Publicado: junio 19, 2026, 4:45 am
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Pocos artistas contemporáneos pueden permitirse el lujo de instalarse durante doce noches en el estadio londinense de Wembley y agotar prácticamente todas las entradas. Harry Styles lo está haciendo en Londres, donde ha regresado al estadio más emblemático del país con una propuesta ambiciosa que … aspira a reunir a cerca de un millón de espectadores a lo largo de doce actuaciones que comenzaron el 12 de junio.
La tercera de esas noches, este miércoles, volvió a demostrar por qué el antiguo integrante de One Direction se ha convertido en una de las figuras más influyentes del pop mundial. Mucho antes de que apareciera sobre el escenario, en los alrededores de Wembley miles de seguidores, en su mayoría mujeres de varias generaciones, ocupaban las calles próximas al estadio con sus sombreros vaqueros, lentejuelas, boas de plumas y camisetas del artista. Había niñas y adolescentes que descubrían a Styles por primera vez en directo, otras que habían crecido con One Direction y mujeres mayores que acudían acompañadas de sus hijas y nietas. El concierto comenzaba mucho antes de que sonara la primera nota.
Cuando el artista apareció sobre el escenario, el rugido de las aproximadamente 90.000 personas presentes alcanzó una intensidad difícil de describir. Wembley, acostumbrado a albergar finales deportivas y algunos de los mayores espectáculos musicales del mundo, vibró durante varios minutos.
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Natividad Pulido
La residencia londinense llega acompañando a ‘Kiss All The Time. Disco, Occasionally’, el cuarto álbum de estudio del cantante, publicado en marzo, y profundamente influido por la música de baile y la cultura de club.
Desde la apertura con ‘Are You Listening Yet?’, Styles dejó claro que el nuevo repertorio está concebido para cobrar vida sobre un escenario. Acompañado por una banda de músicos impecable, el cantante construyó una actuación sustentada en la música y en su capacidad para conectar con el público.
Harry Styles en el primer concierto en Wembley.
(Pham)
Y es que la magnitud del recinto obliga a cualquier artista a resolver un desafío complejo: cómo mantener la sensación de cercanía ante decenas de miles de personas, y Styles parece haber encontrado la fórmula. A sus 32 años, no para de moverse durante dos horas, corre sin descanso de un extremo a otro de las pasarelas con una energía infinita, se detiene para leer pancartas, conversa con los asistentes y convierte cada rincón del estadio en parte del espectáculo.
La propuesta de Styles descansa en buena medida sobre la interacción humana. En varios momentos de la noche pidió a los asistentes que se tomaran de las manos, que le dijeran «te amo» a la persona que tenían a su lado, que respiraran profundo y se entregaran al momento y se sintieran libres de expresarse sin reservas.
Esa idea de comunidad atraviesa todo el espectáculo y también constituye una de las razones que explican la extraordinaria fidelidad de sus seguidores. Lo que sucede sobre el escenario importa, pero también lo que ocurre entre quienes ocupan las gradas y la pista.
Musicalmente, el concierto encontró un equilibrio eficaz entre las canciones más recientes y los temas que han definido la carrera en solitario de Styles. ‘Golden’, ‘Adore You’ o ‘Watermelon Sugar’ provocaron algunas de las mayores ovaciones de la noche, mientras que composiciones nuevas como ‘Dance No More’, o la celebrada ‘Aperture’ demostraron la confianza del artista en el material de su último álbum.
Fue precisamente durante ‘Aperture’ cuando Wembley ofreció una de las imágenes más impactantes del concierto. Bajo una intensa secuencia de luces estroboscópicas y una base electrónica envolvente, el estadio entero pareció transformarse en una gigantesca pista de baile.
La actuación también dejó espacio para registros más íntimos. La incorporación de una sección de cuerda permitió reinterpretar varias canciones desde una perspectiva diferente y aportó algunos de los momentos más delicados del concierto.
Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con el homenaje a David Hockney. El artista británico, autor del célebre retrato de Harry Styles realizado en 2022 y una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo, fue recordado mediante la proyección de una reflexión sobre el papel del arte y las experiencias compartidas. «Lo que un artista intenta hacer por las personas es acercarlas a algo, porque, al fin y al cabo, el arte consiste en compartir. Nadie sería artista si no quisiera compartir una experiencia, una idea», podía leerse en las pantallas del estadio. Con esa idea como paraguas, en distintos momentos de la noche Styles insistió en la importancia de aquello que se construye cuando las personas comparten un mismo espacio.
La banda desempeñó un papel fundamental en esa construcción. La contundencia de la baterista Sarah Jones y la versatilidad de los distintos instrumentistas, coristas y bailarinas permitieron que las canciones ganaran nuevas dimensiones respecto a sus versiones de estudio.
Antes de su aparición, la encargada de abrir la noche fue Shania Twain, una de las grandes figuras del country pop. Styles la mencionó en varias ocasiones a lo largo del concierto y le agradeció públicamente su participación en la residencia londinense, un gesto que reflejó el tono de una velada marcada por los reconocimientos constantes a quienes le acompañan dentro y fuera del escenario.
El tramo final reunió algunos de los momentos más esperados. ‘Sign of the Times’ transformó Wembley en un coro multitudinario acompañado por un espectacular despliegue de fuegos artificiales. La canción, uno de los mayores éxitos de la carrera en solitario de Styles, forma parte también de la banda sonora de ‘Project Hail Mary’, la película de ciencia ficción protagonizada por Ryan Gosling estrenada este año. Mientras que ‘As It Was’, convertida ya en una de las canciones emblemáticas de la década, cerró la actuación entre una explosión de euforia colectiva.
Tras más de dos horas de concierto, Styles parecía tan reacio a marcharse como quienes llenaban las gradas, y la sensación dominante fue la de un artista que disfruta hasta la médula lo que hace. El británico, que sonrió toda la noche, pareció saborear cada minuto de una actuación que tiene la frescura de un acontecimiento especial en medio de una larga residencia. En definitiva, Harry Styles parecía el más feliz de todos en su propia fiesta.
