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Los profesores franceses, entre la espada de las protestas y la pared del Gobierno

«Ahora mismo solo vivo pensando en el día a día. No sé lo que pasará la semana que viene». Cyril Coupaud trabaja como director del instituto Parc des Loges en Évry-Courcouronnes, en el sur de la región de París. Su liceo es … uno de los afectados por las protestas estudiantiles que han puesto en aprietos al Gobierno francés. Aunque los episodios de violencia urbana disminuyeron durante la última semana, la situación continúa siendo incierta y tensa en algunos centros educativos. «Espero que pueda resolverse pronto, pero hace falta para ello que el Ejecutivo entienda las reivindicaciones de los jóvenes», explica Coupaud en una entrevista para este medio.
El director no disimula su frustración por sentirse atrapado entre las protestas de los estudiantes –en algunos casos con métodos muy agresivos– y unos ministros «que han actuado como pirómanos». Como otros responsables de centros educativos, ha sufrido en sus carnes esta situación. De hecho, han circulado en las redes sociales imágenes, probablemente generadas con IA, en las que lo presentaban como un demonio y le prometían una «pesadilla». O lo mostraban como si fuera un delincuente del Lejano Oeste americano, y su cara aparecía al lado del mensaje ‘Wanted’ (‘Se busca’, en inglés).

«Hace 27 años que trabajo para la Educación Nacional y no esperaba que algún día hubiera este tipo de amenazas contra mí. Fue bastante violento», asegura Coupaud, quien es también el secretario en la demarcación educativa de Versalles del sindicato de directores más relevante en Francia (SNPDEN-UNSA). Aunque no hay que banalizarlas, estas amenazas en las redes parecen casi secundarias al lado de las palizas sufridas por algunos directores o docentes.

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Enric Bonet

Desde el inicio de este movimiento estudiantil en contra de la precarización de la educación pública en Francia, un centenar de directores, profesores u otros profesionales del sector resultaron heridos, según datos gubernamentales. Unos 800 agentes de Policía y 200 estudiantes también sufrieron heridas. Algunos manifestantes han sufrido heridas que les marcarán de por vida, a causa de la contundente respuesta de las fuerzas de seguridad. Ha habido un adolescente, de 15 años, que perdió una mano y parte del brazo a causa de una granada policial; otro que sufrió una doble fractura en la mandíbula y perdió numerosos dientes por el impacto en la cara de una granada lacrimógena; y un tercero quedó tuerto a causa de una pelota de goma.
Esta oleada de protestas estudiantiles, a la que se sumaron esta semana los universitarios, ha dejado todo tipo de imágenes. Algunas de ellas festivas con manifestaciones multitudinarias, otras se vieron ensombrecidas por graves episodios de violencia urbana. Esta diversidad también se ve reflejada en las distintas reacciones de los profesores. No cuesta encontrar a docentes que apoyan las protestas ayudando a los alumnos a organizar los piquetes o participando en las marchas –fueron especialmente masivas las del 6 de octubre– convocadas por los sindicatos estudiantiles. Otros han preferido hacer un llamamiento a la calma después de haber sido agredidos por sus propios alumnos u otros jóvenes.
«Cuando una situación se deteriora de esta manera, esto significa que no hemos sabido crear las condiciones del diálogo. Además, pienso que el Gobierno no supo captar el fuerte malestar de los bachilleres», explicó Thierry Laurent, profesor de Física y Química cerca de Marsella, al diario ‘Le Figaro’. Este docente en el liceo La Méditerranée de La Ciotat sufrió una de las agresiones que impactaron a la opinión pública gala. Como intentó evitar que unos manifestantes quemaran un árbol, uno de los alumnos de su centro, de 16 años y al que no conocía, le lanzó gasolina en la cara y le dio una patada en el trasero.

Thierry Laurent, professeur de physique-chimie, a été aspergé d’essence en marge d’une mobilisation lycéenne à La Ciotat, vendredi 2 octobre. Un adolescent de 16 ans, élève du même lycée et soupçonné d’être impliqué dans les faits, a été interpellé et placé en garde à vue dimanche 4 octobre dans le cadre de l’enquête.— franceinfo (@franceinfo) October 5, 2026  

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También en Marsella, un director adjunto que intentó apagar con un extintor unos contenedores en llamas fue empujado y pegado cuando estaba en el suelo. En Saint-Chamond (cerca de Lyon), otro responsable adjunto de un liceo resultó herido en la cara a causa de los lanzamientos de fuegos artificiales. Estos mismos petardos, utilizados a menudo por jóvenes que se involucran en las protestas de la peor de las maneras, causaron heridas a docentes de Bayona, en el País Vasco francés.

