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Irán se ahoga en su propio petróleo

La dependencia de Irán del petróleo llega a representar casi el 20% de su Producto Interior Bruto (PIB). Esa relación aumenta si hablamos del propio Gobierno, donde cerca del 60% de sus ingresos provienen directamente del petróleo. Una dependencia que, desde que comenzara la guerra … entre Israel y Estados Unidos contra Teherán y se cerrara el estrecho de Ormuz, ha afectado al régimen, con consecuencias económicas y, quién sabe si en el futuro, también políticas para el impredecible país persa.
Desde principios del siglo pasado, el país se ha consolidado como una potencia energética, con algunas de las mayores reservas de crudo del mundo. Hoy posee alrededor del 9% de las reservas globales, lo que lo sitúa entre los principales actores del mercado internacional. Además, cerca del 80% de las exportaciones están vinculadas al petróleo y sus derivados. Antes de la guerra, Irán producía entre 3,1 y 3,5 millones de barriles, llegando incluso a los 4 millones diarios, según datos de la OPEP. Desde febrero, ese número se ha reducido a la mitad, con proyecciones que hablan de 1,2 millones.

Todas estas cifras son necesarias para situarnos en cómo está afectando la guerra y el bloqueo del estrecho de Ormuz al país. Y una pregunta surge con fuerza: ¿qué está haciendo Irán con esta cantidad de petróleo que sigue produciendo?
Si en gran parte del mundo la falta de petróleo está aumentando los precios y llevando al límite las reservas, en Irán el problema parece venir de todo lo contrario: como el petróleo no se vende y se sigue produciendo, no saben qué hacer con él ni dónde almacenarlo.

Noticia relacionada

LA TERCERA

Héctor Schamis

Almacenes chatarra

Según publica el diario ‘The Wall Street Journal’, Irán se está esforzando en encontrar nuevas formas de almacenar su petróleo, con la esperanza de evitar una paralización de la producción, después de que el bloqueo naval de Estados Unidos esté reteniendo las exportaciones petrolíferas. Uno de los puntos más importantes es la isla de Jark, principal terminal del país, que representa el 90% de sus exportaciones de crudo. «La isla de Jark no es la única instalación de almacenamiento de Irán, y la Compañía Nacional Iraní de Petróleo tiene la facultad de desviar la producción a otros depósitos. Fuera de Jark, la utilización actual de la capacidad no es tan alta», escribe Antoine Halff, analista jefe de Kayrros, una empresa de inteligencia geoespacial centrada en las cadenas de suministro de energía y los riesgos climáticos.
Desde que Estados Unidos restringiera el tráfico marítimo hacia y desde los puertos iraníes, las reservas de crudo de Teherán han aumentado en más de seis millones de barriles desde el 13 de abril, fecha de inicio del bloqueo estadounidense.
Ante la acumulación de petróleo en el país, Irán está reactivando depósitos abandonados, conocidos como «almacenes de chatarra», utilizando contenedores improvisados e intentando transportar crudo por ferrocarril a China. Estas medidas inusuales buscan retrasar una crisis de infraestructura y debilitar la influencia de Washington en el conflicto por el estrecho de Ormuz. Cada barril que no puede salir del país por los canales de exportación habituales tiene que ir a alguna parte: a un tanque, a un barco, a un depósito improvisado o permanecer bajo tierra. Por eso, el régimen iraní busca alternativas para «deshacerse» de ese excedente e intenta mantener la actividad por el Estrecho.
A finales de la semana pasada, Estados Unidos afirmó que su barrera en el mar de Omán ha impedido el paso de casi tres docenas de buques iraníes, evitando que el crudo de la república islámica llegue a sus clientes. Mientras la Administración de Donald Trump intenta recortar los ingresos petroleros, cruciales para Irán, los analistas del mercado ya especulan sobre cuánto tiempo podrá soportar el país esta situación y si, finalmente, tendrá que disminuir la producción de petróleo.
Por su parte, Irán ha intentado en varias ocasiones romper ese bloqueo y, la semana pasada, la Armada de Estados Unidos afirmó haber interceptado al menos dos superpetroleros en el golfo de Omán y el mar Arábigo, lo que obligó a estos y a otros buques a dar la vuelta y dirigirse a un puerto iraní.

Irán sigue exportando

Estos análisis, que hablan de la capacidad limitada de Irán para almacenar petróleo, también señalan que el cierre de los pozos provocaría un fenómeno técnico conocido como «water coning», por el que el agua invade los yacimientos maduros y los daña de forma potencialmente irreversible. «Aunque esta tesis ha circulado ampliamente y se señala como uno de los factores detrás de la estrategia de bloqueo a las exportaciones iraníes impulsada por Donald Trump, es cuestionable. De hecho, las previsiones más alarmistas no se han cumplido por ahora: Irán sigue exportando pequeñas cantidades de crudo y algunos buques han logrado sortear las restricciones, mientras que la capacidad real de almacenamiento del país sigue siendo incierta», explica Will Todman, experto en Oriente Próximo y jefe del gabinete del Departamento de Geopolítica y Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés).
Para este experto, la presión creciente sobre el sector energético iraní es una de las herramientas en la estrategia estadounidense, que habría optado por «intensificar el bloqueo económico en lugar de recurrir a una confrontación militar directa» y, de esa forma, «aumentar el margen de presión sobre Teherán y forzar concesiones».
Sin embargo, nada de esto parece estar dando resultado, ya que las conversaciones para buscar una solución al bloqueo del Estrecho y el fin de la guerra en la región siguen paralizadas.

