Publicado: octubre 8, 2026, 6:45 pm
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Tras un vendaval de críticas de la clase política, de analistas y de la prensa local por sus declaraciones sobre «cambiar la Constitución y redemocratizar el país» si gana la presidencia, Flávio Bolsonaro se sintió presionado y dio marcha atrás. El candidato del Partido Liberal ( … PL), fortalecido tras pasar en primera posición a la segunda vuelta y conquistar la mayoría en el Congreso, intentó disipar los temores de una aventura autoritaria asegurando que respetará la Carta Magna de 1988 y que cualquier cambio se limitará a enmiendas legislativas ordinarias.
Las alarmas se encendieron cuando el primogénito del expresidente Jair Bolsonaro proclamó que aprovecharía la inédita fuerza conservadora salida de las urnas para refundar las normas del Estado, lo que provocó reacciones inmediatas de políticos y especialistas en derecho constitucional. «Poder constituido no es poder constituyente», zanjó Paulo Ramírez, politólogo, sociólogo y profesor de la ESPM. Recordó también que ni siquiera una amplia victoria electoral faculta a un gobierno para demoler las cláusulas pétreas que garantizan la separación de poderes y los derechos civiles. Los especialistas han hecho hincapié en que, para hacer una nueva Constitución, sería necesaria otra elección, una constituyente, específica para ese fin.
Consciente del peligro de espantar al electorado de centro a solo dos semanas de la decisiva segunda vuelta frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el senador convocó una rueda de prensa en Brasilia para modular su tono. Flávio alegó que sus intenciones habían sido distorsionadas y que su agenda se acota a reformas impulsadas por la vía legal mediante Propuestas de Enmienda Constitucional (PEC). Entre sus prioridades enumeró la reducción de la mayoría penal de 18 a 16 años, ajustes a la reforma tributaria y un estricto recorte a las facultades del Supremo Tribunal Federal (STF).
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Verónica Goyzueta
«Tenemos que respetar la política, hay varias PEC posibles. Tiene que haber una reforma del Poder Judicial. Soy partidario de la reducción de la mayoría penal, tiene que ser por PEC. El fin de la reelección también tiene que ser por PEC, y es el Congreso el que va a decidir si son cuatro o cinco años [de mandato]», declaró Bolsonaro. El candidato prometió además renunciar a la reelección para «dar el ejemplo» y diferenciarse de Lula, quien aspira a un cuarto mandato histórico.
Este paso atrás busca frenar los ataques de la izquierda, que acusó al partido de preparar una revancha tras la intentona golpista de 2022, que culminó con la condena a prisión del expresidente Jair Bolsonaro. «Cualquier cosa diferente de eso es especulación. Vi gente diciendo que ahora, con mayoría, Flávio va a hacer lo que su padre no hizo. Paren con eso. Vamos a aterrizar en el mundo real», sentenció Flávio Bolsonaro, marcando así distancia con esa sombra de ruptura en su campaña. «Conmigo no va a haber eso. Va a haber estabilidad, va a haber paz para que todo el mundo trabaje, va a haber seguridad jurídica y respeto a la Constitución. Va a ser lo normal. El Brasil tiene que volver a lo normal», reforzó después.
El futuro parlamento, una ventaja para Bolsonaro
Sin embargo, la preocupación institucional no es gratuita. A partir de febrero de 2027, el PL contará con 28 senadores y 121 diputados federales, las mayores bancadas obtenidas por un único partido en cuatro décadas. Con los recientes apoyos de otras agrupaciones como União Brasil y Progresistas (PP), la derecha tendría tres quintos reglamentarios (308 diputados y 49 senadores) para aprobar enmiendas sin necesidad de negociar con la oposición.
Si confirma las preferencias para ganar en la segunda vuelta, que se celebrará el 25 de octubre, ese futuro parlamento será una ventaja para Bolsonaro. Por el contrario, será infernal para la gobernabilidad en caso de que Lula consiga un todavía posible viraje. El resultado de la elección del domingo terminó con 45,16% en la primera ronda para el Partido de los Trabajadores (PT), y 47,03% para su adversario.
El punto de mira de Bolsonaro sigue fijado en el Supremo, tribunal que condenó a su padre y a su hermano Eduardo a prisión por coaccionar a los jueces desde Estados Unidos. La Corte también investiga a Flávio en una serie de escándalos por sus vínculos con el banquero encarcelado Daniel Vorcaro. El candidato debe aprovechar que los jueces también han sido salpicados por ese caso para cuestionar la legitimidad de esas acciones. La victoria para el derechista radical es primordial pues, sin cargo, perderá la inmunidad y corre el riesgo de ser condenado por corrupción.
