Publicado: octubre 10, 2026, 6:00 am
La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/tormenta-deuda-francesa-complica-poco-margen-bce_7047223_0.html
Francia necesita encontrar compradores para 340.000 millones de deuda en 2027, pero acaba de aparecer otro problema que va más allá de cuánto tendrá que pagarles. Según un informe de Allianz Research, la capacidad del mercado para absorber grandes operaciones de compraventa de bonos franceses ha caído más de un 50% respecto a sus niveles habituales. Y la anomalía llega cuando el Estado francés ya paga por endeudarse más que algunas de sus propias empresas, mientras los inversores internacionales reconsideran cuánto dinero están dispuestos a prestarle. La presión aumenta, pero Christine Lagarde y el Banco Central Europeo (BCE) tienen menos libertad de actuación de la que podría parecer.
La buena noticia es que los inversores no han dejado de prestar dinero a Francia. Siguen comprando sus bonos, pero cada vez exigen más a cambio. De hecho, según la Agencia France Trésor, hasta septiembre, la demanda en las emisiones a medio y largo plazo había superado en 2,5 veces la cantidad ofrecida. Sin embargo, el interés medio de las emisiones realizadas este año ha pasado del 3,14% de 2025 al 3,55%, mientras el bono a diez años ha llegado a aproximarse al 5%, niveles desconocidos desde hace casi un cuarto de siglo.
Y cuanto más tiene que pagar Francia para atraer ese dinero, más importante resulta saber de quién depende para conseguirlo. Allianz calcula que los bancos y otros inversores financieros extranjeros controlan alrededor del 36% de los bonos del Estado francés. Solo los japoneses mantienen aproximadamente 137.000 millones, cerca del 5% del mercado, y el temor es que una parte de ese dinero regrese a Japón si las inversiones allí empiezan a resultar más atractivas.
Compradores en retirada
A esa dependencia de los inversores extranjeros se añade la retirada progresiva del Banco de Francia, que está reduciendo su cartera de deuda pública conforme vencen los bonos que compró durante los programas extraordinarios del BCE, y eso obliga a París a buscar otros compradores para cubrir ese hueco. En 2027, Francia tendrá que captar 28.000 millones más que este año, y buena parte servirá para devolver deuda anterior. Pero muchos de esos bonos se emitieron cuando los tipos de interés eran mucho más bajos, de modo que tendrá que sustituirlos por otros bastante más caros, elevando todavía más una factura que ya se está disparando.
Solo en intereses, Francia prevé gastar 72.900 millones de euros en 2027, unos 10.300 millones más que este año, y tendrá que encontrar ese dinero mientras intenta reducir un déficit que todavía supera el 5% del PIB. Por otro lado, la presión sobre los bonos franceses se está viendo agravada por el comportamiento de algunos grandes fondos, que están reduciendo sus posiciones. La gestora japonesa Sumitomo Mitsui DS AM ha vendido la deuda francesa que mantenía en sus fondos globales de renta fija para trasladar ese dinero a bonos alemanes y japoneses, mientras algunos fondos especulativos han acelerado las caídas al deshacer sus apuestas sobre la deuda francesa.
¿Y si Francia pierde a Lagarde?
La presión sobre la deuda francesa llega, además, en un momento en el que empiezan a surgir dudas sobre la continuidad de Christine Lagarde al frente del BCE. Su mandato termina en octubre de 2027, pero las informaciones sobre una posible salida anticipada abren una nueva incógnita, justo cuando acaba de recordar que el BCE dispone de herramientas para intervenir cuando las tensiones en los mercados de deuda resultan injustificadas. La incertidumbre institucional coincide con un calendario presupuestario especialmente exigente.
Allianz identifica los próximos 20 y 27 de octubre como fechas relevantes para las votaciones del presupuesto francés. Su escenario central contempla que el Gobierno consiga sacar adelante unas cuentas, aunque insuficientes para resolver el desequilibrio fiscal, y sitúa el déficit de 2027 en el 5,3% del PIB. A su vez, una subida adicional de 100 puntos básicos en los costes de financiación podría elevar en unos 25.000 millones la factura conjunta de intereses de las administraciones públicas, las empresas y los hogares. Ese encarecimiento se trasladaría a la economía durante los siguientes tres a seis meses, y el ajuste necesario para estabilizar la deuda francesa superaría los 80.000 millones.
El deterioro de la posición financiera de Francia se refleja también en la comparación frente a sus propias empresas. Según datos de Bloomberg, unos 215.000 millones en bonos corporativos franceses ofrecen ya rentabilidades inferiores a las de la deuda del Estado con vencimientos similares, casi 18 veces más que a comienzos de año. Entre esas compañías figuran nombres como L’Oréal y TotalEnergies, mientras Air Liquide acaba de recibir peticiones por 12.500 millones para una emisión colocada a tipos menores a los que paga el Estado. Los inversores están dispuestos a prestar dinero a determinadas empresas antes que al Gobierno de París.
