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Geopolítica: la historia que genera futuro

La cantidad infinita de informaciones verdaderas, falsas, sesgadas o ideologizadas puede hacer perder el sentido de cómo hemos llegado a la actual situación. En muy poco tiempo hemos pasado de la época de la colaboración y de la cooperación de un mundo globalizado a la … época de la autonomía y de la independencia de un mundo dividido.

Hoy el control de los recursos naturales se ha vuelto clave para la competitividad, para el desarrollo tecnológico y la potencia militar.

Noticia relacionada

David Alandete

Intentaré hacer un recorrido sintético de los últimos 37 años, centrándome sólo en los hechos más relevantes y en las consecuencias que nos han llevado hasta hoy. 
En 1989 se cae el muro de Berlin, el mundo se relaja, Rusia se divide entre el deseo de libertad, el capitalismo y la frustración de la caída del imperio soviético. 
En el 1993 nace la Unión Europea, que se convierte en un centro de atracción de los ex países soviéticos, frustrando aún más a Rusia. 
En los mismos años 90, llega internet y la comunicación empieza a hacerse global. Se acelera el proceso de globalización de los mercados, que se culmina en el 2001 con el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio. 
Los primeros años de globalización fueron muy positivos: los países desarrollados abrieron nuevos mercados, en particular los occidentales, y los emergentes aceleraron su proceso de aprendizaje, consiguiendo un fuerte desarrollo económico. 
En estos años positivos se estaba formando, sin que nadie la viera, la que yo llamo «ola de retorno de la globalización» que finalmente llegó con su fuerte impacto. 
Asia, en particular China, gracias a los salarios bajos, a los consecuentes reducidos costes de producción y al conocimiento acumulado de su colaboración con Occidente, se convierte en la fábrica del mundo y en el exportador mundial más fuerte y competitivo. 
Muchas empresas occidentales deciden producir en Asia provocando en sus países una importante pérdida de producción industrial y manufacturera, una contención de los salarios para no perder más competitividad y una economía basada mayoritariamente en servicios.
En el 2008 llega una potente crisis financiera mundial que es fruto de un mundo globalizado. 
Esta crisis inmobiliaria estadounidense impacta en bancos, en estados y en familias; y, sobre todo en Occidente, congela el crédito a empresas y particulares. Se provocan quiebras, se reduce la inversión privada, se debilita mucho a la clase media, clave del sistema democrático, se crean tensiones sociales y se genera populismo.
En el 2020 llega el Covid con su impacto, una vez más, global. Crecen las deudas estatales, se cierran muchas otras empresas y se pone en evidencia que, en un mundo globalizado, si se rompe la cadena de suministros, la dependencia de otros se convierte en un grave problema.
Durante esta inesperada y dramática pandemia, China se aprovecha, aumentando su capacidad tecnológica, controlando mejor su población y, con su ‘soft power’, haciéndose con el control de minas y recursos naturales a cambio de infraestructuras estratégicas, tanto en África como en América Latina. 
Mientras que ocurre esto, Estados Unidos ya empezaba el recorrido de retirada de sus intervenciones militares internacionales, mostrando cansancio por el coste político y económico del liderazgo mundial bajo el lema todavía no tan explícito de «America First» .
En el 2022, una Rusia frustrada desde hace años por su irrelevancia geopolítica, empieza a actuar militarmente en Siria , en África, en Libia y después de la conquista de Crimea, poco contestada, decide invadir a Ucrania.
Por lo tanto, un miembro permanente y con derecho a veto en las Naciones Unidas rompe el derecho internacional, debilitando y determinando una definitiva crisis de la institución multilateral,  que se queda sin posibilidad de intervención. 
Al derecho de veto ruso también se suma el de China, que respondiendo positivamente a la petición de ayuda de Moscú en la guerra a Ucrania, encuentra una fuerte conveniencia en la compra del petróleo y del gas. 
La invasión de Ucrania producen unas paulatinas sanciones estadunidenses y europeas a Rusia, que generan una grave crisis energética, sobre todo en Europa, reduciendo su capacidad competitiva y mermando su economía.
Llegamos entonces al 7 de octubre del 2023. 
Después de años y años de conflictos en Oriente Próximo, mientras que se estaban firmando los pactos de Abraham entre Israel y los países árabes sunitas, llega el ataque a Israel pilotado por Irán a través de Hamás. 
Un 7 de octubre que por su violencia bestial genera la durísima reacción de Israel en Gaza. 
Empieza una guerra contra Hamás e, indirectamente, contra Irán y sus proxis por parte de Israel, con efectos seguramente dramáticos, sobre todo para la población. 
Es en el intento de parte de Estados Unidos de encontrar una solución al asunto de Oriente Próximo que se empieza también una guerra a Irán para evitar el uso militar del material nuclear y debilitar lo más posible al atroz enemigo de Israel en el área. 
Concluyendo el recuerdo de esta concatenación de eventos pasados que os he propuesto, creo que puede hacer más fácil la lectura del momento actual, de las actuaciones y de los objetivos que se quieren conseguir, aunque no se traduzcan en los resultados deseados. 
Es más fácil entender el despertar tardío y por eso, quizá agresivo y muy poco diplomático, de Estados Unidos.
Los estadounidenses han tomado conciencia de que China ya ha desarrollado una fuerza y una influencia tal que la convierte en su principal enemigo y competidor. 
Se puede intender mejor porqué Estados Unidos en su política  de «America First» quiere recuperar terreno en Ámerica Latina y controlar siempre más recursos naturales (Venezuela, Groenlandia, Ucrania) . 
Es más evidente el porqué Estados Unidos quiere bajar la capacidad competitiva de China, recortándole las fuentes de suministro de la mayor cantidad posibles de recursos naturales para la producción de energía. Como es más comprensible el porqué quiere reconocer a Rusia la buscada relevancia geopolítica a cambio de romper la alianza con China y el suministro barato de gas y petróleo. 
También se puede entender claramente la situación muy complicada en la cual está una Europa que debe reaccionar a una situación geopolítica inédita, con un aliado como Estados Unidos concentrado en sus intereses nacionales, con una guerra a lado en Ucrania, un Mediterráneo potencialmente peligroso y con una falta de política internacional y de defensa común.
Europa no tiene una gobernanza adecuada al momento histórico actual y cambiarla ahora podría ser un riesgo para su misma supervivencia. 
Europa solo puede responder a las urgencias del momento y diseñar su futuro a través de unas cooperaciones reforzadas entre algunos de sus miembros.
Europa tiene que pensar su autonomía estratégica y porqué no tiene el control directo de los recursos naturales. 
Europa tiene que encontrar un plan industrial que libere la competitividad y la innovación, debe reducir a lo esencial la burocracia y la regulación de la cual ha presumido hasta ahora.  
Debe actuar ya, con absoluto pragmatismo, y debe hacerlo, por lo menos, de la mano de los países fundadores.

