La Gran América del Norte de Trump, de Groenlandia a Ecuador - Colombia
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La Gran América del Norte de Trump, de Groenlandia a Ecuador

La restauración de la Doctrina Monroe por parte de Donald Trump va conociendo concreciones a medida que la propia Administración estadounidense la desarrolla. La idea de que ninguna potencia extranjera debe interferir en el hemisferio occidental (el continente americano, separado de Eurasia y África … por el Atlántico y el Pacífico) ha sido invocada de nuevo como principio rector de la política exterior de Washington.
Bautizado como «corolario Trump de la Doctrina Monroe» –también referido informalmente como «Doctrina Donroe»–, ha tenido su formulación específica en dos documentos estratégicos, dedicados a la seguridad y la defensa nacional. En ellos se reivindica «el poder y las prerrogativas» de EE.UU. sobre su entorno geográfico: acceso «militar y comercial» a espacios clave en otros países americanos para velar por los propios intereses nacionales.

Sin mayores concreciones, esos documentos sugieren una doble lista de países vecinos amigos: los que se alinean completamente con Washington y los que, sin comulgar plenamente con la Administración Trump, al menos no abren sus puertas a China o Rusia.

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Emili J. Blasco

Ahora el secretario del Departamento de Guerra, Pete Hegseth, ha ido algo más lejos, estableciendo un perímetro donde Estados Unidos reclama una suerte de control directo. Si primero se declaró todo el hemisferio occidental como zona de exclusión para Pekín y Moscú, ahora se declara la mitad norte de ese espacio –del Polo Norte (Groenlandia) a o la línea ecuatorial (Ecuador): decir, un cuadrante del globo– como área en la que EE.UU. «debe mejorar su postura y presencia». Ese cuarto de la esfera de la Tierra, que engloba parte del Ártico, toda América del Norte y Central, así como el norte de Sudamérica, es para Washington la «Gran Norteamérica».
«En el Departamento de Guerra», dijo Hegseth la semana pasada en la Conferencia de las Américas contra los Cárteles, «llamamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación y territorio soberano al norte del ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forma parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato en esta gran región en la que vivimos». Planteó el enfoque estratégico de EE.UU. en relación a la Gran Norteamérica como «defensa de cuarto de esfera».
Según Hegseth, cada uno de los países incluidos en ese gran espacio limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte y se ubica al norte de las dos barreras geográficas básicas de la región: la Amazonía y los Andes. Se trata de una «geografía básica que no se enseña en nuestras escuelas con la frecuencia necesaria». «Si nos tomamos en serio la seguridad nacional y si priorizamos la geografía, no podemos seguir como hasta ahora», afirmó.
El secretario de Guerra estadounidense estableció una diferencia entre los vecinos hemisféricos al norte y al sur de la línea ecuatorial, planteando en el fondo una actitud diferente de Washington hacia esos dos grupos. «En el Norte, Estados Unidos debe reforzar su presencia y postura», dijo, matizando que esto se haría en «cooperación» con «socios soberanos» que se supone que tienen el mismo interés en «defender nuestro perímetro de seguridad inmediato compartido».
«En el Sur, es decir, al sur del ecuador, al otro lado de esta gran vecindad, fortaleceremos las alianzas mediante una mayor distribución de la carga», añadió Hegseth, dejando entrever que la implicación estadounidense (que, de acuerdo con las intenciones subyacentes, podría calificarse de injerencia) será menor y en todo caso en colaboración con «otras naciones occidentales» que quieran garantizar la seguridad de infraestructuras y recursos críticos (se supone que frente a potencias no occidentales).
Esa intervención directa de Estados Unidos en lo que tradicionalmente se ha llamado su «patio trasero» se ha visto en los últimos meses en la «toma» de Venezuela, el bloqueo petrolero de Cuba y las presiones políticas sobre México y Colombia; también en forzar a Panamá a romper la relación con China de los puertos del Canal y en «girar» el resultado electoral en Honduras. La participación de tropas estadounidenses en la seguridad de Ecuador, a petición del presidente Noboa, muestra el perímetro sur de esa área de interés directo de Estados Unidos en su hemisferio.
Al sur del cinturón ecuatorial, Trump también cuenta con gobiernos aliados, como los de Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia, por lo que esa subregión no constituye ninguna inquietud para la Administración estadounidense. Solo Brasil ha planteado alguna contestación, pero incluso las presidenciales de otoño pueden significar el regreso del apellido Bolsonaro a Brasilia. La realidad de que al sur del ecuador Washington pierde interés directo queda evidenciado con su despreocupación por las elecciones de este domingo en Perú.

