Las dos mujeres que vencieron al Estado Islámico con el perdón - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


Las dos mujeres que vencieron al Estado Islámico con el perdón

Cuando dos terroristas del Estado Islámico degollaron a su hermano sacerdote, la francesa Roseline Hamel necesitó ser hospitalizada para recuperarse de lo ocurrido. Entonces cayó en la cuenta de que solo había otra persona en el mundo capaz de sentir un dolor como el suyo, … la madre del asesino, un chico de 19 años abatido por la Policía tras el atentado. La llamó y de esa conversación nació, contra todo pronóstico, una amistad que hoy, diez años después, ambas llevan por el mundo como testimonio de que el odio no tiene la última palabra. Este verano han viajado a Italia para contar su historia en el multitudinario Meeting de Rímini y se la han dado a conocer a León XIV.

Noticia relacionada

Àlex Gubern

El destino las unió trágicamente en torno a las 9.45 horas del martes 26 de julio de 2016. A esa hora, dos terroristas irrumpieron en una iglesia en Saint-Étienne-du-Rouvray, población de la periferia de Rouen, en la Normandía francesa. Allí tomaron rehenes a las cuatro personas que asistían a misa y obligaron al sacerdote que estaba celebrándola, Jacques Hamel, a ponerse de rodillas para degollarlo mientras grababan la ejecución.

Una monja escapó de la iglesia y avisó a la Policía, que acordonó la zona. Los terroristas, que salieron armados con cuchillos y usando a los rehenes como escudos humanos, se precipitaron contra los agentes al grito de ‘Alahu Akbar’ (‘Dios es grande’) y fueron abatidos por la Brigada de Investigación e Intervención.

Los agentes franceses abatieron a los hombres que asaltaron la iglesia en la población francesa y degollaron a Hamel.

(Afp)

Roseline Hamel, hermana del sacerdote, había llegado con sus hijos a esta localidad de 27.000 habitantes la tarde antes, pues tenían planeado partir de vacaciones junto a Jacques ese mismo día. Se alojaba en el apartamento del sacerdote y supo lo que ocurría por la llamada de un periodista: «¿Nos puede confirmar que han tomado rehenes en la parroquia?», escuchó al otro lado de la línea. «Por supuesto que no, ¿es una broma?», respondió indignada. Sin embargo, cuando intentó entrar en la iglesia, la zona estaba ya acordonada.
«Recuerdo que estuvimos esperando durante horas en el garaje de una funeraria. Yo seguía esperanzada, pues era imposible que hicieran daño a un viejo sacerdote que celebraba la misa con feligreses ancianos. Pero al final, una empleada se nos acercó y me dio la noticia: ‘Hay dos víctimas. Una está herida. La otra ha muerto, y es su hermano’. Sentí como si algo hubiera estallado dentro de mí y grité el nombre de mi hermano con toda la voz que me quedaba», dice.

«En la funeraria todavía confiaba esperanzada en que no fuera mi hermano. Era imposible que hicieran daño a un viejo sacerdote que celebraba misa con feligreses ancianos»

Roseline Hamel
Hermana del sacerdote asesinado

No muy lejos de allí vivía Nassera Kermiche, de origen franco-argelino, madre de cinco hijos. Uno de ellos, Adel, había pasado un año en la cárcel tras intentar sumarse al Estado Islámico en Siria. Desde mayo estaba bajo arresto domiciliario y llevaba pulsera electrónica. «Vi a mi hijo a las 7.30 horas, me sorprendió verlo despierto tan temprano, y le sugerí que regresara a la cama. Creí que me había hecho caso. Luego llamaron de la comisaría para preguntar si estaba en casa, bajé a buscarlo y ya no estaba en su habitación. Les respondí que no y ellos me dieron la noticia de que había habido un atentado en la iglesia cercana».