Publicado: marzo 11, 2026, 6:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/giuseppe-tringali-geopolitica-historia-genera-futuro-20260311114321-nt.html

La cantidad infinita de informaciones verdaderas, falsas, sesgadas o ideologizadas puede hacer perder el sentido de cómo hemos llegado a la actual situación. 

En muy poco tiempo hemos pasado de la época de la colaboración y de la cooperación de un mundo globalizado a la época de la autonomía y de la independencia de un mundo dividido.

Hoy el control de los recursos naturales se ha vuelto clave para la competitividad, para el desarrollo tecnológico y la potencia militar.

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  • David Alandete

Intentaré hacer un recorrido sintético de los últimos 37 años, centrándome sólo en los hechos más relevantes y en las consecuencias que nos han llevado hasta hoy. 

En 1989 se cae el muro de Berlin, el mundo se relaja, Rusia se divide entre el deseo de libertad, el capitalismo y la frustración de la caída del imperio soviético. 

En el 1993 nace la Unión Europea, que se convierte en un centro de atracción de los ex países soviéticos, frustrando aún más a Rusia. 

En los mismos años 90, llega internet y la comunicación empieza a hacerse global. Se acelera el proceso de globalización de los mercados, que se culmina en el 2001 con el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio. 

Los primeros años de globalización fueron muy positivos: los países desarrollados abrieron nuevos mercados, en particular los occidentales, y los emergentes aceleraron su proceso de aprendizaje, consiguiendo un fuerte desarrollo económico. 

En estos años positivos se estaba formando, sin que nadie la viera, la que yo llamo «ola de retorno de la globalización» que finalmente llegó con su fuerte impacto. 

Asia, en particular China, gracias a los salarios bajos, a los consecuentes reducidos costes de producción y al conocimiento acumulado de su colaboración con Occidente, se convierte en la fábrica del mundo y en el exportador mundial más fuerte y competitivo. 

Muchas empresas occidentales deciden producir en Asia provocando en sus países una importante pérdida de producción industrial y manufacturera, una contención de los salarios para no perder más competitividad y una economía basada mayoritariamente en servicios.

En el 2008 llega una potente crisis financiera mundial que es fruto de un mundo globalizado. 

Esta crisis inmobiliaria estadounidense impacta en bancos, en estados y en familias; y, sobre todo en Occidente, congela el crédito a empresas y particulares. Se provocan quiebras, se reduce la inversión privada, se debilita mucho a la clase media, clave del sistema democrático, se crean tensiones sociales y se genera populismo.

