Publicado: octubre 10, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/nueva-otan-musulmana-pone-prueba-yemen-20261008024521-nt.html
En Yemen se juega el futuro del pacto militar suscrito en agosto entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, dirigido –como la OTAN– a crear una gran alianza defensiva en el mundo musulmán de mayoría suní. Después de semanas de ofensiva de los rebeldes hutíes, que … proceden de Yemen y pertenecen a la minoría chií, Riad ha invocado el pacto para contrarrestar y sofocar la insurrección. En un primer momento, con ataques aéreos contra objetivos hutíes, que desde 2014 controlan la capital de Yemen y las áreas más pobladas del país, y después con una ofensiva terrestre de los aliados musulmanes.
Pese al entusiasmo que muestra Riad en torno al músculo de la nueva alianza militar, Turquía –que también es miembro de la OTAN, y el segundo en número de tropas– ha afirmado oficialmente que, de entrada, su participación en la guerra del Yemen será limitada. Ankara proveerá a Arabia Saudí de equipos militares, apoyo logístico e Inteligencia pero, por ahora, no aportará tropas. Utiliza como pretexto que ese tipo de decisiones requieren el respaldo del Parlamento, y que la propuesta se hará «en cuestión de días».
Pakistán, por su parte, ha dicho que está suministrando equipos militares a Arabia Saudí –y a las fuerzas yemeníes del antiguo régimen, situadas en Adén–. Islamabad, por ahora, tampoco habla de un compromiso de envío de militares para la supuesta ofensiva terrestre de la alianza contra los hutíes. El Ejército paquistaní ya está muy ocupado en vigilar su frontera con la India y en hacer frente a los talibanes en la frontera con Afganistán. Así que no comparte con el régimen saudí el mismo entusiasmo por la operación a gran escala en Yemen.
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Mikel Ayestaran
En cualquier caso, los tres países de la flamante ‘OTAN musulmana’ anunciaron, a comienzos de esta semana, que el pacto ha sido invocado y se pondrá en marcha, en un primer momento, para proteger a Arabia Saudí de los ataques hutíes. En las últimas semanas, los rebeldes yemeníes han atacado instalaciones petrolíferas, aeropuertos y otras infraestructuras saudíes con misiles y drones facilitados por Irán, su gran aliado.
El último ataque hutí contra un aeropuerto saudí, que dejó varios muertos, ha llevado además a Siria a plantearse la posibilidad de entrar en la guerra del lado de la Alianza saudí, según declararon a la agencia Reuters una fuente siria y otra norteamericana. La mera oferta de Siria, que hasta hace poco vivía inmersa en una prolongada guerra civil, es una prueba más de la fragilidad y el caos que sacuden a la región.
La importancia del comercio marítimo
Una de las razones fundamentales para invocar la Alianza ha sido, no obstante, el control del estrecho de Bab el Mandeb alcanzado en fechas recientes por las fuerzas hutíes, que le permite aplicar al comercio marítimo entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén el mismo chantaje que Irán practica en el norte, en el estrecho de Ormuz. Arabia Saudí y los países de la región reivindican la liberación de ese paso para asegurar la estabilidad de sus economías, basadas en la exportación de crudo y gas líquido.
En términos de geoestrategia, ni Arabia Saudí ni los países árabes del Golfo pueden permitirse que Yemen caiga en manos de sus principales rivales, el régimen chií persa de Teherán y sus aliados. La pérdida de Yemen, y su control por parte de la minoría chií hutí, ejercería un efecto de pinza sobre Arabia Saudí, principal enemigo de Irán. Más aún si el régimen que se establece en Saná es fundamentalista religioso, como el jomeinista.
Discrepancias religiosas
La razón de fondo no es tanto económica o geoestratégica, sino ideológica. Los suníes –la gran mayoría del mundo del islam– y los chiíes son enemigos casi desde la muerte del profeta Mahoma. Lo que empezó siendo una disputa por el liderazgo de la comunidad musulmana –los chiíes exigen que el califa sea un descendiente de la familia de Mahoma– acabó en diferencias religiosas. En ambos campos existe por igual el fanatismo, que en la práctica aboga por soluciones políticas autoritarias e integristas dado que en el islam la frontera entre política y religión es casi imperceptible.
El ejemplo del régimen teocrático de Irán –controlado por el clero chií– es un paradigma. En el campo suní no faltan tampoco los ejemplos. El aparente régimen secular de Arabia Saudí, regentado por la dinastía de los Saud, es solo secular en la apariencia porque vive gracias al pacto tácito con el clero radical wahabí, que impone al país las reglas de la ley islámica.
