Publicado: febrero 20, 2026, 11:45 am
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Donald Trump tiene la capacidad de celebrar la primera reunión de su Junta de Paz, al tiempo que acumula aviones y barcos de guerra en el Golfo para atacar a Irán y repetir lo que ya hizo en junio en colaboración con Israel, aunque … ahora a mayor escala. Gaza es el primer gran test para el organismo presidido por el líder republicano y de su éxito o fracaso dependerá su papel en el resto de conflictos en los que pretende erigirse como pacificador mundial. Trump, sonriente, fue el centro de la fotografía en el acto inaugural del jueves y, rodeado de aliados, prometió una inversión millonaria para la reconstrucción de la Franja y el despliegue de una Fuerza Internacional.
Ahora queda lo más complicado, pasar de las palabras a los hechos y es importante actuar con rapidez para hacer frente a las necesidades humanitarias. El desfase entre la realidad en Gaza y los discursos de la junta es enorme y la mayoría de países europeos se mantienen al margen por el riesgo de desplazar o debilitar el papel de Naciones Unidas.
A la espera de los primeros movimientos de este organismo impulsado por Trump, Israel mantiene la última palabra en todo lo que se refiere a Gaza y ni siquiera ha permitido la entrada del gabinete de tecnócratas que debería encargarse de la administración del enclave en lugar de Hamás y que está obligado a reunirse en Egipto. El desarme del brazo armado de los islamistas y la retirada en paralelo de las fuerzas de ocupación israelíes son grandes incógnitas que pondrán a prueba la capacidad de este consejo en el que tiene cabida Israel como miembro fundador, pero no los palestinos.
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David Alandete
Tanto el mandato de la Junta, como el acuerdo de 20 puntos que puso fin a la guerra en octubre, es difuso y no hay una hoja de ruta detallada. Israel no quiere importunar a Trump, pero se muestra escéptico respecto a este organismo, cada día reinterpreta el acuerdo de alto el fuego según sus criterios e impone sus normas con unos bombardeos que dejan ya más de 600 muertos y miles de heridos en los últimos cuatro meses. A esto hay que sumar la escalada de tensión en Cisjordania y el avance sin freno de la ocupación, estrategia con la que Israel busca alejar cualquier posibilidad de establecer un Estado palestino formado entre Gaza y Cisjordania.
Benjamín Netanyahu, sobre quien pesa una orden de búsqueda y captura de la justicia internacional por crímenes de guerra en Gaza, no viajó a Washington al acto inaugural. El representante del Estado judío fue el ministro de Exteriores, Gideon Saar, una muestra de que no querían darle demasiada relevancia. Pese al anuncio de inversiones millonarias, el primer ministro dejó muy claro que «hemos acordado con nuestro aliado Estados Unidos que no habrá reconstrucción de Gaza antes de la desmilitarización de Gaza».
La semana pasada, Israel dijo que Hamás tendría un plazo de 60 días para desarmarse o las tropas israelíes «completarán la misión». Esto no aparece en ninguno de los documentos que se han publicado sobre el acuerdo, pero Yossi Fuchs, asesor de Netanyahu, adelantó que el plazo del ultimátum podría empezar a contar tras la primera reunión de la Junta de Paz, con lo que el reloj para una nueva gran operación ya está en marcha.
Desarme de Hamás
Antes de cumplir su parte del acuerdo, los israelíes exigían que Hamás entregara a todos los rehenes, vivos y muertos. Los islamistas lo hicieron, los estadounidenses anunciaron el paso a la segunda fase, pero los israelíes siguen bombardeando a diario y sólo han accedido a reabrir de manera simbólica el paso de Rafah, por donde entran y salen palestinos con cuentagotas y no se permite la llegada de ayuda humanitaria.
El desarme de Hamás es ahora la principal demanda de Netanyahu, pero los islamistas se resisten a dejar las armas si los israelíes mantienen la ocupación de más de la mitad de la Franja. Los islamistas pidieron a la comunidad internacional, a los mediadores y a los miembros de la Junta que obliguen a Israel a «detener sus ataques, permitir la entrada de ayuda en Gaza y comenzar de inmediato la reconstrucción. Cualquier esfuerzo internacional genuino para lograr estabilidad en Gaza debe basarse en abordar la causa raíz del problema, que es la ocupación, y poner fin a sus políticas», dijo el grupo en un comunicado. La presión de Trump sobre Israel y la de Turquía y Qatar sobre Hamás serán claves para que el acuerdo sobreviva y la Junta de Paz comience a implementar los proyectos.
