La verdad es la verdad - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia


La verdad es la verdad

Lo dice Machado en ese ‘Juan de Mairena’ que debería ser lectura obligada en los colegios y en la clase política: «La verdad es lo que es, dígala Agamenón o su porquero». Creo que esa cita se hace más necesaria que nunca en unos tiempos como éstos en los que algunos están dispuestos a abandonar causas clamorosamente justas solo porque las abraza un rival político o, por el contrario, a apoyar las causas más innobles o dudosas solo porque las abrazan los suyos.Si Sánchez esgrime el respeto al ‘orden internacional’, no parece muy lógico que renegaremos de ese respeto por la simple razón de que lo esgrime Sánchez. Lo que deberemos hacer es defenderlo con todas sus consecuencias y a la vez que señalar la incoherencia de un régimen criminal como el iraní que ha practicado el terrorismo en suelo europeo y que tiene como explícito objetivo la destrucción del Estado de Israel. Como deberemos defender igualmente ese mismo orden frente a un Putin que lo viola en Ucrania y frente a un Trump que no por casualidad ha flirteado con Putin y que se ha alineado con las peregrinas tesis del populista ruso Aleksandr Duguin, según las cuales hay que darle el finiquito al paradigma liberal de ordenación del mundo en nombre de un ‘nuevo orden’ basado en unos estrafalarios ‘estados-civilización’ que, pese a su pretencioso y rimbombante nombre, de civilizados tendrían bastante poco.La verdad es la verdad. Y sorprende, en efecto, que haya quien se ha empleado a fondo en denunciar la subcultura de la ‘posverdad’ promovida por todos los líderes y movimientos populistas sin excepción, pero ahora esté dispuesto a convertir a Zelenski en un villano porque se lo ha ordenado Trump o a bendecir la guerra comercial y los aranceles de éste último (sarna con gusto no pica) por puro y duro antisanchismo. De la misma manera que sorprende quien hasta ayer estaba por la ofensiva trumpista contra Irán, pero de pronto empieza a dejar atrás esa acera cuando ve la ola inflacionista que ya se nos viene encima y la recesión económica que nos promete.Pondré otro ejemplo distante del actual contexto bélico. Comprobé recientemente que algunas voces que veían en la RAE un nefasto garante de la degeneración del idioma y del sectarismo por rechazar la elección de Luis Alberto de Cuenca para ocupar la Silla ‘O’ que se encuentra vacante, fueron las mismas que convirtieron a esa docta casa poco menos que en una Numancia de las esencias de la lengua española cuando Luis García Montero inició su ofensiva colonizadora desde el Instituto Cervantes. De pronto y a una velocidad de vértigo, el vilipendiado director Santiago Muñoz Machado pasó de la categoría de villano a la de santo, lo que prueba que hay para quienes las causas políticas, culturales o morales son algo secundario y se toman o se abandonan según cuál sea el bando que las haga suyas y si ése es el bando propio o el ajeno.Sí. Volvemos a la verdad, que es lo que es y que no dejará de serlo porque no nos gusten quienes la defienden. Quizá lo más interesante de ese breve fragmento del ‘Juan de Mairena’ está en las líneas que vienen a continuación de la afirmación del maestro de gimnasia y de retórica:»La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.Agamenón.- Conforme.El porquero.- No me convence.»Sí. Aunque resulte insólito, creo que uno de los difíciles retos de nuestro tiempo consiste en enseñar que la posesión de la verdad no depende de la categoría profesional ni de la condición social ni de la filiación política de quien la pronuncia. O, dicho de otra forma, tenemos por delante la ardua tarea de explicar al colectivo de porqueros de este país que no tiene por qué supeditarse a sus gobernantes así como que la verdad, que es un bien social y democrático, también está enteramente al alcance de su mano.

Publicado: marzo 29, 2026, 2:45 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/internacional/verdad-es-verdad_6952083_3.html

Lo dice Machado en ese ‘Juan de Mairena’ que debería ser lectura obligada en los colegios y en la clase política: «La verdad es lo que es, dígala Agamenón o su porquero». Creo que esa cita se hace más necesaria que nunca en unos tiempos como éstos en los que algunos están dispuestos a abandonar causas clamorosamente justas solo porque las abraza un rival político o, por el contrario, a apoyar las causas más innobles o dudosas solo porque las abrazan los suyos.

Si Sánchez esgrime el respeto al ‘orden internacional’, no parece muy lógico que renegaremos de ese respeto por la simple razón de que lo esgrime Sánchez. Lo que deberemos hacer es defenderlo con todas sus consecuencias y a la vez que señalar la incoherencia de un régimen criminal como el iraní que ha practicado el terrorismo en suelo europeo y que tiene como explícito objetivo la destrucción del Estado de Israel. Como deberemos defender igualmente ese mismo orden frente a un Putin que lo viola en Ucrania y frente a un Trump que no por casualidad ha flirteado con Putin y que se ha alineado con las peregrinas tesis del populista ruso Aleksandr Duguin, según las cuales hay que darle el finiquito al paradigma liberal de ordenación del mundo en nombre de un ‘nuevo orden’ basado en unos estrafalarios ‘estados-civilización’ que, pese a su pretencioso y rimbombante nombre, de civilizados tendrían bastante poco.

La verdad es la verdad. Y sorprende, en efecto, que haya quien se ha empleado a fondo en denunciar la subcultura de la ‘posverdad’ promovida por todos los líderes y movimientos populistas sin excepción, pero ahora esté dispuesto a convertir a Zelenski en un villano porque se lo ha ordenado Trump o a bendecir la guerra comercial y los aranceles de éste último (sarna con gusto no pica) por puro y duro antisanchismo. De la misma manera que sorprende quien hasta ayer estaba por la ofensiva trumpista contra Irán, pero de pronto empieza a dejar atrás esa acera cuando ve la ola inflacionista que ya se nos viene encima y la recesión económica que nos promete.

Pondré otro ejemplo distante del actual contexto bélico. Comprobé recientemente que algunas voces que veían en la RAE un nefasto garante de la degeneración del idioma y del sectarismo por rechazar la elección de Luis Alberto de Cuenca para ocupar la Silla ‘O’ que se encuentra vacante, fueron las mismas que convirtieron a esa docta casa poco menos que en una Numancia de las esencias de la lengua española cuando Luis García Montero inició su ofensiva colonizadora desde el Instituto Cervantes. De pronto y a una velocidad de vértigo, el vilipendiado director Santiago Muñoz Machado pasó de la categoría de villano a la de santo, lo que prueba que hay para quienes las causas políticas, culturales o morales son algo secundario y se toman o se abandonan según cuál sea el bando que las haga suyas y si ése es el bando propio o el ajeno.

Sí. Volvemos a la verdad, que es lo que es y que no dejará de serlo porque no nos gusten quienes la defienden. Quizá lo más interesante de ese breve fragmento del ‘Juan de Mairena’ está en las líneas que vienen a continuación de la afirmación del maestro de gimnasia y de retórica:

«La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Agamenón.- Conforme.

El porquero.- No me convence.»

Sí. Aunque resulte insólito, creo que uno de los difíciles retos de nuestro tiempo consiste en enseñar que la posesión de la verdad no depende de la categoría profesional ni de la condición social ni de la filiación política de quien la pronuncia. O, dicho de otra forma, tenemos por delante la ardua tarea de explicar al colectivo de porqueros de este país que no tiene por qué supeditarse a sus gobernantes así como que la verdad, que es un bien social y democrático, también está enteramente al alcance de su mano.

Artículos Relacionados