Publicado: junio 3, 2026, 12:45 am
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La frase más incómoda para Downing Street tras la publicación, este lunes, del segundo lote de los denominados «archivos Mandelson» no llegó desde los bancos de la oposición ni apareció entre las miles de páginas de mensajes divulgadas por el Gobierno. La pronunció una … de las figuras más relevantes del propio gabinete. «Peter Mandelson nunca debería haber sido nombrado embajador en Estados Unidos», declaró este martes la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, en una afirmación que supone el distanciamiento más explícito realizado hasta ahora por un miembro del Ejecutivo respecto a una decisión adoptada personalmente por Keir Starmer.
Las palabras de Cooper añadieron una nueva dimensión a una controversia que ya había colocado al Gobierno británico a la defensiva tras la publicación de más de 1.500 páginas de correos electrónicos, mensajes de WhatsApp y comunicaciones internas relacionadas con el nombramiento y posterior destitución de Peter Mandelson como embajador en Washington. Los documentos, divulgados tras una votación parlamentaria celebrada este año, exponen con un nivel de detalle poco habitual las tensiones, críticas y enfrentamientos en el núcleo del poder laborista.
Cooper realizó sus declaraciones durante una visita oficial a China y evitó respaldar de forma inequívoca a Starmer cuando fue preguntada por las duras críticas que Mandelson dirigió contra el primer ministro en conversaciones privadas. El ex embajador llegó a afirmar que el líder laborista «carece de empuje» y describió Downing Street como una estructura «asediada y desprovista de rumbo». La ministra no quiso entrar en esas valoraciones, aunque insistió en que el nombramiento nunca debió producirse.
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Mientras el Ejecutivo intenta contener el impacto de esas revelaciones, una nueva polémica surgió en torno a la propia documentación publicada. Downing Street confirmó este martes que Starmer utiliza la función de mensajes temporales de WhatsApp, que elimina automáticamente las conversaciones una vez transcurrido un plazo determinado. La admisión llegó después de que los conservadores denunciaran la escasez de intercambios entre el primer ministro y Mandelson incluidos en los archivos divulgados.
Y es que entre la documentación apenas figuran nueve mensajes de texto intercambiados entre ambos. Para la oposición, la ausencia de más comunicaciones resulta difícil de explicar dado el papel central que Mandelson desempeñó dentro del proyecto político laborista y la implicación personal de Starmer en su nombramiento como embajador.
Alex Burghart, portavoz conservador para asuntos de la oficina del Gabinete, afirmó en BBC Radio 4 que «hay muchas cosas que faltan» en los documentos publicados. Según el diputado conservador, resulta «difícil de creer» que hubiera tan pocos contactos entre ambos dirigentes y sostuvo que los mensajes podrían haber sido eliminados o retenidos deliberadamente. «Está claro que hay mucho material que ha desaparecido o que falta», declaró.
El portavoz oficial del primer ministro rechazó cualquier insinuación de irregularidad y defendió que el uso de mensajes temporales se ajusta a las normas vigentes para las comunicaciones realizadas a través de canales no corporativos. Downing Street sostiene que la función es compatible con las obligaciones de conservación documental siempre que los contenidos relevantes sean preservados adecuadamente.
Los archivos han sacado a la luz, además, críticas privadas formuladas por algunos de los miembros más importantes del gobierno. Entre ellas destaca una conversación mantenida en mayo de 2025 entre Mandelson y Pat McFadden, actual responsable de Estado de Trabajo y Pensiones y una de las figuras con mayor influencia dentro del Ejecutivo.
En ese intercambio, McFadden expresaba su frustración por las demandas que recibía desde distintos sectores del grupo parlamentario laborista. «Cada reunión que tengo consiste en preguntar a quién podemos subir los impuestos para pagar prestaciones a otros. Están haciendo las preguntas equivocadas», escribió al antiguo embajador.
La publicación de ese mensaje provocó críticas desde sectores de la izquierda laborista y ofreció a la oposición una oportunidad para cuestionar la orientación de las reformas sociales impulsadas por el Gobierno. La diputada laborista Kim Johnson calificó los comentarios de «alarmantes» y sostuvo que resultaban especialmente preocupantes porque fueron realizados antes de que McFadden asumiera la dirección del ministerio encargado de las políticas de bienestar.
Consciente del potencial daño político que podían ocasionar las revelaciones, el Gobierno desplegó una intensa operación de contención mediática encabezada por el ministro de la Oficina del Gabinete, Nick Thomas-Symonds, encargado de comparecer en los principales programas informativos de la mañana.
Thomas-Symonds reconoció sin rodeos que algunos de los mensajes publicados son «embarazosos», aunque insistió en que precisamente esa incomodidad demuestra el compromiso del Ejecutivo con la transparencia. «La razón por la que son públicos es porque el Gobierno está siendo abierto y transparente», afirmó.
Respecto a McFadden, Thomas-Symonds intentó situar el debate lejos de las prestaciones sociales y centrarlo en el empleo. Según explicó, el ministro de Trabajo y Pensiones ha mantenido siempre una posición coherente basada en la necesidad de crear oportunidades laborales y facilitar la reincorporación al mercado de trabajo de quienes dependen de ayudas públicas. «No es un debate sobre las prestaciones ni sobre su nivel; es un debate sobre las oportunidades», afirmó, y añadió que la prioridad de McFadden siempre ha sido ofrecer «escaleras para salir del desempleo».
La defensa fue respaldada pocas horas después por Downing Street. Preguntado expresamente sobre si Keir Starmer mantenía su confianza en McFadden tras la publicación de los mensajes, el portavoz oficial del primer ministro respondió con un escueto «sí», cerrando cualquier especulación sobre posibles consecuencias dentro del gabinete.