Newsletter

Nassera encendió horrorizada la televisión para seguir la noticia, convencida de que su hijo no podía estar implicado. Sin embargo, pasaban los minutos y Adel no regresaba a casa. «Cuando a las 11.30 un periodista nos dijo que había oído el apellido Kermiche en el exterior del templo, empezamos a preocuparnos seriamente. Luego llegó la Policía y estuvo cuatro horas registrando toda la casa. Después nos llevaron a la comisaría y una agente me dijo: ‘Sí, su hijo está implicado. Y está muerto’. Fue como si el cielo se me cayera encima», dice.

Velas frente al ayuntamiento de la localidad normanda de Saint-Etienne-du-Rouvray el 26 de julio de 2016. El presidente francés Emmanuel Macron, junto a Roseline Hamel, un año después del asesinato en otro acto de memoria. Imagen del párroco asesinado con 85 años..

(Afp/ Reuters / Reuters)

La ejecución del sacerdote Jacques Hamel, de 85 años, fue el primer atentado de estas características en Europa. El Daesh lo reivindicó poco después. Francia estaba conmocionada, pues menos de dos semanas antes otro atentado terrorista había causado 84 muertos y más de 300 heridos en Niza con un atropello múltiple. Ese mismo día se desplazó a la parroquia el presidente François Hollande y el Papa dijo que compartía el «dolor y el horror» sufrido por Francia. Además, la comunidad musulmana de Saint-Étienne dijo que se negaría a enterrar a Adel junto a su mezquita.

«Una periodista nos dijo que había oído el apellido Kermiche en el exterior del templo. Después una agente nos dijo: sí, su hijo está implicado y está muerto»

Nassera Kermiche
Madre de Adel, el asesino

Han pasado diez años, pero a Roseline Hamel y a Nassera Kermiche se les sigue quebrando la voz cuando recuerdan esas horas. «Cuando mis hijos y mis nietos se marcharon, me quedé sola con mi dolor, buscando respuestas», explica a ABC Roseline, que ahora tiene 86 años y que con su silla de ruedas viaja por el mundo junto a Nassera contando su historia. Fue entonces cuando comenzó a pensar en la madre del terrorista que había degollado a su hermano. «Yo también soy madre, y por eso me puse en su lugar: cómo me habría sentido si un hijo cometiera este crimen. Comprendí que ese dolor era más intenso que el mío, y Dios sabe que el mío era enorme. Pensé en su sentimiento de culpa, en cómo la miraría la gente con desprecio, en su miedo a perder el trabajo o los amigos. Me dije que no podía dejarla sola en este camino tan doloroso».

La madre, tapada

Nassera, de 63 años, pide esconder su rostro en las fotos mientras explica a ABC que tras el atentado se cambiaron de casa para que no les reconocieran. «Yo leía noticias sin parar para intentar comprender cómo mi hijo había podido cometer ese atentado. Intenté contactar con los que hizo rehenes, pues sentí que debía hablar con ellos para entender lo que había pasado. Pero respondieron que aún no podían, que era demasiado duro. Les entendí». Por eso, «cuando la hermana del padre Hamel me contactó, sentí un soplo de vida». Durante meses hablaron por teléfono cada dos semanas e incluso descubrieron que tenían en común la profesión de sus maridos, ambos transportistas. Entonces, Roseline encontró las fuerzas para pedirle encontrarse en persona.
En ese encuentro, lo primero que Nassera hizo fue pedir perdón. «No te preocupes, no he venido para eso, sino para que intentemos afrontar juntas nuestro dolor como hermana y como madre’, le respondió Roseline. Muy pocos entendieron esa amistad y a bastantes les molestaba verlas juntas. «Me preguntaban con desprecio: ‘¿Por qué has ido a meter las narices en esa familia?’», dice Roseline. Con el tiempo, concluye que «a la gente le costó aceptar que la otra familia también era víctima de este atentado».

Nassera, profesora y madre de cinco hijos, sentía vergüenza y culpa por lo que había hecho el cuarto. Roseline entendió su dolor. Ambas, este verano en Italia. Y la hermana del sacerdote cristiano muestra una paloma de la paz que se tatuó..