Publicado: abril 7, 2026, 10:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/gran-america-norte-trump-groenlandia-ecuador-20260407135654-nt.html

La restauración de la Doctrina Monroe por parte de Donald Trump va conociendo concreciones a medida que la propia Administración estadounidense la desarrolla. La idea de que ninguna potencia extranjera debe interferir en el hemisferio occidental (el continente americano, separado de Eurasia y África por el Atlántico y el Pacífico) ha sido invocada de nuevo como principio rector de la política exterior de Washington.

Bautizado como «corolario Trump de la Doctrina Monroe» –también referido informalmente como «Doctrina Donroe»–, ha tenido su formulación específica en dos documentos estratégicos, dedicados a la seguridad y la defensa nacional. En ellos se reivindica «el poder y las prerrogativas» de EE.UU. sobre su entorno geográfico: acceso «militar y comercial» a espacios clave en otros países americanos para velar por los propios intereses nacionales.

Sin mayores concreciones, esos documentos sugieren una doble lista de países vecinos amigos: los que se alinean completamente con Washington y los que, sin comulgar plenamente con la Administración Trump, al menos no abren sus puertas a China o Rusia.

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    Emili J. Blasco

Ahora el secretario del Departamento de Guerra, Pete Hegseth, ha ido algo más lejos, estableciendo un perímetro donde Estados Unidos reclama una suerte de control directo. Si primero se declaró todo el hemisferio occidental como zona de exclusión para Pekín y Moscú, ahora se declara la mitad norte de ese espacio –del Polo Norte (Groenlandia) a o la línea ecuatorial (Ecuador): decir, un cuadrante del globo– como área en la que EE.UU. «debe mejorar su postura y presencia». Ese cuarto de la esfera de la Tierra, que engloba parte del Ártico, toda América del Norte y Central, así como el norte de Sudamérica, es para Washington la «Gran Norteamérica».

«En el Departamento de Guerra», dijo Hegseth la semana pasada en la Conferencia de las Américas contra los Cárteles, «llamamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación y territorio soberano al norte del ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forma parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato en esta gran región en la que vivimos». Planteó el enfoque estratégico de EE.UU. en relación a la Gran Norteamérica como «defensa de cuarto de esfera».

Según Hegseth, cada uno de los países incluidos en ese gran espacio limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte y se ubica al norte de las dos barreras geográficas básicas de la región: la Amazonía y los Andes. Se trata de una «geografía básica que no se enseña en nuestras escuelas con la frecuencia necesaria». «Si nos tomamos en serio la seguridad nacional y si priorizamos la geografía, no podemos seguir como hasta ahora», afirmó.

El secretario de Guerra estadounidense estableció una diferencia entre los vecinos hemisféricos al norte y al sur de la línea ecuatorial, planteando en el fondo una actitud diferente de Washington hacia esos dos grupos. «En el Norte, Estados Unidos debe reforzar su presencia y postura», dijo, matizando que esto se haría en «cooperación» con «socios soberanos» que se supone que tienen el mismo interés en «defender nuestro perímetro de seguridad inmediato compartido».

«En el Sur, es decir, al sur del ecuador, al otro lado de esta gran vecindad, fortaleceremos las alianzas mediante una mayor distribución de la carga», añadió Hegseth, dejando entrever que la implicación estadounidense (que, de acuerdo con las intenciones subyacentes, podría calificarse de injerencia) será menor y en todo caso en colaboración con «otras naciones occidentales» que quieran garantizar la seguridad de infraestructuras y recursos críticos (se supone que frente a potencias no occidentales).

Esa intervención directa de Estados Unidos en lo que tradicionalmente se ha llamado su «patio trasero» se ha visto en los últimos meses en la «toma» de Venezuela, el bloqueo petrolero de Cuba y las presiones políticas sobre México y Colombia; también en forzar a Panamá a romper la relación con China de los puertos del Canal y en «girar» el resultado electoral en Honduras. La participación de tropas estadounidenses en la seguridad de Ecuador, a petición del presidente Noboa, muestra el perímetro sur de esa área de interés directo de Estados Unidos en su hemisferio.

Al sur del cinturón ecuatorial, Trump también cuenta con gobiernos aliados, como los de Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia, por lo que esa subregión no constituye ninguna inquietud para la Administración estadounidense. Solo Brasil ha planteado alguna contestación, pero incluso las presidenciales de otoño pueden significar el regreso del apellido Bolsonaro a Brasilia. La realidad de que al sur del ecuador Washington pierde interés directo queda evidenciado con su despreocupación por las elecciones de este domingo en Perú.

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