Huelga de estudiantes y docentes

«Cuando los bachilleres expresan su indignación en manifestaciones organizadas por los sindicatos, estas han transcurrido bastante bien. En cambio, sí que se produjeron muchos enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios durante las acciones de bloqueo delante de institutos», apunta Virginie Aklioutat, secretaria general del FSU –una de las principales organizaciones de docentes– en la región marsellesa. Según esta sindicalista, a menudo los disturbios no son responsabilidad de los propios estudiantes, «sino de otros jóvenes» que estudian en otros centros o dejaron de formarse. Así sucedió, por ejemplo, con el saqueo e incendio de un vehículo de bomberos en los Barrios Norte de Marsella, una zona gangrenada por el narcotráfico.

«Hacemos de barrera todos los días entre los antidisturbios y los alumnos. Así protegemos a los chavales»

Natalia Ruiz
Profesora de español en un instituto de Saint-Denis

Natalia Ruiz, de 39 años, da clases de español desde hace cinco años en un instituto en Saint-Denis. Esta localidad modesta y multicultural de la periferia de la capital fue una de las primeras donde empezaron las protestas. «Alrededor del 70% de los trabajadores del liceo Suger hicimos huelga el 29 de septiembre –fecha de una huelga nacional de funcionarios– y apoyamos las acciones estudiantiles», declara esta docente. Como otros de sus compañeros, ayuda a los estudiantes implicados en las acciones de contestación: «Hacemos de barrera todos los días entre los antidisturbios y los alumnos. Así protegemos a los chavales».

«Las reivindicaciones de los estudiantes tratan los mismos problemas que los profesores denunciamos desde hace años»

Ketty Valcke
Maestra de Geografía e Historia en París

«Las reivindicaciones de los estudiantes tratan los mismos problemas que los profesores denunciamos desde hace años», consideraba Ketty Valcke, de 46 años, pocos minutos después del inicio el jueves de una concentración estudiantil multitudinaria en la Plaza de la Bastilla. Esta maestra de Historia y Geografía en la capital citaba como críticas comunes el polémico sistema de selección universitaria (Parcoursup), la mala organización de los horarios desde una reforma en 2019, la falta de docentes o el número excesivo de alumnos por aula. «Cuando uno tiene a 35 por clase, difícilmente puede ayudar a aquellos con más dificultades», se quejaba desde las escaleras de la Ópera de la Bastilla.

Un diálogo interno que no entusiasma

El Gobierno francés propuso para calmar la indignación estudiantil que cada instituto dedicara media jornada el jueves o el viernes para que hubiera un momento de «democracia educativa». Esa propuesta no entusiasmó a muchos profesores y los sindicatos de docentes pidieron que no la aplicaran. «No somos los maestros los que tenemos que aportar una respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes, sino el ministro de Educación», considera Ketty Valcke, que da clases de Historia y Geografía en el distrito XII (este) de París. A contracorriente de lo que defendía la organización en la que milita, Cyril Coupaud intentó en su instituto organizar dos horas de diálogo con los alumnos de cada uno de los tres años del Bachillerato. «Pero no pudimos celebrarla, puesto que los estudiantes bloquearon la entrada del centro el jueves y el viernes y la mayoría de ellos no pudieron entrar. Muchos de ellos me dijeron que no querían participar en ese tipo de discusión», afirma este director de un instituto en el sur de la región parisina. Según este funcionario, «el fracaso de mi iniciativa me demostró que no se trataba de una buena idea». «Los directores no podemos ser el chivo expiatorio de los pirómanos que nos dirigen», añade. Se nota que está muy irritado con la manera en que el Ejecutivo ha gestionado este estallido social.

Tras unos diez días en que algunos profesores se implicaron en las protestas «para ayudar a los alumnos a organizarse» y que los piquetes no degenerasen, sindicatos estudiantiles y de docentes han convocado las mismas huelgas y manifestaciones el martes. Esa jornada servirá de prueba para el Gobierno de Sébastien Lecornu (primer ministro) y Emmanuel Macron (presidente), que confía en pasar página de esta crisis social. Los sectores movilizados, en cambio, quieren aumentar la presión para conseguir más medios económicos para la educación pública. Y así evitar que ese sector se vea afectado por los recortes que prepara el Ejecutivo para reducir el elevado déficit público.