(Meeting Rímini / Javier Martínez-Brocal)

Nassera, profesora, sentía «vergüenza y culpa» como madre y se preguntaba por qué su hijo había asesinado a un hombre y cómo ella no había sido capaz de detenerle. «Tengo cinco hijos y a todos los he educado igual. Adel era el cuarto, un niño alegre, que amaba la vida, pero se cruzó con personas que lo desviaron. Vi lo que pasaba, contacté a la Policía, a las autoridades y nadie me ayudó. Aunque hicimos todo lo posible para evitarlo, no fue suficiente», lamenta. Ahora, la amistad con Roseline le ha ayudado a reconciliarse con su recuerdo. «Si lo viera, lo abrazaría fuerte y le preguntaría el motivo de tanta violencia», asegura.

El Meeting de Rímini destaca el impacto de los valores cristianos en la sociedad civil

Con su testimonio, Roseline Hamel y Nassera Kermiche inauguraron el Meeting de Rímini 2026, que cada verano reúne durante casi una semana a decenas de miles de personas en la Riviera adriática.

Se trata de un evento a medio camino entre una exposición internacional, un foro de diálogo y una universidad de verano. Ligado al movimiento católico Comunión y Liberación, congrega a personas de todos los continentes y de ideologías dispares para intercambiar ideas y experiencias sobre cuestiones de actualidad con las que evidencian el impacto positivo de la fe y de los valores cristianos en la sociedad civil.

«Queremos acercar a las personas,

fomentar el diálogo en un mundo cada vez más fragmentado y marcado por las contradicciones

. La idea es mostrar que el mundo es complejo, alejarse de los relatos simplistas en los que la verdad no importa», explicó a ABC el principal responsable del Meeting, Bernhard Scholz. «Quienes participan experimentan que es posible crear una cultura en la que personas con opiniones diferentes dialoguen de forma seria pues se acoge a la persona no solo por su opinión, sino por el simple hecho de ser una persona», asegura.

Este año se celebró entre los días 21 y 26 de agosto y llegó a reunir más de 70.000 visitantes en un solo día. Bajo el sugestivo lema ‘El amor que mueve el sol y las demás estrellas’, último verso de la ‘Divina Comedia’ de Dante, propuso 150 debates, 26 exposiciones y espectáculos y más de un centenar de stands.

Su invitado estrella fue León XIV, el segundo Papa que asiste después de Juan Pablo II.

Durante su intervención

, el Santo Padre describió este Meeting como una «encrucijada para la Iglesia y para la sociedad, que multiplica los encuentros e inspira nuevos caminos». Siguiendo su propuesta, el lema de la edición 2027 será ‘Pioneros valientes para custodiar lo humano’.

Roseline toma la palabra y dice: «Las dos hemos emprendido este camino por nuestros hijos, que sufrieron esa tragedia con nosotras». «La alternativa era despreciarse mutuamente sin ni siquiera conocerse, cuando lo cierto es que compartimos muchas cosas. Lo más fácil habría sido dejarnos consumir poco a poco por el dolor, pero ese amor a nuestros hijos nos dio un motivo para buscar otro camino que nos permitiera seguir adelante». En 2025 decidieron recoger su historia en el libro ‘Sœurs de douleur» (‘Hermanas de dolor’, de XO Editions), escrito junto al periodista Samuel Lieven para mostrar la fuerza del perdón y el peligro de la radicalización.

A cualquiera

Roseline avisa de que «el terrorismo alcanza a cualquier familia cuando menos te lo esperas, sea cual sea tu religión o tu situación social». Además, deja víctimas colaterales porque «se propone sembrar odio entre comunidades, entre naciones. Con ese odio busca cosechar venganza y crueldad; por eso, una vez que se acepta, ya no tiene límites. Nosotras queríamos detener esa espiral», detalla.
Muchos años después de aquella decisión en el hospital que se ha convertido en una profunda amistad, Roseline y Nassera escriben siempre la misma dedicatoria en las presentaciones de su libro: «La paz tendrá tu rostro». «Estamos sembrando semillas de paz», dice Nassera. «Hemos conseguido ser más fuertes que el dolor, que el terrorismo y que la tragedia», sonríe satisfecha Roseline.

