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Kielce: la matanza de judíos olvidada

El 1 de julio de 1946, Henryk Blaszczyk no regresó a casa, en la localidad de Kielce, en Polonia. Tenía ocho años, acababan de recaer sobre él nuevas responsabilidades en el cuidado de los animales y no se presentó a última hora de … la tarde, como le habían indicado sus padres. Preocupados por su ausencia, denunciaron de inmediato su desaparición a la Policía. Cuando finalmente, regresó, Henryk relató que había sido «secuestrado por judíos».
Su padre, Walenty Blaszczyk, apareció de nuevo en la comisaría para denunciar el secuestro. Interrogado por los agentes, Henryk enriqueció su relato y precisó que había sido retenido por los judíos del número 7 de la calle Planty, que le habían encerrado en el sótano hasta que consiguió escapar. De nada sirvió que el relato del niño hiciese aguas por varios puntos, ni que el edificio señalado careciese incluso de sótano. El rumor se extendió y, pocas horas después, varios habitantes de Kielce arrojaban las primeras piedras. Después llegaron los linchamientos.

El pogromo desatado en Kielce, que terminó con la muerte de al menos 42 judíos, fue silenciado por las autoridades comunistas. Detrás del estallido violento de antisemitismo, había además una motivación política. El 30 de junio se había celebrado un plebiscito para la disolución del Senado, la nacionalización de la propiedad privada y el cierre de la frontera occidental. A pesar de que casi tres cuartas partes votaron en contra de la disolución del Senado, fue anunciado un 68% a favor y el Comité Judío fue una de las pocas organizaciones en denunciarlo.

Noticia relacionada

Rosalía Sánchez

Polonia había sido, de todos los países implicados, el más afectado en número de muertos por la Segunda Guerra Mundial, con al menos 5,65 millones de víctimas, el 17,2% de la población. Más de la mitad de las víctimas polacas, alrededor de tres millones de personas, habían sido judías. Pero, tan solo 14 meses después de la capitulación del Tercer Reich, el relato oficial atribuía el antisemitismo exclusivamente a los nazis. Solo la prensa extranjera dejó constancia de la masacre.
El presidente del Comité Judío de Kielce, que había denunciado la manipulación electoral, fue asesinado de un disparo en la espalda mientras intentaba pedir ayuda por teléfono. Mientras una multitud violenta amenazaba con quemar el edificio, la Policía accedió y sacó a la calle a los 180 supervivientes del Holocausto, que quedaron a solas frente a los agresores delante de la fachada. Más de 20 judíos fueron linchados allí mismo.

A la caza del judío

Después, la caza se extendió por toda la ciudad, en la estación de tren y en las fincas del distrito. Los cuerpos fueron entregados a la morgue del hospital desnudos, despojados de todas sus pertenencias y ropa. Al menos 15 de ellos no pudieron ser identificados. Y, aunque todo ocurrió a la luz del día, nadie intervino. El Ejército polaco no recibió órdenes, el jefe de administración de la región de Kielce alegó estar convaleciente por un accidente de moto y el secretario del Partido Comunista se negó a dirigirse a la multitud.

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Solo la llegada a Kielce de Yitzhak Zuckerman, el último comandante del Levantamiento del Gueto de Varsovia en la primavera de 1943, logró parar la violencia. Sacó a los judíos supervivientes de la ciudad y un tribunal militar llevó a cabo un juicio sumario, del 9 al 11 de julio de 1946, contra 12 perpetradores que habían sido seleccionados más o menos al azar. Nueve de los acusados fueron condenados a muerte y ejecutados al día siguiente.

Un tribunal militar llevó a cabo un juicio sumario contra 12 perpetradores seleccionados más o menos al azar. Nueve fueron ejecutados.

El cardenal August Hlond, como primado de Polonia y jefe nominal del episcopado polaco, publicó un anuncio el 11 de julio en el que la Iglesia católica rechaza todos los asesinatos y actos antisemitas, señalando que los judíos que ocupaban cargos de liderazgo se resistían a imponer un régimen comunista rechazado por la mayoría del pueblo. Pero ya era demasiado tarde: el pogromo de Kielce tuvo como consecuencia la huida masiva de judíos de la Polonia de posguerra, en su mayoría a Estados Unidos.
En la Europa de posguerra, donde la falta de papel evitaba la publicación de periódicos, solo el suizo ‘Neue Zürcher Zeitung’ publicó la noticia, un despacho de United Press: «Una banda terrorista armada irrumpió en un edificio de apartamentos judío en Kielce y después atacó el centro comunitario judío». El francés ‘L’Impartial’, apoyado en la agencia France Presse, informó que «siete personas murieron en un pogromo en Kielce, a 150 kilómetros al sur de Varsovia. Esta cifra es oficial, pero se teme que en realidad sea mayor y supere el 20».

En 1998, el niño que propagó el rumor confesó que nunca había sido raptado, y que su desaparición estuvo acordada por su padre y los servicios de seguridad

Henryk Blaszczyk permaneció en silencio sobre lo ocurrido hasta 1998, casi una década después de la caída del Muro de Berlín, cuando admitió que nunca fue secuestrado. Describió su desaparición como sucedida con el conocimiento de su padre y concertada por el servicio de seguridad comunista. Después de regresar a casa, su padre le ordenó categóricamente que no mencionara nunca nada de lo ocurrido y que reafirmara la versión de «secuestro judío» si se le preguntaba. Aseguró que había sentido miedo de las posibles consecuencias si hablaba, incluso años después del final del régimen comunista en Polonia.