Publicado: octubre 10, 2026, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/profesores-franceses-espada-protestas-pared-gobierno-20261010205159-nt.html

«Ahora mismo solo vivo pensando en el día a día. No sé lo que pasará la semana que viene». Cyril Coupaud trabaja como director del instituto Parc des Loges en Évry-Courcouronnes, en el sur de la región de París. Su liceo es … uno de los afectados por las protestas estudiantiles que han puesto en aprietos al Gobierno francés. Aunque los episodios de violencia urbana disminuyeron durante la última semana, la situación continúa siendo incierta y tensa en algunos centros educativos. «Espero que pueda resolverse pronto, pero hace falta para ello que el Ejecutivo entienda las reivindicaciones de los jóvenes», explica Coupaud en una entrevista para este medio.

El director no disimula su frustración por sentirse atrapado entre las protestas de los estudiantes –en algunos casos con métodos muy agresivos– y unos ministros «que han actuado como pirómanos». Como otros responsables de centros educativos, ha sufrido en sus carnes esta situación. De hecho, han circulado en las redes sociales imágenes, probablemente generadas con IA, en las que lo presentaban como un demonio y le prometían una «pesadilla». O lo mostraban como si fuera un delincuente del Lejano Oeste americano, y su cara aparecía al lado del mensaje ‘Wanted’ (‘Se busca’, en inglés).

«Hace 27 años que trabajo para la Educación Nacional y no esperaba que algún día hubiera este tipo de amenazas contra mí. Fue bastante violento», asegura Coupaud, quien es también el secretario en la demarcación educativa de Versalles del sindicato de directores más relevante en Francia (SNPDEN-UNSA). Aunque no hay que banalizarlas, estas amenazas en las redes parecen casi secundarias al lado de las palizas sufridas por algunos directores o docentes.

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  • Enric Bonet

Desde el inicio de este movimiento estudiantil en contra de la precarización de la educación pública en Francia, un centenar de directores, profesores u otros profesionales del sector resultaron heridos, según datos gubernamentales. Unos 800 agentes de Policía y 200 estudiantes también sufrieron heridas. Algunos manifestantes han sufrido heridas que les marcarán de por vida, a causa de la contundente respuesta de las fuerzas de seguridad. Ha habido un adolescente, de 15 años, que perdió una mano y parte del brazo a causa de una granada policial; otro que sufrió una doble fractura en la mandíbula y perdió numerosos dientes por el impacto en la cara de una granada lacrimógena; y un tercero quedó tuerto a causa de una pelota de goma.

Esta oleada de protestas estudiantiles, a la que se sumaron esta semana los universitarios, ha dejado todo tipo de imágenes. Algunas de ellas festivas con manifestaciones multitudinarias, otras se vieron ensombrecidas por graves episodios de violencia urbana. Esta diversidad también se ve reflejada en las distintas reacciones de los profesores. No cuesta encontrar a docentes que apoyan las protestas ayudando a los alumnos a organizar los piquetes o participando en las marchas –fueron especialmente masivas las del 6 de octubre– convocadas por los sindicatos estudiantiles. Otros han preferido hacer un llamamiento a la calma después de haber sido agredidos por sus propios alumnos u otros jóvenes.

«Cuando una situación se deteriora de esta manera, esto significa que no hemos sabido crear las condiciones del diálogo. Además, pienso que el Gobierno no supo captar el fuerte malestar de los bachilleres», explicó Thierry Laurent, profesor de Física y Química cerca de Marsella, al diario ‘Le Figaro’. Este docente en el liceo La Méditerranée de La Ciotat sufrió una de las agresiones que impactaron a la opinión pública gala. Como intentó evitar que unos manifestantes quemaran un árbol, uno de los alumnos de su centro, de 16 años y al que no conocía, le lanzó gasolina en la cara y le dio una patada en el trasero.

 

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También en Marsella, un director adjunto que intentó apagar con un extintor unos contenedores en llamas fue empujado y pegado cuando estaba en el suelo. En Saint-Chamond (cerca de Lyon), otro responsable adjunto de un liceo resultó herido en la cara a causa de los lanzamientos de fuegos artificiales. Estos mismos petardos, utilizados a menudo por jóvenes que se involucran en las protestas de la peor de las maneras, causaron heridas a docentes de Bayona, en el País Vasco francés.

