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Las bombas iraníes rompen los oasis del Golfo

Desde hace años, los pequeños emiratos del Golfo, y en fechas más recientes incluso Arabia Saudí, han estado invirtiendo fortunas para promocionar en Occidente la imagen de sus oasis de ensueño, con sol, playas, colonias residenciales de lujo y comercio libre de impuestos. Esa estampa … idílica está a punto de derrumbarse. La respuesta de Irán a los bombardeos de Estados Unidos e Israel ha incluido también a los países árabes vecinos no implicados directamente en el ataque, sembrando el desconcierto en los gobiernos de la región.
El mayor perjudicado por el contraataque iraní ha sido hasta ahora el régimen de Emiratos Árabes Unidos. En particular la gran urbe de Dubái, en la que los misiles iraníes causaron el incendio de un hotel de cinco estrellas. En la vecina Abu Dabi, los proyectiles iraníes causaron un muerto y varios heridos en el aeropuerto de la ciudad.

La primera víctima económica ha sido el negocio del transporte aéreo. Varias de las mayores compañías mundiales con escalas en el Golfo –Qatar Airways, Etihad y Emirates– han suspendido total o parcialmente sus vuelos a raíz del cierre temporal del espacio aéreo. Las pérdidas en dinero y en prestigio en estos nudos del transporte y turismo son incalculables.

Noticia relacionada

David Alandete

En las primeras 12 horas del ataque contra Irán, el pasado sábado, el presidente Trump mantuvo conversaciones telefónicas con los líderes de Arabia Saudí –el príncipe Mohamed bin Salman–, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Según ‘Middle East Eye’, el más reticente a la acción contra el régimen de los ayatolás fue el dirigente ‘de facto’ de Riad.
Arabia Saudí habría pedido inmediatamente después de que los misiles y drones iraníes llovieran sobre los países de la península arábiga que «nadie tome en solitario» la decisión de responder, para evitar una escalada. Solo debería hacerlo el llamado Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), previamente instruido por el Príncipe heredero saudí para que evite toda acción, y con ello «la escalada bélica en toda la región». Según ‘Middle East Eye’, el argumento saudí para reducir la tensión es que el ataque de represalia contra las monarquías árabes del Golfo «ha sido menor de lo que se esperaba».
La inquietud de Bin Salman se relaciona también con la guerra por el control de Yemen, donde se mantiene en pie una tregua entre las tropas saudíes –que apoyan al régimen constituido suní– y los rebeldes hutíes, una secta chií. Ese conflicto enfrentó también en fechas recientes a Arabia Saudí contra Emiratos, que también había enviado tropas a Yemen para proteger sus intereses. La guerra podría volver a encenderse si Irán se apoya en sus aliados hutíes para sus propósitos de venganza contra los árabes del Golfo.

Pugna regional y religiosa

La actitud de Emiratos Árabes difiere no obstante de la saudí. En unas declaraciones a la CNN, el ministro emiratí de Cooperación Internacional, Reem al Hashimy, dijo que su país podría ceder más emplazamientos a Estados Unidos para atacar a Irán si Teherán sigue incluyendo entre sus objetivos a las ciudades de Dubái y Abu Dabi. «Siempre hemos fomentado el diálogo, y hemos dejado claro que no buscamos lo que ahora se nos impone, porque nuestra región no necesita otra guerra», dijo Al Hashimy. «Pero al mismo tiempo, si hay que llegar a eso, llegaremos. La pelota está ahora en el campo de Irán; son ellos los que tienen que decidir si quieren llevarse bien con un vecindario que siempre se llevó bien con ellos», añadió.
Emiratos Árabes Unidos trata, al mismo tiempo, de tranquilizar a sus residentes extranjeros de que cuenta con uno de los mejores sistemas de defensa aérea del planeta, capaz de derribar todos o casi todos los misiles y drones lanzados desde Irán. Pero el miedo no conoce razones. «Esta es la última pesadilla para las autoridades de Dubái», señala en unas declaraciones a ‘The Times of Israel’ Cinzia Bianco, experta del Consejo Europeo sobre Relaciones Extranjeras (European Council on Foreign Relations). «Los emiratíes pueden encontrar el modo de resistir el embate, pero ya no hay vuelta atrás», concluye.
La alarma ante la posibilidad de residir o invertir en uno de los puntos más calientes del mundo, si el régimen teocrático de Irán al final no cae, puede generar un efecto dominó. Dubái es en la actualidad un polo de atracción para españoles con fortuna, debido a su sistema fiscal favorable y oportunidades de negocio. Según un informe del Ministerio de Exteriores, el número de españoles en Emiratos Árabes pasó de 4.000 en 2016 a más de 8.000 en la actualidad. En Qatar son poco más de 2.000 los compatriotas.
La atención a los posibles residentes adinerados de Occidente obvia la cruda realidad de la mayor parte de los llamados, en el argot local, ‘expatriados’. La inmensa mayoría de los extranjeros en los ricos países del Golfo son asiáticos o árabes de escasos recursos, que trabajan muchas veces bajo condiciones durísimas. En Emiratos Árabes Unidos, los expatriados representan el 86 por ciento de sus once millones de habitantes, y en Qatar ese porcentaje alcanza el 90 por ciento de sus tres millones. Carecen de muchos de los derechos de los ciudadanos, entre ellos el de la plena libertad religiosa (en Qatar y Emiratos), o el de la más mínima libertad de culto, en el caso de Arabia Saudí.