Publicado: abril 28, 2026, 10:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/iran-ahoga-propio-petroleo-20260428040526-nt.html

La dependencia de Irán del petróleo llega a representar casi el 20% de su Producto Interior Bruto (PIB). Esa relación aumenta si hablamos del propio Gobierno, donde cerca del 60% de sus ingresos provienen directamente del petróleo. Una dependencia que, desde que comenzara la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Teherán y se cerrara el estrecho de Ormuz, ha afectado al régimen, con consecuencias económicas y, quién sabe si en el futuro, también políticas para el impredecible país persa.

Desde principios del siglo pasado, el país se ha consolidado como una potencia energética, con algunas de las mayores reservas de crudo del mundo. Hoy posee alrededor del 9% de las reservas globales, lo que lo sitúa entre los principales actores del mercado internacional. Además, cerca del 80% de las exportaciones están vinculadas al petróleo y sus derivados. Antes de la guerra, Irán producía entre 3,1 y 3,5 millones de barriles, llegando incluso a los 4 millones diarios, según datos de la OPEP. Desde febrero, ese número se ha reducido a la mitad, con proyecciones que hablan de 1,2 millones.

Todas estas cifras son necesarias para situarnos en cómo está afectando la guerra y el bloqueo del estrecho de Ormuz al país. Y una pregunta surge con fuerza: ¿qué está haciendo Irán con esta cantidad de petróleo que sigue produciendo?

Si en gran parte del mundo la falta de petróleo está aumentando los precios y llevando al límite las reservas, en Irán el problema parece venir de todo lo contrario: como el petróleo no se vende y se sigue produciendo, no saben qué hacer con él ni dónde almacenarlo.

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  • LA TERCERA


    Héctor Schamis

Almacenes chatarra

Según publica el diario ‘The Wall Street Journal’, Irán se está esforzando en encontrar nuevas formas de almacenar su petróleo, con la esperanza de evitar una paralización de la producción, después de que el bloqueo naval de Estados Unidos esté reteniendo las exportaciones petrolíferas. Uno de los puntos más importantes es la isla de Jark, principal terminal del país, que representa el 90% de sus exportaciones de crudo. «La isla de Jark no es la única instalación de almacenamiento de Irán, y la Compañía Nacional Iraní de Petróleo tiene la facultad de desviar la producción a otros depósitos. Fuera de Jark, la utilización actual de la capacidad no es tan alta», escribe Antoine Halff, analista jefe de Kayrros, una empresa de inteligencia geoespacial centrada en las cadenas de suministro de energía y los riesgos climáticos.

Desde que Estados Unidos restringiera el tráfico marítimo hacia y desde los puertos iraníes, las reservas de crudo de Teherán han aumentado en más de seis millones de barriles desde el 13 de abril, fecha de inicio del bloqueo estadounidense.

Ante la acumulación de petróleo en el país, Irán está reactivando depósitos abandonados, conocidos como «almacenes de chatarra», utilizando contenedores improvisados e intentando transportar crudo por ferrocarril a China. Estas medidas inusuales buscan retrasar una crisis de infraestructura y debilitar la influencia de Washington en el conflicto por el estrecho de Ormuz. Cada barril que no puede salir del país por los canales de exportación habituales tiene que ir a alguna parte: a un tanque, a un barco, a un depósito improvisado o permanecer bajo tierra. Por eso, el régimen iraní busca alternativas para «deshacerse» de ese excedente e intenta mantener la actividad por el Estrecho.

A finales de la semana pasada, Estados Unidos afirmó que su barrera en el mar de Omán ha impedido el paso de casi tres docenas de buques iraníes, evitando que el crudo de la república islámica llegue a sus clientes. Mientras la Administración de Donald Trump intenta recortar los ingresos petroleros, cruciales para Irán, los analistas del mercado ya especulan sobre cuánto tiempo podrá soportar el país esta situación y si, finalmente, tendrá que disminuir la producción de petróleo.

Por su parte, Irán ha intentado en varias ocasiones romper ese bloqueo y, la semana pasada, la Armada de Estados Unidos afirmó haber interceptado al menos dos superpetroleros en el golfo de Omán y el mar Arábigo, lo que obligó a estos y a otros buques a dar la vuelta y dirigirse a un puerto iraní.

Irán sigue exportando

Estos análisis, que hablan de la capacidad limitada de Irán para almacenar petróleo, también señalan que el cierre de los pozos provocaría un fenómeno técnico conocido como «water coning», por el que el agua invade los yacimientos maduros y los daña de forma potencialmente irreversible. «Aunque esta tesis ha circulado ampliamente y se señala como uno de los factores detrás de la estrategia de bloqueo a las exportaciones iraníes impulsada por Donald Trump, es cuestionable. De hecho, las previsiones más alarmistas no se han cumplido por ahora: Irán sigue exportando pequeñas cantidades de crudo y algunos buques han logrado sortear las restricciones, mientras que la capacidad real de almacenamiento del país sigue siendo incierta», explica Will Todman, experto en Oriente Próximo y jefe del gabinete del Departamento de Geopolítica y Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés).

Para este experto, la presión creciente sobre el sector energético iraní es una de las herramientas en la estrategia estadounidense, que habría optado por «intensificar el bloqueo económico en lugar de recurrir a una confrontación militar directa» y, de esa forma, «aumentar el margen de presión sobre Teherán y forzar concesiones».

Sin embargo, nada de esto parece estar dando resultado, ya que las conversaciones para buscar una solución al bloqueo del Estrecho y el fin de la guerra en la región siguen paralizadas.

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