En el 2020 llega el Covid con su impacto, una vez más, global. Crecen las deudas estatales, se cierran muchas otras empresas y se pone en evidencia que, en un mundo globalizado, si se rompe la cadena de suministros, la dependencia de otros se convierte en un grave problema.

Durante esta inesperada y dramática pandemia, China se aprovecha, aumentando su capacidad tecnológica, controlando mejor su población y, con su ‘soft power’, haciéndose con el control de minas y recursos naturales a cambio de infraestructuras estratégicas, tanto en África como en América Latina. 

Mientras que ocurre esto, Estados Unidos ya empezaba el recorrido de retirada de sus intervenciones militares internacionales, mostrando cansancio por el coste político y económico del liderazgo mundial bajo el lema todavía no tan explícito de «America First» .

En el 2022, una Rusia frustrada desde hace años por su irrelevancia geopolítica, empieza a actuar militarmente en Siria , en África, en Libia y después de la conquista de Crimea, poco contestada, decide invadir a Ucrania.

Por lo tanto, un miembro permanente y con derecho a veto en las Naciones Unidas rompe el derecho internacional, debilitando y determinando una definitiva crisis de la institución multilateral,  que se queda sin posibilidad de intervención. 

Al derecho de veto ruso también se suma el de China, que respondiendo positivamente a la petición de ayuda de Moscú en la guerra a Ucrania, encuentra una fuerte conveniencia en la compra del petróleo y del gas. 

La invasión de Ucrania producen unas paulatinas sanciones estadunidenses y europeas a Rusia, que generan una grave crisis energética, sobre todo en Europa, reduciendo su capacidad competitiva y mermando su economía.

Llegamos entonces al 7 de octubre del 2023. 

Después de años y años de conflictos en Oriente Próximo, mientras que se estaban firmando los pactos de Abraham entre Israel y los países árabes sunitas, llega el ataque a Israel pilotado por Irán a través de Hamás. 

Un 7 de octubre que por su violencia bestial genera la durísima reacción de Israel en Gaza. 

Empieza una guerra contra Hamás e, indirectamente, contra Irán y sus proxis por parte de Israel, con efectos seguramente dramáticos, sobre todo para la población. 

Es en el intento de parte de Estados Unidos de encontrar una solución al asunto de Oriente Próximo que se empieza también una guerra a Irán para evitar el uso militar del material nuclear y debilitar lo más posible al atroz enemigo de Israel en el área. 

Concluyendo el recuerdo de esta concatenación de eventos pasados que os he propuesto, creo que puede hacer más fácil la lectura del momento actual, de las actuaciones y de los objetivos que se quieren conseguir, aunque no se traduzcan en los resultados deseados. 

Es más fácil entender el despertar tardío y por eso, quizá agresivo y muy poco diplomático, de Estados Unidos.

Los estadounidenses han tomado conciencia de que China ya ha desarrollado una fuerza y una influencia tal que la convierte en su principal enemigo y competidor. 

Se puede intender mejor porqué Estados Unidos en su política  de «America First» quiere recuperar terreno en Ámerica Latina y controlar siempre más recursos naturales (Venezuela, Groenlandia, Ucrania) . 

Es más evidente el porqué Estados Unidos quiere bajar la capacidad competitiva de China, recortándole las fuentes de suministro de la mayor cantidad posibles de recursos naturales para la producción de energía. Como es más comprensible el porqué quiere reconocer a Rusia la buscada relevancia geopolítica a cambio de romper la alianza con China y el suministro barato de gas y petróleo. 

También se puede entender claramente la situación muy complicada en la cual está una Europa que debe reaccionar a una situación geopolítica inédita, con un aliado como Estados Unidos concentrado en sus intereses nacionales, con una guerra a lado en Ucrania, un Mediterráneo potencialmente peligroso y con una falta de política internacional y de defensa común.

Europa no tiene una gobernanza adecuada al momento histórico actual y cambiarla ahora podría ser un riesgo para su misma supervivencia. 

Europa solo puede responder a las urgencias del momento y diseñar su futuro a través de unas cooperaciones reforzadas entre algunos de sus miembros.

Europa tiene que pensar su autonomía estratégica y porqué no tiene el control directo de los recursos naturales. 

Europa tiene que encontrar un plan industrial que libere la competitividad y la innovación, debe reducir a lo esencial la burocracia y la regulación de la cual ha presumido hasta ahora.  

Debe actuar ya, con absoluto pragmatismo, y debe hacerlo, por lo menos, de la mano de los países fundadores.

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