Publicado: marzo 2, 2026, 9:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/centenares-bombas-iranies-sacuden-oasis-paises-arabes-20260302041101-nt.html

Desde hace años, los pequeños emiratos del Golfo, y en fechas más recientes incluso Arabia Saudí, han estado invirtiendo fortunas para promocionar en Occidente la imagen de sus oasis de ensueño, con sol, playas, colonias residenciales de lujo y comercio libre de impuestos. Esa estampa idílica está a punto de derrumbarse. La respuesta de Irán a los bombardeos de Estados Unidos e Israel ha incluido también a los países árabes vecinos no implicados directamente en el ataque, sembrando el desconcierto en los gobiernos de la región.

El mayor perjudicado por el contraataque iraní ha sido hasta ahora el régimen de Emiratos Árabes Unidos. En particular la gran urbe de Dubái, en la que los misiles iraníes causaron el incendio de un hotel de cinco estrellas. En la vecina Abu Dabi, los proyectiles iraníes causaron un muerto y varios heridos en el aeropuerto de la ciudad.

La primera víctima económica ha sido el negocio del transporte aéreo. Varias de las mayores compañías mundiales con escalas en el Golfo –Qatar Airways, Etihad y Emirates– han suspendido total o parcialmente sus vuelos a raíz del cierre temporal del espacio aéreo. Las pérdidas en dinero y en prestigio en estos nudos del transporte y turismo son incalculables.

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  • David Alandete

En las primeras 12 horas del ataque contra Irán, el pasado sábado, el presidente Trump mantuvo conversaciones telefónicas con los líderes de Arabia Saudí –el príncipe Mohamed bin Salman–, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Según ‘Middle East Eye’, el más reticente a la acción contra el régimen de los ayatolás fue el dirigente ‘de facto’ de Riad.

Arabia Saudí habría pedido inmediatamente después de que los misiles y drones iraníes llovieran sobre los países de la península arábiga que «nadie tome en solitario» la decisión de responder, para evitar una escalada. Solo debería hacerlo el llamado Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), previamente instruido por el Príncipe heredero saudí para que evite toda acción, y con ello «la escalada bélica en toda la región». Según ‘Middle East Eye’, el argumento saudí para reducir la tensión es que el ataque de represalia contra las monarquías árabes del Golfo «ha sido menor de lo que se esperaba».

La inquietud de Bin Salman se relaciona también con la guerra por el control de Yemen, donde se mantiene en pie una tregua entre las tropas saudíes –que apoyan al régimen constituido suní– y los rebeldes hutíes, una secta chií. Ese conflicto enfrentó también en fechas recientes a Arabia Saudí contra Emiratos, que también había enviado tropas a Yemen para proteger sus intereses. La guerra podría volver a encenderse si Irán se apoya en sus aliados hutíes para sus propósitos de venganza contra los árabes del Golfo.

Pugna regional y religiosa

La actitud de Emiratos Árabes difiere no obstante de la saudí. En unas declaraciones a la CNN, el ministro emiratí de Cooperación Internacional, Reem al Hashimy, dijo que su país podría ceder más emplazamientos a Estados Unidos para atacar a Irán si Teherán sigue incluyendo entre sus objetivos a las ciudades de Dubái y Abu Dabi. «Siempre hemos fomentado el diálogo, y hemos dejado claro que no buscamos lo que ahora se nos impone, porque nuestra región no necesita otra guerra», dijo Al Hashimy. «Pero al mismo tiempo, si hay que llegar a eso, llegaremos. La pelota está ahora en el campo de Irán; son ellos los que tienen que decidir si quieren llevarse bien con un vecindario que siempre se llevó bien con ellos», añadió.

Emiratos Árabes Unidos trata, al mismo tiempo, de tranquilizar a sus residentes extranjeros de que cuenta con uno de los mejores sistemas de defensa aérea del planeta, capaz de derribar todos o casi todos los misiles y drones lanzados desde Irán. Pero el miedo no conoce razones. «Esta es la última pesadilla para las autoridades de Dubái», señala en unas declaraciones a ‘The Times of Israel’ Cinzia Bianco, experta del Consejo Europeo sobre Relaciones Extranjeras (European Council on Foreign Relations). «Los emiratíes pueden encontrar el modo de resistir el embate, pero ya no hay vuelta atrás», concluye.

La alarma ante la posibilidad de residir o invertir en uno de los puntos más calientes del mundo, si el régimen teocrático de Irán al final no cae, puede generar un efecto dominó. Dubái es en la actualidad un polo de atracción para españoles con fortuna, debido a su sistema fiscal favorable y oportunidades de negocio. Según un informe del Ministerio de Exteriores, el número de españoles en Emiratos Árabes pasó de 4.000 en 2016 a más de 8.000 en la actualidad. En Qatar son poco más de 2.000 los compatriotas.

La atención a los posibles residentes adinerados de Occidente obvia la cruda realidad de la mayor parte de los llamados, en el argot local, ‘expatriados’. La inmensa mayoría de los extranjeros en los ricos países del Golfo son asiáticos o árabes de escasos recursos, que trabajan muchas veces bajo condiciones durísimas. En Emiratos Árabes Unidos, los expatriados representan el 86 por ciento de sus once millones de habitantes, y en Qatar ese porcentaje alcanza el 90 por ciento de sus tres millones. Carecen de muchos de los derechos de los ciudadanos, entre ellos el de la plena libertad religiosa (en Qatar y Emiratos), o el de la más mínima libertad de culto, en el caso de Arabia Saudí.

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