Publicado: diciembre 23, 2025, 11:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tribuna-sobre-guerra-ucrania-20251224044752-nt.html
Mientras rusos y norteamericanos se han vuelto a reunir en Miami sin alcanzar apreciables avances hacia la paz en Ucrania, se generaliza la percepción de la importancia fundamental de la economía en el desarrollo y la resolución del conflicto.
Ni la guerra se extingue … ni las sanciones a Rusia han obtenido todo el efecto buscado. Qué lejos queda aquel «vamos a provocar el colapso de la economía rusa» del entonces ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, al aprobarse el primer paquete de sanciones a Rusia inmediatamente después de la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Paquete en el que descollaba la medida de impedir que el Banco Central de Rusia pudiera recurrir al escudo de sus reservas de divisas en el extranjero.
Tras una veintena de paquetes sancionadores europeos y casi cuatro años de guerra, el ‘establishment’ de la UE, buscando incrementar la presión económica contra Rusia, pretendía que el Consejo Europeo de los 18 y 19 de diciembre acordara utilizar los 220.000 millones de euros de las reservas rusas congeladas en Europa, como garantía para préstamos sin intereses a Ucrania, país –no lo olvidemos– no miembro de la Unión.
A pesar de que tal pretensión contaba con el apoyo decidido de Alemania – y no tanto de Francia–, los jefes de Estado y de Gobierno no lograron aprobar la propuesta comunitaria. Bélgica, país donde radican la mayor cantidad de fondos activos rusos congelados (Euroclear, 185.000 millones de euros), ante la amenaza del Banco Central ruso de demandar a bancos y empresas por daños y perjuicios «por el bloqueo y uso ilegal de sus activos», demandó a sus socios comunitarios garantías de que no pagaría sola en caso de prosperar las reclamaciones legales rusas. Garantías que no se dieron.
Por ello, el Consejo Europeo solamente pudo alcanzar el acuerdo de emitir una deuda conjunta de 90.000 millones de euros para que Ucrania pueda seguir batallando en el bienio 2026-2027. Como Hungría, Eslovaquia y la República Checa se desvinculaban radicalmente de tal concierto, el Consejo Europeo hubo de recurrir a la aplicación del mecanismo de cooperación reforzada contemplado en los tratados europeos (TEU Y TFEU).
Además, como las necesidades de financiación para los dos próximos años se evalúan en un mínimo de 130.000 millones de euros, se entiende que la diferencia de 40.000 millones de euros saldrá de los presupuestos nacionales de los socios. Vendiéndose además la idea de que esos montantes se recuperarán con los supuestos pagos de Moscú tras la finalización de la guerra.
El dinero, nervio de la guerra
El «nervus belli pecunia» («el dinero es el nervio de la guerra») enunciado por Cicerón en su quinta filípica está hoy más presente que nunca, suscitando seis consideraciones particularmente descorazonadoras.
Una es el innegable fracaso del Consejo Europeo al mostrase incapaz de articular un proyecto económico consensuado de ayuda a Ucrania, en contraposición al interés norteamericano de echar el cierre a la guerra como sea. Tal fracaso emborrona la cohesión, tanto la europea como la trasatlántica.
Dos: la constatación de que el liderazgo de Alemania en Europa se ha desvanecido.
Tres, que el tradicional motor francoalemán ya solo gira al ralentí.
Cuatro: la ridícula idea de que Ucrania reembolsará los fondos cuando, una vez acabada la guerra, Moscú pague por los daños causados. ¿Hay algún precedente histórico de que el ganador de una contienda bélica pague al perdedor por daños de guerra? Dígase claramente: el dinero que se está prestando a Ucrania es, en realidad, a fondo perdido. Bastante tendrá Kiev en intentar reconstruir lo que quede del país tras el cese de hostilidades.
Cinco, que el pertinaz interés del ‘establishment’ de la UE en financiar a Kiev supone que la guerra se prolongue, y que Europa se sumerja paulatinamente en un conflicto de alta intensidad, en el que Ucrania aparezca como peón en funciones de vicariato.
Y seis, quizás la consideración más bochornosa, es que la UE, en asunto tan capital, no haya logrado el respaldo del país que alberga sus principales instituciones. Puede pues concluirse que la guerra de Ucrania, al mismo compás con que se suceden los avances de las tropas rusas, también está triturando los fundamentos y las expectativas del proceso de integración europea.
¿Acaso estaríamos en el umbral de un proceso de renacionalización de las defensas?
