Publicado: octubre 18, 2026, 2:45 am
La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/internacional/ue-vuelve-logica-crisis-2008-con-choque-entre-norte-sur-por-los-presupuestos-comunitarios_7049306_0.html
«No es aceptable, ni de lejos». Con esa frase expresó su rechazo Pedro Sánchez a la última propuesta (de la presidencia irlandesa del Consejo) sobre el nuevo presupuesto de la UE. El Marco Financiero Plurianual 2028-2034 ha abierto viejas rencillas en el bloque comunitario, y ha dejado palpable una realidad: se ha vuelto a la lógica de la crisis del 2008 con el choque entre el norte y el sur por las cuentas conjuntas. Tal es la tensión que el juego ya no solo va de medidas, sino también de plazos y de liderazgos.
Todo nace de la propuesta de la presidencia irlandesa del Consejo (la llamada «negobox»), preparada como casilla de salida para las conversaciones, pero que no gusta a ninguno de los dos bandos: reduce en 141.000 millones de euros el proyecto inicial de la Comisión Europea y sitúa el volumen total del presupuesto en 1,62 billones de euros para los próximos siete años. Hace recortes importantes en agricultura y cohesión, en administración y en la estrategia global de la UE. Pero todo eso ya no vale.
Ahora el que ha asumido el rol de mando ha sido precisamente el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, que en los próximos meses pondrá sobre la mesa de los 27 una nueva propuesta y pide compromiso a los líderes para alcanzar un acuerdo antes de final de año. Es más, habrá una cumbre el 26 y 27 de noviembre, es decir, justo antes de las elecciones generales. Difícil el pacto, asumen todos, pero no imposible, piensa el portugués, que sabe muy bien de qué van estas negociaciones. De un lado, los frugales, es decir, Alemania, Dinamarca, Finlandia o Países Bajos. Del otro, los autodenominados «amigos de la cohesión», con Italia o España.
«Será complicado», repitieron voces como la primera ministra Giorgia Meloni o el canciller alemán, Friedrich Merz, que bromeó con que para la cumbre de diciembre tendrá que llevar a Bruselas «más camisas» de las previstas. Con todo, las posiciones son dispares y recuerdan a los planteamientos que se hacían en la crisis del 2008 o incluso en la negociación del fondo de recuperación pospandemia: el norte quiere recortes, reordenar prioridades sin gastar más. El sur, en cambio, busca «ambición» y un impulso a la vez las políticas tradicionales como la agricultura y a las modernas, como la defensa o la seguridad. «No vamos a aceptar recortes a la agricultura, la pesca o la cohesión», avisó la propia Meloni.
Los «ahorradores» creen que no se puede disparar el gasto de la Unión y que no se puede hablar tanto de recursos propios (impuestos comunitarios) y ponen el foco en los Mediterráneos; algo parecido a lo que hizo Angela Merkel en su momento, aunque sin llegar al nombre de PIGS (cerdos en inglés) que acuñó Jeroen Dijsselbloem, expresidente del Eurogrupo, para referirse a Portugal, Italia, Grecia y España durante la gran recesión.
Ahora mismo, como entonces, las posturas parecen irreconciliables y el tiempo apremia: Sánchez quiere un acuerdo antes de que se pueda formar el nuevo Gobierno, el que sea, en España. Macron no quiere entrar en 2027 sin pacto y con las presidenciales, con Marine Le Pen como favorita, a la vuelta de la esquina. El peso político es clave y hay nerviosismo ya, como reconocen algunas fuentes diplomáticas a 20minutos. Francia, de hecho, igual que Bélgica, todavía no ha elegido un bando claro en la negociación… pero parece que lo hará. Y para los «amigos de la cohesión» tener a París de su lado puede ser decisivo como contrapeso sobre todo de Alemania.
En el sector frugal saben, en cambio, que el tiempo les favorece porque cuanta más prisa haya, creen, más cesiones hará el sur. Esa paciencia también marcó el mensaje por ejemplo del primer ministro sueco, Ulf Kristersson. «No sé si es posible alcanzar un acuerdo antes de que acabe el año. Creo que no hay prisa, honestamente, debemos tener un presupuesto que combine modernización y los recursos tradicionales también», comentó, y no quiere que se aumente la contribución de su país al presupuesto comunitario: «No es aceptable». Por su lado, la premier danesa, Mette Frederiksen, espera un pacto en los próximos dos meses, pero entiende que serán conversaciones «muy complejas».
La presión real, con todo, caerá de nuevo sobre el Parlamento Europeo, que tendrá que hacer su parte como colegislador. Cuanto más tarden los 27, menos margen tendrá la Eurocámara, y sobre ello avisó la presidenta, Roberta Metsola, a quien tampoco gustó la propuesta irlandesa. «Nos sorprendió mucho ver la falta de progreso en materia de recursos propios y los recortes en las áreas de innovación, defensa y competitividad. No podemos hacer más con menos recursos«, expuso; sí cree que hay tiempo para un pacto en solo ocho semanas. «No es de extrañar que existan grandes divisiones entre ellos, diría que más que nunca. Pero nuestro mensaje principal es que mantendremos el rumbo hasta alcanzar un acuerdo», terminó en su mensaje este jueves.
La UE, en realidad, ha despertado viejos fantasmas y la lógica norte-sur lleva a malos recuerdos para el continente. Ahora tendrá que ser Costa el que saque a los países de esa dinámica, que muchos entienden como «contaminante» para el día a día del bloque. Las fuentes consultadas matizan diciendo que la situación no es la misma que en 2010 o 2011, pero sí existen ciertos miedos. La urgencia es grande, pero nadie habla de salvar el euro como entonces; eso sí, es correcto hablar de sostener sectores como el primario a la vez que se impulsa la seguridad o la defensa. Todos coinciden en el qué (el tamaño del reto), pero están en posiciones opuestas sobre el cómo (gastando lo mismo o menos, o gastando más).
«No se puede vivir por encima de nuestras posibilidades de forma permanente», dijo Angela Merkel en el año 2008 como un aviso de lo que vendría, aunque mucha gente todavía no era consciente. Ahora la UE tiene que explorar sus propias posibilidades para posicionarse en el mundo… pero esas posibilidades cuestan dinero; y el nrote y el sur, de nuevo, aspiran a invertirlo de manera muy dispar.
