Publicado: febrero 19, 2026, 11:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/amnistia-esperanza-familias-venezuela-oran-liberacion-inmediata-20260220053034-nt.html
Cuando el país descansaba profundamente, Delcy Rodríguez promulgó la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática desde el Palacio de Miraflores. «Están ustedes portando esperanza para Venezuela», dijo a los diputados presentes. Esa esperanza no se quedó en el palacio. Viajó por … las sombras de Venezuela. Llegó a Zona 7, Los Teques, Maracaibo, Valencia. Llegó a cada rincón donde hay lonas improvisadas, colchones en el asfalto, familias esperando libertad.
En las afueras de los centros de reclusión, donde permanecen presos políticos desde hace años, las familias recibieron la noticia. Comenzaron a orar con intensidad profunda. Bajo lonas improvisadas, sobre colchones extendidos en el piso duro, tomadas de las manos, en círculos cerrados, pidieron lo que la ley acaba de prometer: la liberación inmediata de sus seres queridos.
Las estructuras improvisadas son el síbolo vivo de la vigilia nacional que se extiende por todo el país. Carteles manuscritos cuelgan de las lonas en decenas de lugares. Nombres de presos políticos, fechas de desaparición, mensajes pidiendo libertad. Fotografías de los detenidos. Se han convertido en santuarios donde la esperanza y la desesperación conviven bajo lonas de colores rojo y amarillo que sostienen el asfalto muy caliente de Venezuela.
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David Alandete
La ley cubre 13 hechos políticos en 25 años: el golpe de 2002, el paro petrolero 2002-2003, el referendo de 2004, protestas de 2007, 2009, 2013, 2014, 2017, 2019, 2024 y 2025. Pero el Artículo 9 excluye delitos graves: violaciones a derechos humanos, lesa humanidad, homicidio intencional, lesiones gravísimas, tráfico de drogas, corrupción, y participación en acciones armadas con apoyo extranjero. Las exclusiones son amplias. Eso significa que no todos los presos estarán cubiertos.
«Es una ley que cubre casi tres décadas de conflicto», explica René Cedillo, coordinador del Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales y Presos Políticos. «Pero hay exclusiones graves». Su voz tiembla con esperanza entre fe y cautela. Es la esperanza de quien ha visto promesas incumplidas.
En Zona 7, la sede de la Policía Nacional Bolivariana en Caracas, Alberto Guerrero y Petra Vera permanecen bajo una de estas estructuras improvisadas. «Wilfrán, mi hermano, está detenido por pensar distinto», dice Alberto. Petra añade: «Tenemos fe de que todos sean liberados hoy. Si liberaron a 17 hace dos semanas sin ley, ahora que fue aprobada, tenemos más esperanza». Están desde el 8 de enero, vinieron desde Maracaibo. «La amnistía es positivo», dice Petra, «pero no hay perdón si no hubo delito. Ellos son inocentes. No necesitan perdón».
Pero Alberto y Petra no están solos. En Los Teques, Caracas, Valencia, en cada rinconcillo del país donde hay un centro de reclusión, hay familias como la suya. Américo de Grazia, expresidiario político, es optimista sobre el futuro pero advierte: «He sido amnistiado tres veces y capturado tres veces nuevamente. Mientras las cosas no cambien fundamentalmente, la amnistía no será garantía de paz». Requiere voluntad política real para reconciliación. «Tal como está planteada», dice, «sugiere que víctimas de violaciones de derechos humanos deben ir a tribunales a pedir perdón». Su advertencia resuena en las estructuras improvisadas donde las familias esperan respuestas.
Imágenes de la vigilia que realizan los familiares de los presos políticos que se encuentran recluídos en Zona 7.
(Jorge Benezra)
La ONG Justicia y Perdón reconoce limitaciones pero también alcance histórico. «La ley cubre un período amplio de conflictividad política», dice. Alfredo Romero, director de Foro Penal, comparte esta visión matizada: «Hay que recibir con optimismo la amnistía, pues beneficia a algunos perseguidos políticos. Sin embargo, es restrictiva y deja por fuera muchos casos». Advierte que las víctimas de violaciones graves a derechos humanos requieren justicia, no amnistia. Su llamado es claro: «Debemos seguir presionando por la liberación de todos los presos políticos».
Cedillo ve una oportunidad real. «Los 13 hechos cubiertos representan casi toda la historia reciente de conflictividad política», dice. «La pregunta es si el gobierno aplicará realmente la ley de buena fe y voluntad».
Mientras tanto, Jorge Rodríguez anunció que la Ley contra el Odio será revisada por la Comisión de Paz. No debemos caer en provocaciones, dijo. Los jóvenes deben ser promotores de paz. El mensaje oficial es claro: reconciliación, no revanchismo. Pero bajo las lonas improvisadas, las familias esperan respuestas más inmediatas. La amnistía fue promulgada en las sombras. La esperanza llegó en silencio. Ahora continúan orando. Esperan que esta sea finalmente la verdadera noche de la libertad plena.
