de emergencia y ha creado programas para que unos supervivientes acompañen a otros. Hay algún programa todos los días en algún lugar del país», cuenta Shimony sobre la organización. Para Ben-Dror, esta red se convirtió en «una segunda familia. Desde el primer mes participé en sesiones de terapia y después en talleres de natación, escritura y teatro, retiros y encuentros comunitarios. Sentía que no estaba sola, que estábamos juntos en esto».
La clave para Shimony es intentar superar el trauma a través del baile. Durante mucho tiempo el lema de la comunidad fue ‘We will dance again’ («volveremos a bailar»). Shimony cree que tres años después ha llegado el momento de cambiar el tiempo verbal. «Durante el último año hemos empezado a decir por todo el mundo que «We are dancing again» («estamos bailando otra vez»). Y sentencia: «No vamos a parar».

Publicado: octubre 5, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/testimonios-festival-nova-20261005010916-nt.html

Israel afronta el tercer aniversario del 7 de octubre en plena carrera electoral y el ataque sorpresa de Hamás está en el centro del debate político. Medios como ‘Haaretz’ desvelaron que Benjamín Netanyahu recibió un aviso previo sobre los planes de los islamistas, pero no hizo caso … . El primer ministro, que bloquea la puesta en marcha de una comisión de investigación sobre lo sucedido, lo niega. En medio del pulso político, miles de supervivientes rehacen sus vidas tras haber superado aquel «sábado negro» que dejó alrededor de 1.200 muertos y 251 secuestrados, según datos oficiales israelíes, y abrió las puertas a una operación militar por la que Israel está siendo investigado por la justicia internacional bajo la acusación de ‘genocidio’.

Además de las bases militares y las comunidades agrícolas vecinas, los milicianos de Hamás y de otros grupos palestinos que superaron la valla de seguridad se encontraron con unas 3.000 de personas que bailaban a las puertas de la Franja en el festival Súper Nova, una gran fiesta al aire libre de música electrónica y trance psicodélico organizada por Tribe of Nova junto al kibutz Reim.

A las 6.29 de la mañana de aquel «sábado negro» Tal Shimony, de 28 años, pasó de estar bailando a intentar escapar. Empezaron los cohetes, los disparos, el pánico y durante las horas siguientes estuvo intentando localizar y ayudar a gente: enviaba ubicaciones de personas conocidas y desconocidas y recibía llamadas de madres que intentaban saber dónde estaban sus hijos. En un momento llegó a estar con el teléfono en una mano y un cuchillo en la otra, porque temía que los atacantes se acercaran al lugar donde se encontraba escondida, según contó en un podcast de la American Jews Committee (AJC).

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  • Mikel Ayestaran

Shimony, de 28 años, vivía en Berlín y viajó a Israel para el festival. Pasados tres años vuelve a bailar. Lo hace en Israel, pero también en festivales internacionales como el Own Spirit, al que acudió hace unas semanas cerca de Barcelona. Lleva casi la mitad de su vida vinculada a la música psytrance (una variante psicodélica de la música electrónica), pero desde el 7 de octubre bailar ya no es lo mismo. Algunas veces está en mitad de la pista, rodeada de música y amigos, y deja de estar allí. «Vuelvo a aquel evento y sufro ataques de ansiedad en mitad del festival. Antes nunca me pasaba», explica. Aun así, se obliga a continuar: «Si renuncio a una parte de mí porque alguien me ha obligado a renunciar a mi propia vida, sería una muerta en vida. Y no quiero eso».

Shimony asegura que tiene dos cumpleaños: «El primero es el de mi nacimiento y el segundo, el 7 de octubre. Soy una persona completamente diferente. Hay gente que creció conmigo que ahora casi no me reconoce». Lo más difícil ahora es algo tan elemental como cerrar los ojos por la noche. «Dormir es difícil. Hay noches en las que simplemente no dormimos. Antes nunca había tenido problemas», lamenta esta joven que ha decidido dar un giro a su vida. Abandonó Berlín, donde después del ataque llegó a ser increpada por ser israelí y algunos amigos dejaron de hablarle, para retornar a Israel junto a su familia y concentrarse en su recuperación.

Imposible vuelta a la normalidad

Tal Ben-Dror, de 34 años y residente en Rishpon, tomó aquel día una ruta diferente para escapar de la misma matanza. Había acudido a Nova con un grupo de amigos. Cuando comenzaron los cohetes estaba bailando. Corrieron durante horas hasta que fueron recogidos y llevados a una granja, donde permanecieron escondidos antes de conseguir salir de la zona. Entre quienes no regresaron estaba su amiga Sharona. Tres años después continúa ocupando un lugar central en su vida y la entrevista con este periódico coincide con el día en que Sharona habría celebrado su cumpleaños. «Ella ya no puede hablar, pero yo puedo y por eso tengo que contar lo sucedido», afirma.

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Ben-Dror tomó inicialmente el camino de intentar recuperar la normalidad para superar el trauma. Regresó a su trabajo en una empresa de ‘high tech’ porque necesitaba demostrarse que podía continuar con su antigua vida. «Quería probarme a mí misma que estaba bien, pero no lo estaba, sobrevivía cada día en la oficina y pasé así dos años. Entonces dejé el trabajo y estuve unos siete meses sin trabajar. La terapia, que comenzó la primera semana después del ataque, continúa hasta hoy», recuerda.

Dedicó esos meses a tomar parte en un taller de teatro organizado dentro de su proceso de recuperación y esto acabó cambiando su futuro. Descubrió el psicodrama y este mes comenzará un máster para dedicarse profesionalmente a ello. «Quiero ayudar a la gente de la misma manera en la que yo recibí ayuda. No cambiamos, nos desarrollamos. Yo me he desarrollado a causa de estos horrores», asegura.

Superar el trauma

Las historias de las dos Tal confluyen en Nova Tribe Community, la organización nacida tras el ataque para dar apoyo a los supervivientes y familiares. La comunidad supera actualmente las 10.000 personas. La asociación mantiene actualmente la memoria de 413 fallecidos de su comunidad. Las dos consideran que contar lo ocurrido forma parte también de su nueva vida.

«Sé que me salvó la vida. Y salvó muchas otras. Nova Tribe financia tratamientos psicológicos y terapias alternativas, atiende situaciones de emergencia y ha creado programas para que unos supervivientes acompañen a otros. Hay algún programa todos los días en algún lugar del país», cuenta Shimony sobre la organización. Para Ben-Dror, esta red se convirtió en «una segunda familia. Desde el primer mes participé en sesiones de terapia y después en talleres de natación, escritura y teatro, retiros y encuentros comunitarios. Sentía que no estaba sola, que estábamos juntos en esto».

La clave para Shimony es intentar superar el trauma a través del baile. Durante mucho tiempo el lema de la comunidad fue ‘We will dance again’ («volveremos a bailar»). Shimony cree que tres años después ha llegado el momento de cambiar el tiempo verbal. «Durante el último año hemos empezado a decir por todo el mundo que «We are dancing again» («estamos bailando otra vez»). Y sentencia: «No vamos a parar».

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