Publicado: septiembre 26, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/dos-mujeres-vencieron-estado-islamico-perdon-leccion-20260913012852-nt.html

Cuando dos terroristas del Estado Islámico degollaron a su hermano sacerdote, la francesa Roseline Hamel necesitó ser hospitalizada para recuperarse de lo ocurrido. Entonces cayó en la cuenta de que solo había otra persona en el mundo capaz de sentir un dolor como el suyo, … la madre del asesino, un chico de 19 años abatido por la Policía tras el atentado. La llamó y de esa conversación nació, contra todo pronóstico, una amistad que hoy, diez años después, ambas llevan por el mundo como testimonio de que el odio no tiene la última palabra. Este verano han viajado a Italia para contar su historia en el multitudinario Meeting de Rímini y se la han dado a conocer a León XIV.

Noticia relacionada


  • Àlex Gubern

El destino las unió trágicamente en torno a las 9.45 horas del martes 26 de julio de 2016. A esa hora, dos terroristas irrumpieron en una iglesia en Saint-Étienne-du-Rouvray, población de la periferia de Rouen, en la Normandía francesa. Allí tomaron rehenes a las cuatro personas que asistían a misa y obligaron al sacerdote que estaba celebrándola, Jacques Hamel, a ponerse de rodillas para degollarlo mientras grababan la ejecución.

Una monja escapó de la iglesia y avisó a la Policía, que acordonó la zona. Los terroristas, que salieron armados con cuchillos y usando a los rehenes como escudos humanos, se precipitaron contra los agentes al grito de ‘Alahu Akbar’ (‘Dios es grande’) y fueron abatidos por la Brigada de Investigación e Intervención.


Los agentes franceses abatieron a los hombres que asaltaron la iglesia en la población francesa y degollaron a Hamel.


(Afp)

Roseline Hamel, hermana del sacerdote, había llegado con sus hijos a esta localidad de 27.000 habitantes la tarde antes, pues tenían planeado partir de vacaciones junto a Jacques ese mismo día. Se alojaba en el apartamento del sacerdote y supo lo que ocurría por la llamada de un periodista: «¿Nos puede confirmar que han tomado rehenes en la parroquia?», escuchó al otro lado de la línea. «Por supuesto que no, ¿es una broma?», respondió indignada. Sin embargo, cuando intentó entrar en la iglesia, la zona estaba ya acordonada.

«Recuerdo que estuvimos esperando durante horas en el garaje de una funeraria. Yo seguía esperanzada, pues era imposible que hicieran daño a un viejo sacerdote que celebraba la misa con feligreses ancianos. Pero al final, una empleada se nos acercó y me dio la noticia: ‘Hay dos víctimas. Una está herida. La otra ha muerto, y es su hermano’. Sentí como si algo hubiera estallado dentro de mí y grité el nombre de mi hermano con toda la voz que me quedaba», dice.

«En la funeraria todavía confiaba esperanzada en que no fuera mi hermano. Era imposible que hicieran daño a un viejo sacerdote que celebraba misa con feligreses ancianos»

Roseline Hamel

Hermana del sacerdote asesinado

No muy lejos de allí vivía Nassera Kermiche, de origen franco-argelino, madre de cinco hijos. Uno de ellos, Adel, había pasado un año en la cárcel tras intentar sumarse al Estado Islámico en Siria. Desde mayo estaba bajo arresto domiciliario y llevaba pulsera electrónica. «Vi a mi hijo a las 7.30 horas, me sorprendió verlo despierto tan temprano, y le sugerí que regresara a la cama. Creí que me había hecho caso. Luego llamaron de la comisaría para preguntar si estaba en casa, bajé a buscarlo y ya no estaba en su habitación. Les respondí que no y ellos me dieron la noticia de que había habido un atentado en la iglesia cercana».

