Publicado: agosto 30, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/lockerbie-tragedia-acaba-20260830011936-nt.html
En muchas ocasiones, los familiares de las víctimas de crímenes necesitan que se haga justicia para poder pasar página, para encontrar un cierre al drama personal de la pérdida. Que se conozcan los hechos, que se encuentre a los sospechosos, que se les contraponga a … las pruebas y que se llegue a un veredicto y a una condena. En el caso de uno de los atentados terroristas más importantes de la historia contemporánea, el de la explosión del vuelo Pan Am 103 en 1988, ese cierre es huidizo. Después de cuatro décadas de investigaciones, juicios, condenas, apelaciones, teorías contrapuestas y abundantes documentales y series al respecto, esta semana estaba previsto que comenzara en Washington el juicio contra el acusado de haber construido la bomba que hizo estallar el avión en pleno vuelo. Pero el proceso se ha vuelto a retrasar por la aparición de nuevas pruebas.
La causa está abierta contra Abu Agila Masud Kheir Al-Marimi, un ciudadano de Libia, y supone el último giro de la tragedia de Lockerbie, el pueblo de Escocia sobre el que se precipitó el avión tras el estallido de la bomba.
Murieron 270 personas, en uno de los peores ataques terroristas de la historia: 243 pasajeros, 16 miembros de la tripulación y 11 residentes de Lockerbie sobre los que cayó el avión.
Ocurrió el 21 de diciembre de 1988, en un vuelo de la extinta aerolínea Pan Am que cubría el trayecto Frankfurt-Nueva York, con escala y cambio de avión en Londres. Tras poco más de media hora en el aire, la bomba explotó. Iba alojada en una maleta y disfrazada como si fuera un radio cassette. La detonación separó la cabina de mando del resto del avión, que volaba a 9.400 metros de altura. En su impacto dejó un cráter de casi cincuenta metros de largo.
Listado de los muertos en el desastre de Lockerbie.
(AP)
La mayor escena de crimen de la historia
La explosión creó la mayor escena de crimen de la historia: se encontraron piezas del avión en un área de 2.000 kilómetros cuadrados. Se tardaron meses en recoger restos y pruebas, en el comienzo de un proceso judicial que se alarga hasta hoy.
El atentado era un ataque claro contra EE.UU. La gran mayoría de los pasajeros eran estadounidenses, aunque en el avión fallecieron ciudadanos de 21 países. Entre ellos, una española, Nieves Larracoechea, azafata de Pan Am, que planeaba pasar la Nochebuena con su familia en el País Vasco tras regresar de Nueva York.
Las primeras sospechas sobre la autoría recayeron sobre Irán, enemigo declarado -entonces y ahora- de EE.UU. El atentado contra el avión encajaba como represalia a lo ocurrido cinco meses antes: un barco de guerra estadounidense derribó un avión comercial sobre el Golfo Pérsico. Murieron 290 personas. Y dos meses antes de la tragedia de Lockerbie, la policía alemana ejecutó redadas contra un grupo terrorista con apoyo iraní y sirio, el Comando General del Frente Popular para la Liberación de Palestina. En ellas, encontraron bombas con apariencia de radio cassette y horarios de vuelos de Pan Am.
Las pruebas que encontraron los investigadores, sin embargo, les llevaron a otro destino: la Libia de Muamar el Gadafi. El dictador africano había patrocinado actos de terrorismo contra EE.UU. y podía buscar venganza por la supuesta muerte de una hija adoptada durante un bombardeo estadounidense en su país.
En la Libia de Gadafi
En 1991, EE.UU. acusó del atentado a dos oficiales de la inteligencia libia. La alegación fue que pusieron la bomba en una maleta en Malta, que enviaron a Frankfurt para ser llevada sin pasajero en la bodega del vuelo que después salió con destino final en Nueva York. Los sospechosos eran Abdel Baset Ali al-Megrahi y Lamen Khalifa Fhimah.
Gadafi se opuso a entregarlos a la justicia estadounidense. Tras años de presiones y sanciones, accedió a que fueran juzgados por un tribunal formado por jueces escoceses en una base militar de EE.UU. en Holanda. El juicio arrancó en el año 2000 y Megrahi fue condenado. Fhimah, que falleció hace unos días a los 70 años, fue absuelto.
Gadafi, que seguía acosado por las sanciones, llegó a pagar una compensación a las víctimas, aunque nunca reconoció que ordenara ni diera su bendición al atentado. Pero sí hubo figuras muy cercanas a él -un ministro, familiares- que defendieron que el dictador estuvo detrás de la tragedia.
Las apelaciones de Megrahi no tuvieron éxito y su condena a cadena perpetua se mantuvo hasta 2009, cuando Escocia lo liberó por compasión, por un cáncer terminal. Falleció en 2012.
Nada de eso contentó a quienes sostenían que Megrahi era inocente y que se despreciaron otras líneas de investigación porque no interesaban a la política exterior de EE.UU. Por ejemplo, la conexión siria, para no estropear la relación con el entonces presidente de Siria, Hafez al-Assad.
Era algo que defendían incluso algunos familiares de víctimas, como Jim Swire, cuya hija falleció en el avión. La figura de Swire -interpretada por Colin Firth- protagonizó una serie televisiva estrenada el año pasado en Reino Unido, que fue muy criticada por asociaciones de víctimas en EE.UU.
Nuevo juicio a la vista
Este verano se ha estrenado otra serie, ‘Bomba en el Pan Am 103’, que se ha convertido en un éxito mundial de Netflix y que ha dado a conocer la tragedia a una nueva generación de telespectadores. La serie llegaba calentada con la expectación del nuevo juicio, que tiene el potencial de establecer de forma definitiva el relato sobre el atentado.
Este juicio, ahora retrasado, tiene su origen en 2017, el hallazgo de un interrogatorio en el que Marimi, antiguo miembro de la inteligencia libia, reconocía haber construido la bomba y haber ejecutado el atentado con otras dos personas. También decía que fue ordenado por la inteligencia de su país y que Gadafi les agradeció la operación.
El juicio volverá a diseccionar el caso, ofrecerá nuevas pruebas sobre la autoría y, para los familiares, reabrirá una herida. La esperanza de muchos es que sirva para cerrarla. Pero, de momento, hay que seguir esperando.