Publicado: julio 11, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/matanza-judios-olvidada-20260707013654-nt.html

El 1 de julio de 1946, Henryk Blaszczyk no regresó a casa, en la localidad de Kielce, en Polonia. Tenía ocho años, acababan de recaer sobre él nuevas responsabilidades en el cuidado de los animales y no se presentó a última hora de la tarde, como le habían indicado sus padres. Preocupados por su ausencia, denunciaron de inmediato su desaparición a la Policía. Cuando finalmente, regresó, Henryk relató que había sido «secuestrado por judíos».

Su padre, Walenty Blaszczyk, apareció de nuevo en la comisaría para denunciar el secuestro. Interrogado por los agentes, Henryk enriqueció su relato y precisó que había sido retenido por los judíos del número 7 de la calle Planty, que le habían encerrado en el sótano hasta que consiguió escapar. De nada sirvió que el relato del niño hiciese aguas por varios puntos, ni que el edificio señalado careciese incluso de sótano. El rumor se extendió y, pocas horas después, varios habitantes de Kielce arrojaban las primeras piedras. Después llegaron los linchamientos.

El pogromo desatado en Kielce, que terminó con la muerte de al menos 42 judíos, fue silenciado por las autoridades comunistas. Detrás del estallido violento de antisemitismo, había además una motivación política. El 30 de junio se había celebrado un plebiscito para la disolución del Senado, la nacionalización de la propiedad privada y el cierre de la frontera occidental. A pesar de que casi tres cuartas partes votaron en contra de la disolución del Senado, fue anunciado un 68% a favor y el Comité Judío fue una de las pocas organizaciones en denunciarlo.

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  • Rosalía Sánchez

Polonia había sido, de todos los países implicados, el más afectado en número de muertos por la Segunda Guerra Mundial, con al menos 5,65 millones de víctimas, el 17,2% de la población. Más de la mitad de las víctimas polacas, alrededor de tres millones de personas, habían sido judías. Pero, tan solo 14 meses después de la capitulación del Tercer Reich, el relato oficial atribuía el antisemitismo exclusivamente a los nazis. Solo la prensa extranjera dejó constancia de la masacre.

El presidente del Comité Judío de Kielce, que había denunciado la manipulación electoral, fue asesinado de un disparo en la espalda mientras intentaba pedir ayuda por teléfono. Mientras una multitud violenta amenazaba con quemar el edificio, la Policía accedió y sacó a la calle a los 180 supervivientes del Holocausto, que quedaron a solas frente a los agresores delante de la fachada. Más de 20 judíos fueron linchados allí mismo.

A la caza del judío

Después, la caza se extendió por toda la ciudad, en la estación de tren y en las fincas del distrito. Los cuerpos fueron entregados a la morgue del hospital desnudos, despojados de todas sus pertenencias y ropa. Al menos 15 de ellos no pudieron ser identificados. Y, aunque todo ocurrió a la luz del día, nadie intervino. El Ejército polaco no recibió órdenes, el jefe de administración de la región de Kielce alegó estar convaleciente por un accidente de moto y el secretario del Partido Comunista se negó a dirigirse a la multitud.

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Solo la llegada a Kielce de Yitzhak Zuckerman, el último comandante del Levantamiento del Gueto de Varsovia en la primavera de 1943, logró parar la violencia. Sacó a los judíos supervivientes de la ciudad y un tribunal militar llevó a cabo un juicio sumario, del 9 al 11 de julio de 1946, contra 12 perpetradores que habían sido seleccionados más o menos al azar. Nueve de los acusados fueron condenados a muerte y ejecutados al día siguiente.

Un tribunal militar llevó a cabo un juicio sumario contra 12 perpetradores seleccionados más o menos al azar. Nueve fueron ejecutados.

El cardenal August Hlond, como primado de Polonia y jefe nominal del episcopado polaco, publicó un anuncio el 11 de julio en el que la Iglesia católica rechaza todos los asesinatos y actos antisemitas, señalando que los judíos que ocupaban cargos de liderazgo se resistían a imponer un régimen comunista rechazado por la mayoría del pueblo. Pero ya era demasiado tarde: el pogromo de Kielce tuvo como consecuencia la huida masiva de judíos de la Polonia de posguerra, en su mayoría a Estados Unidos.

En la Europa de posguerra, donde la falta de papel evitaba la publicación de periódicos, solo el suizo ‘Neue Zürcher Zeitung’ publicó la noticia, un despacho de United Press: «Una banda terrorista armada irrumpió en un edificio de apartamentos judío en Kielce y después atacó el centro comunitario judío». El francés ‘L’Impartial’, apoyado en la agencia France Presse, informó que «siete personas murieron en un pogromo en Kielce, a 150 kilómetros al sur de Varsovia. Esta cifra es oficial, pero se teme que en realidad sea mayor y supere el 20».

En 1998, el niño que propagó el rumor confesó que nunca había sido raptado, y que su desaparición estuvo acordada por su padre y los servicios de seguridad

Henryk Blaszczyk permaneció en silencio sobre lo ocurrido hasta 1998, casi una década después de la caída del Muro de Berlín, cuando admitió que nunca fue secuestrado. Describió su desaparición como sucedida con el conocimiento de su padre y concertada por el servicio de seguridad comunista. Después de regresar a casa, su padre le ordenó categóricamente que no mencionara nunca nada de lo ocurrido y que reafirmara la versión de «secuestro judío» si se le preguntaba. Aseguró que había sentido miedo de las posibles consecuencias si hablaba, incluso años después del final del régimen comunista en Polonia.

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