Newsletter

Nassera encendió horrorizada la televisión para seguir la noticia, convencida de que su hijo no podía estar implicado. Sin embargo, pasaban los minutos y Adel no regresaba a casa. «Cuando a las 11.30 un periodista nos dijo que había oído el apellido Kermiche en el exterior del templo, empezamos a preocuparnos seriamente. Luego llegó la Policía y estuvo cuatro horas registrando toda la casa. Después nos llevaron a la comisaría y una agente me dijo: ‘Sí, su hijo está implicado. Y está muerto’. Fue como si el cielo se me cayera encima», dice.


Velas frente al ayuntamiento de la localidad normanda de Saint-Etienne-du-Rouvray el 26 de julio de 2016. El presidente francés Emmanuel Macron, junto a Roseline Hamel, un año después del asesinato en otro acto de memoria. Imagen del párroco asesinado con 85 años..


(Afp/ Reuters / Reuters)

La ejecución del sacerdote Jacques Hamel, de 85 años, fue el primer atentado de estas características en Europa. El Daesh lo reivindicó poco después. Francia estaba conmocionada, pues menos de dos semanas antes otro atentado terrorista había causado 84 muertos y más de 300 heridos en Niza con un atropello múltiple. Ese mismo día se desplazó a la parroquia el presidente François Hollande y el Papa dijo que compartía el «dolor y el horror» sufrido por Francia. Además, la comunidad musulmana de Saint-Étienne dijo que se negaría a enterrar a Adel junto a su mezquita.

«Una periodista nos dijo que había oído el apellido Kermiche en el exterior del templo. Después una agente nos dijo: sí, su hijo está implicado y está muerto»

Nassera Kermiche

Madre de Adel, el asesino

Han pasado diez años, pero a Roseline Hamel y a Nassera Kermiche se les sigue quebrando la voz cuando recuerdan esas horas. «Cuando mis hijos y mis nietos se marcharon, me quedé sola con mi dolor, buscando respuestas», explica a ABC Roseline, que ahora tiene 86 años y que con su silla de ruedas viaja por el mundo junto a Nassera contando su historia. Fue entonces cuando comenzó a pensar en la madre del terrorista que había degollado a su hermano. «Yo también soy madre, y por eso me puse en su lugar: cómo me habría sentido si un hijo cometiera este crimen. Comprendí que ese dolor era más intenso que el mío, y Dios sabe que el mío era enorme. Pensé en su sentimiento de culpa, en cómo la miraría la gente con desprecio, en su miedo a perder el trabajo o los amigos. Me dije que no podía dejarla sola en este camino tan doloroso».

La madre, tapada

Nassera, de 63 años, pide esconder su rostro en las fotos mientras explica a ABC que tras el atentado se cambiaron de casa para que no les reconocieran. «Yo leía noticias sin parar para intentar comprender cómo mi hijo había podido cometer ese atentado. Intenté contactar con los que hizo rehenes, pues sentí que debía hablar con ellos para entender lo que había pasado. Pero respondieron que aún no podían, que era demasiado duro. Les entendí». Por eso, «cuando la hermana del padre Hamel me contactó, sentí un soplo de vida». Durante meses hablaron por teléfono cada dos semanas e incluso descubrieron que tenían en común la profesión de sus maridos, ambos transportistas. Entonces, Roseline encontró las fuerzas para pedirle encontrarse en persona.

En ese encuentro, lo primero que Nassera hizo fue pedir perdón. «No te preocupes, no he venido para eso, sino para que intentemos afrontar juntas nuestro dolor como hermana y como madre’, le respondió Roseline. Muy pocos entendieron esa amistad y a bastantes les molestaba verlas juntas. «Me preguntaban con desprecio: ‘¿Por qué has ido a meter las narices en esa familia?’», dice Roseline. Con el tiempo, concluye que «a la gente le costó aceptar que la otra familia también era víctima de este atentado».


Nassera, profesora y madre de cinco hijos, sentía vergüenza y culpa por lo que había hecho el cuarto. Roseline entendió su dolor. Ambas, este verano en Italia. Y la hermana del sacerdote cristiano muestra una paloma de la paz que se tatuó..


