Publicado: junio 25, 2026, 4:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/busqueda-desaparecidos-venezuela-probable-sigan-edificio-20260625221833-nt.html
Han pasado menos de 24 horas desde que Venezuela se estremeció bajo los temblores de dos terremotos consecutivos. Marianella Cremi, una joven venezolana, no ha encontrado el consuelo desde ese momento y la angustia por no saber dónde está su hermano aumenta a cada hora.
Marianella estaba en Acarigua, una ciudad a 350 kilómetros de Caracas, cuando se produjeron los seísmos. A pesar de la distancia del epicentro del terremoto, «nos dimos cuenta de que todo estaba temblando», narra. Su primer instinto fue coger el móvil para tratar de informarse. Las noticias llegaban a cuentagotas y las comunicaciones se cortaban a ratos. En las redes sociales enseguida empezaron a difundirse vídeos y fotos de personas anónimas. Vio muchas imágenes de bloques de pisos derrumbados, apenas irreconocibles, pero uno llamó su atención.
Era el edificio Petunia, donde vive la novia de su hermano, y donde estaba él también, junto a otras amigas. Marianella rápidamente le llamó, pero no tuvo ninguna respuesta. Le volvió a llamar, tampoco respondió. Y así una y otra vez, pero en todas el mismo resultado.
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Marianella no se lo pensó dos veces, se montó en el coche con sus padres y «nos vinimos a Caracas de una vez». El trayecto fue de más de tres horas, sin ninguna novedad de su hermano. «Llegamos a las doce de la noche a Caracas y lo que vimos fue desolador», explica.
En las primera horas, la información era muy imprecisa y, cuando llegaron a la calle donde vive su cuñada, les dijeron que su hermano y sus amigas estaban en una lista de personas que habían sido rescatadas de los escombros. Parecía que la pesadilla iba a tener un desenlace rápido y pronto iban a poder encontrarse. Pero no fue así y el tormento no había hecho más que empezar. «Más tarde nos enteramos de que se habían confundido», señala con pesar. La lista en la que estaban sus nombres era la de personas desaparecidas.
Marianella y sus padres no quisieron ponerse en lo peor. «Nosotros teníamos la esperanza de que habían sido rescatados», describe. «Entonces nos dijeron que fuéramos a los centros médicos», añade. Y así comenzaron a recorrer todos los hospitales y centros de salud de la ciudad. En su relato, Marianella nombra uno por uno todos los sitios a los que fueron a preguntar por su hermano: Chacao, Sanatriz, La Floresta, La Vila, el hospital Domingo Luciani, el Pérez León, el Pérez Carreño… «Fuimos a todas partes y no lo encontramos en ninguna», sentencia.
Durante la búsqueda, encontraron a una de las amigas de su hermano, Victoria. «Estaba en la clínica La Vila, bastante golpeada, pero sin nada de gravedad», relata. Pero su hermano, Juan Diego, su novia, Sabrina, y su amiga Sofía seguían desaparecidos. Ya no les quedaba ningún lugar en el que preguntar y lo único que podían hacer era volver al edificio Petunia. «Cuando llegamos estaban sacando a Sofía de los escombros del edificio y se la llevaban en una ambulancia», detalla.
Esa imagen fue un golpe de realidad para Marianella y sus padres. «En ese momento entendemos que evidentemente Juan Diego y Sabrina no estaban fuera, sino que lo más probable es que estuvieran aún en el edificio». En su voz, a través del teléfono y a miles de kilómetros de distancia, se aprecia su pesar.
Marianella apenas pudo hablar unos minutos con las amigas de su hermano y le contaron lo que había ocurrido. El grupo, como tantos otros venezolanos este miércoles, estaba tranquilamente en su casa, ajenos a cualquier peligro. Ellos se encontraban en el piso seis, en el apartamento de Sabrina, cuando empezó el terremoto. Sintieron el temblor y bajaron corriendo por las escaleras. Llegaron hasta la segunda planta, y ahí el edificio se vino abajo. Todo se volvió oscuro y ya no supieron nada más.
Mantiene la esperanza
Horas después, Marianella sigue sin saber nada, pero confía en que todavía pueden encontrarlos con vida. Cuenta que «hay muchísima gente trabajando, muchísima gente moviendo escombros y haciendo todo lo que pueden». Protección Civil venezolana y un escuadrón de rescate mexicano se han desplazado hasta la zona prácticamente ruinosa en la que se ubica el edificio Petunia. Con maquinaria pesada están levantando los bloques de hormigón y «hay gente que ha aparecido atrapada muchísimas horas después, que han logrado salvar su vida», narra.
Esta es la esperanza a la que se agarra Marianella, pero los minutos corren en contra de Juan Diego y Sabrina. «Yo sé que mi hermano está vivo, lo siento en mi corazón y tengo mucha fe de que lo van a rescatar». Lleva muchas horas despierta, esperando nueva información que no llega, pero la angustia no le permite parar. Tampoco hay nada que pueda hacer ya. Solo esperar y rezar. «Rezo por mi hermano y por todos los que continúan desaparecidos».