Huelga de estudiantes y docentes

«Cuando los bachilleres expresan su indignación en manifestaciones organizadas por los sindicatos, estas han transcurrido bastante bien. En cambio, sí que se produjeron muchos enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios durante las acciones de bloqueo delante de institutos», apunta Virginie Aklioutat, secretaria general del FSU –una de las principales organizaciones de docentes– en la región marsellesa. Según esta sindicalista, a menudo los disturbios no son responsabilidad de los propios estudiantes, «sino de otros jóvenes» que estudian en otros centros o dejaron de formarse. Así sucedió, por ejemplo, con el saqueo e incendio de un vehículo de bomberos en los Barrios Norte de Marsella, una zona gangrenada por el narcotráfico.

«Hacemos de barrera todos los días entre los antidisturbios y los alumnos. Así protegemos a los chavales»

Natalia Ruiz

Profesora de español en un instituto de Saint-Denis

Natalia Ruiz, de 39 años, da clases de español desde hace cinco años en un instituto en Saint-Denis. Esta localidad modesta y multicultural de la periferia de la capital fue una de las primeras donde empezaron las protestas. «Alrededor del 70% de los trabajadores del liceo Suger hicimos huelga el 29 de septiembre –fecha de una huelga nacional de funcionarios– y apoyamos las acciones estudiantiles», declara esta docente. Como otros de sus compañeros, ayuda a los estudiantes implicados en las acciones de contestación: «Hacemos de barrera todos los días entre los antidisturbios y los alumnos. Así protegemos a los chavales».

«Las reivindicaciones de los estudiantes tratan los mismos problemas que los profesores denunciamos desde hace años»

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Maestra de Geografía e Historia en París

«Las reivindicaciones de los estudiantes tratan los mismos problemas que los profesores denunciamos desde hace años», consideraba Ketty Valcke, de 46 años, pocos minutos después del inicio el jueves de una concentración estudiantil multitudinaria en la Plaza de la Bastilla. Esta maestra de Historia y Geografía en la capital citaba como críticas comunes el polémico sistema de selección universitaria (Parcoursup), la mala organización de los horarios desde una reforma en 2019, la falta de docentes o el número excesivo de alumnos por aula. «Cuando uno tiene a 35 por clase, difícilmente puede ayudar a aquellos con más dificultades», se quejaba desde las escaleras de la Ópera de la Bastilla.

Un diálogo interno que no entusiasma

El Gobierno francés propuso para calmar la indignación estudiantil que cada instituto dedicara media jornada el jueves o el viernes para que hubiera un momento de «democracia educativa». Esa propuesta no entusiasmó a muchos profesores y los sindicatos de docentes pidieron que no la aplicaran. «No somos los maestros los que tenemos que aportar una respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes, sino el ministro de Educación», considera Ketty Valcke, que da clases de Historia y Geografía en el distrito XII (este) de París. A contracorriente de lo que defendía la organización en la que milita, Cyril Coupaud intentó en su instituto organizar dos horas de diálogo con los alumnos de cada uno de los tres años del Bachillerato. «Pero no pudimos celebrarla, puesto que los estudiantes bloquearon la entrada del centro el jueves y el viernes y la mayoría de ellos no pudieron entrar. Muchos de ellos me dijeron que no querían participar en ese tipo de discusión», afirma este director de un instituto en el sur de la región parisina. Según este funcionario, «el fracaso de mi iniciativa me demostró que no se trataba de una buena idea». «Los directores no podemos ser el chivo expiatorio de los pirómanos que nos dirigen», añade. Se nota que está muy irritado con la manera en que el Ejecutivo ha gestionado este estallido social.

Tras unos diez días en que algunos profesores se implicaron en las protestas «para ayudar a los alumnos a organizarse» y que los piquetes no degenerasen, sindicatos estudiantiles y de docentes han convocado las mismas huelgas y manifestaciones el martes. Esa jornada servirá de prueba para el Gobierno de Sébastien Lecornu (primer ministro) y Emmanuel Macron (presidente), que confía en pasar página de esta crisis social. Los sectores movilizados, en cambio, quieren aumentar la presión para conseguir más medios económicos para la educación pública. Y así evitar que ese sector se vea afectado por los recortes que prepara el Ejecutivo para reducir el elevado déficit público.

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