(Meeting Rímini / Javier Martínez-Brocal)

Nassera, profesora, sentía «vergüenza y culpa» como madre y se preguntaba por qué su hijo había asesinado a un hombre y cómo ella no había sido capaz de detenerle. «Tengo cinco hijos y a todos los he educado igual. Adel era el cuarto, un niño alegre, que amaba la vida, pero se cruzó con personas que lo desviaron. Vi lo que pasaba, contacté a la Policía, a las autoridades y nadie me ayudó. Aunque hicimos todo lo posible para evitarlo, no fue suficiente», lamenta. Ahora, la amistad con Roseline le ha ayudado a reconciliarse con su recuerdo. «Si lo viera, lo abrazaría fuerte y le preguntaría el motivo de tanta violencia», asegura.

El Meeting de Rímini destaca el impacto de los valores cristianos en la sociedad civil

Con su testimonio, Roseline Hamel y Nassera Kermiche inauguraron el Meeting de Rímini 2026, que cada verano reúne durante casi una semana a decenas de miles de personas en la Riviera adriática.

Se trata de un evento a medio camino entre una exposición internacional, un foro de diálogo y una universidad de verano. Ligado al movimiento católico Comunión y Liberación, congrega a personas de todos los continentes y de ideologías dispares para intercambiar ideas y experiencias sobre cuestiones de actualidad con las que evidencian el impacto positivo de la fe y de los valores cristianos en la sociedad civil.

«Queremos acercar a las personas,

fomentar el diálogo en un mundo cada vez más fragmentado y marcado por las contradicciones

. La idea es mostrar que el mundo es complejo, alejarse de los relatos simplistas en los que la verdad no importa», explicó a ABC el principal responsable del Meeting, Bernhard Scholz. «Quienes participan experimentan que es posible crear una cultura en la que personas con opiniones diferentes dialoguen de forma seria pues se acoge a la persona no solo por su opinión, sino por el simple hecho de ser una persona», asegura.

Este año se celebró entre los días 21 y 26 de agosto y llegó a reunir más de 70.000 visitantes en un solo día. Bajo el sugestivo lema ‘El amor que mueve el sol y las demás estrellas’, último verso de la ‘Divina Comedia’ de Dante, propuso 150 debates, 26 exposiciones y espectáculos y más de un centenar de stands.

Su invitado estrella fue León XIV, el segundo Papa que asiste después de Juan Pablo II.

Durante su intervención

, el Santo Padre describió este Meeting como una «encrucijada para la Iglesia y para la sociedad, que multiplica los encuentros e inspira nuevos caminos». Siguiendo su propuesta, el lema de la edición 2027 será ‘Pioneros valientes para custodiar lo humano’.

Roseline toma la palabra y dice: «Las dos hemos emprendido este camino por nuestros hijos, que sufrieron esa tragedia con nosotras». «La alternativa era despreciarse mutuamente sin ni siquiera conocerse, cuando lo cierto es que compartimos muchas cosas. Lo más fácil habría sido dejarnos consumir poco a poco por el dolor, pero ese amor a nuestros hijos nos dio un motivo para buscar otro camino que nos permitiera seguir adelante». En 2025 decidieron recoger su historia en el libro ‘Sœurs de douleur» (‘Hermanas de dolor’, de XO Editions), escrito junto al periodista Samuel Lieven para mostrar la fuerza del perdón y el peligro de la radicalización.

A cualquiera

Roseline avisa de que «el terrorismo alcanza a cualquier familia cuando menos te lo esperas, sea cual sea tu religión o tu situación social». Además, deja víctimas colaterales porque «se propone sembrar odio entre comunidades, entre naciones. Con ese odio busca cosechar venganza y crueldad; por eso, una vez que se acepta, ya no tiene límites. Nosotras queríamos detener esa espiral», detalla.

Muchos años después de aquella decisión en el hospital que se ha convertido en una profunda amistad, Roseline y Nassera escriben siempre la misma dedicatoria en las presentaciones de su libro: «La paz tendrá tu rostro». «Estamos sembrando semillas de paz», dice Nassera. «Hemos conseguido ser más fuertes que el dolor, que el terrorismo y que la tragedia», sonríe satisfecha Roseline.

Artículos Relacionados