Publicado: junio 23, 2026, 2:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/japon-saturado-turismo-quintuplica-costes-visados-20260622090639-nt.html
Un Japón saturado por el turismo masivo se ha propuesto, al menos, hacer caja. En ese sentido, el Gobierno ha anunciado la inminente quintuplicación de los costes de los visados para todos los extranjeros, la primera subida de esta tasa en casi 50 años … .
A partir del próximo 1 de julio, los permisos de una entrada pasarán de 3.000 a 15.000 yenes —de 16 a 81 euros—, mientras que los de entrada múltiple lo harán de 6.000 a 30.000 yenes —de 32 a 162 euros—.
Esta medida no afectará a los 74 países incluidos en el programa de exención de visados, entre los que se encuentra España, para aquellas «estancias cortas, hasta 90 días, que no impliquen el desarrollo de actividad profesional remunerada», de acuerdo a la información proporcionada por la embajada japonesa en Madrid.
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Mercedes Vega
El último incremento data de 1978, lo que justifica la necesidad de «reflejar las fluctuaciones en la inflación y el tipo de cambio» registradas desde entonces, explicaba este viernes el ministro de Exteriores, Toshimitsu Motegi, encargado de comunicar la medida aprobada por el Gabinete ese mismo día. «Tomamos esta decisión tras considerar cuidadosamente diversos factores y no prevemos que vaya a tener un impacto inmediato sobre el turismo», aclaró.
La depreciación continuada del yen hasta mínimos históricos en 40 años más el desarrollo progresivo del turismo internacional tras el paréntesis de la pandemia han convertido a Japón en uno de los destinos más populares del mundo. El país recibió en 2025 un total de 42,7 millones de visitantes, según cifras de la Organización Nacional de Turismo de Japón, más que nunca antes en su historia. La mayoría de ellos proceden de Asia: solo Corea del Sur, China y Taiwán representan más de un 60% del total.
Desplome bienvenido
La cuantiosa presencia de ciudadanos extranjeros genera crecientes fricciones con una cultura rígida y homogénea, en ocasiones rayando el rechazo explícito. El pasado mes de mayo, una oleada de actos vandálicos atribuidos a turistas en el célebre santuario de Fushimi Inari Taisha de Kioto, quienes realizaron inscripciones en los árboles de bambú, provocó una gran polémica.
Un año antes, el responsable del templo Kodaiji Korinin, ubicado en la misma ciudad, había expresado su hartazgo en redes sociales ante los constantes desplantes de los forasteros. «Lo siento, pero es imposible coexistir», sentenció, unas palabras que se viralizaron. En 2024, las autoridades locales optaron por cerrar al público ciertos callejones del barrio de Gion para evitar comportamientos intrusivos e irrespetuosos de los turistas, como perseguir a las «geishas» o hacer fotografías sin autorización.
Esta saturación explica que la población local haya celebrado el desplome del turismo chino, una campaña orquestada por el régimen como castigo a las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi, quien en noviembre dio a entender que Japón podría prestar apoyo a Estados Unidos en caso de crisis militar en Taiwán. En enero de este año, las llegadas procedentes de China cayeron un 60% interanual a consecuencia de la crisis diplomática.
El encarecimiento de los visados se suma a otras iniciativas anteriores, como la implantación de un sistema de precios dual, que discrimine entre residentes y turistas, en los museos nacionales, anunciada en marzo y prevista para dentro de un lustro. En ambos casos, la justificación gubernamental apela a la equiparación con prácticas internacionales. Una respuesta que plasma la ironía esencial del turismo de masas: la búsqueda de destinos particulares, como los callejones de Kioto, convertida en problema global. Global resulta, también, su solución provisional: encarecerlo.
