Publicado: mayo 1, 2026, 10:45 pm
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El Tribunal Supremo ha dado esta semana una sacudida formidable al sistema electoral de EE.UU.: los estados ya no podrán considerar la raza de los votantes como un elemento para diseñar mapas electorales. La decisión, que acaba con protecciones a las minorías raciales establecidas … en la década de 1960 y que habían conseguido mitigar su falta de representación política, abre un nuevo frente en la guerra por el diseño de distritos electorales: los republicanos podrán aprobar mapas que diluyen las minorías, que tienden a votar a los demócratas.
Estas protecciones estaban establecidas en la Ley de Derecho al Voto, aprobada en 1965, una de las grandes conquistas de la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, que sufría todavía discriminación en parte del país. En especial, en los estados sureños, donde la esclavitud del siglo XIX se mutó en segregación y desigualdad legal.
El caso que llegó al Supremo provenía, de hecho, de uno de esos estados, Luisiana. Allí, un grupo de demandantes que se calificaron como «votantes no afroamericanos» fueron a los tribunales para impedir la aprobación de un mapa electoral con el que la minoría negra apuntaba a tener dos distritos mayoritarios. Hasta ahora tenían uno, en un estado con seis distritos y donde el 30% de la población es negra.
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Javier Ansorena
El alto tribunal determinó que es inconstitucional diseñar mapas desde el punto de vista racial, aunque pueda tener el efecto de reducir la representatividad política de las minorías. Todo el sector conservador del Supremo —seis jueces— así lo consideró, mientras que la minoría progresista —tres juezas— opinó en contra. Una de estas últimas, Elena Kagan, criticó una sentencia que supone la «demolición de la Ley de Derecho al Voto» y que permitirá, «sin consecuencias legales, diluir el poder de voto de las minorías de forma sistemática».
El juez que escribió la sentencia, Samuel Alito, justificó la decisión en que los tiempos han cambiado. Las minorías raciales tienen una participación en el proceso democrático similar al de la población blanca y ya no está justificada una discriminación racial en la elaboración de mapas electorales. Ha habido un «gran cambio social» desde la época de la segregación, defendió.
Ese cambio social se apoyó en la Ley de Derecho al Voto para que se disparara el número de legisladores negros en el Congreso en Washington hasta el punto de que, en la actualidad, el porcentaje de diputados negros en la Cámara de Representantes está a la altura del porcentaje de la población negra en EE.UU.
La sentencia apunta a revertir ese cambio. En Luisiana, por ejemplo, sus gobernantes, que son republicanos, ya han anunciado que aprovecharán la decisión del Supremo para diseñar un mapa electoral que diluirá el voto negro y, con probabilidad, entregará sus seis escaños a los republicanos.
Desde Washington, en medio de una guerra con los demócratas por ganar peso político a golpe de aprobación de mapas electorales abusivos, Donald Trump lo ha aplaudido y ha exigido a otros estados sureños que tomen las mismas medidas. El próximo podría ser Tennessee. Otros estados, como Georgia o Carolina del Sur, podrían no llegar a tiempo en este ciclo electoral. Pero la sentencia del Supremo ha cambiado para siempre las elecciones en Estados Unidos.
