Fehmarn, la isla alemana bajo la amenaza de Putin: «Si pasa algo, no sabemos cómo podremos protegernos» - Colombia
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Fehmarn, la isla alemana bajo la amenaza de Putin: «Si pasa algo, no sabemos cómo podremos protegernos»

En el cementerio de Fehmarn, junto a la iglesia evangélica de san Nicolás, quedan lápidas de fallecidos a manos de los rusos, durante la Segunda Guerra Mundial. Un voluntario de la comunidad que ejerce de guía, Heiko, constata que en la última semana ha … podido apreciar un aumento de la afluencia de fieles a los servicios religiosos y atribuye este hecho al miedo que infunde en la población el destructor ruso Severomorsk, anclado frente a la costa alemana en el mar Báltico, entre Fehmarn y la bahía de Lübeck.
«En un día que hace buen tiempo, puede verse con prismáticos desde la playa norte, pero no hace falta verlo porque es suficiente con su presencia. Sabes que está ahí y nada ya es lo mismo», intenta encorsetar en palabras la sensación que se ha apoderado de la población de la isla, unos 13.000 habitantes. Como enclave estratégico en el Báltico, Fehmarn ve pasar a menudo embarcaciones militares de todo tipo. «Pero esta es una ocasión única», reconoce Carsten Baeck, experto en riesgo y socio director de DRB Deutsche Risikoberatung, consultora que está haciendo evaluaciones sobre el terreno.

Anclar un destructor armado apuntando a Alemania es una provocación por parte de Putin, con numerosas lecturas geoestratégicas. Pero para los habitantes de Fehmarn significa de momento que los seguros, los inmuebles y los servicios están modificando sus precios. «En los puentes de la Ascensión y de Pentecostés, fechas en las que esto se llena de berlineses, apenas ha habido movimiento. Y no creo que este verano sea muy diferente. ¿Quién querría pasar sus vacaciones en el punto de mira de un destructor ruso?», se pregunta Selma, en la caja de una tienda de recuerdos.

Noticia relacionada

Enrique Serbeto

El alcalde de Fehmarn, Jörg Weber, describe una «sensación de mareo». «Es como un vértigo, desde que sabemos que está ahí», reconoce. Weber es consciente de la importancia de la isla en el mar Báltico, en uno de los extremos del estrecho de 18 kilómetros y enfrente de la localidad danesa de Rodby. Desde 2023 se está construyendo un túnel, el Fehmarn Belt, que conectará Hamburgo y Copenhague en pocos minutos y asegura la conectividad de Europa Central con los países nórdicos.

«¿Quién querría pasar sus vacaciones en el punto de mira de un destructor ruso?»

Selma
Cajera de una tienda de recuerdos

«Todo pasa por aquí, hay cables submarinos de telecomunicaciones y todo el tráfico marítimo del Báltico y las rutas al mar del Norte desembocan en este paso. Y, debido a las tensiones geopolíticas, esta zona está viviendo una situación única», valora Baeck. «Llevamos años sabiendo que algo va a pasar aquí», señala el alcalde Weber al referirse al tiempo transcurrido desde la destrucción del gasoducto ruso Nord Stream. «Sentimos preocupación y sentimos miedo. Y también impotencia, por qué no decirlo, porque, si pasa algo, no sabemos cómo podremos protegernos», admite. Para él, la situación es «amenazante».

El alcalde de Fehmarn, Jörg Weber.

(Ayuntamiento de Fehmarn)

El Ayuntamiento de Fehmarn está formando un cuerpo profesional de bomberos y Weber se ha reunido ya con la Policía local para establecer medidas de seguridad y buscar formas de tranquilizar a la población, pero sus esfuerzos resultan insignificantes junto a la máquina de guerra rusa. El Severomorsk mide unos 160 metros de eslora y pesa unas 7.400 toneladas. Va armado con lanzadores cuádruples de misiles antisubmarinos Rastrub (SS‑N‑14 Silex), cohetes RBU‑6000 y lanzatorpedos de 533 milímetros.

«Quieren meternos miedo»

El Kremlin asegura que ha enviado el destructor para proteger a los petroleros rusos que están siendo interceptados por patrullas nórdicas, pero los habitantes de Fehmarn tienen otras teorías. «Putin ha visto lo que han hecho en el estrecho de Ormuz y se ha colocado ahí para que no cerremos el nuestro», aventura Anette, jubilada, que sale de una droguería en la Plaza del Ayuntamiento. «Quieren meternos miedo. Miedo a una guerra. Putin quiere que sintamos su aliento en la nuca para que presionemos a los políticos alemanes, para que dejen de apoyar a Ucrania y de enviar armas a Zelenski, y lo del miedo lo está consiguiendo», dice Matthias, ingeniero que trabaja en el proyecto Fehmarn Belt y que está pensando en enviar el próximo curso a su hija de 17 años a estudiar a Suiza.
Ya en 2024, el puente de Fehmarnsund fue mencionado en la televisión estatal rusa como posible objetivo de ataques con misiles. Ahora, la OTAN ha desplegado en la zona varias fragatas de su grupo naval permanente, entre ellas la Sachsen alemana, para vigilar y seguir de cerca al destructor ruso. Desde la costa norte de Fehmarn se percibe a simple vista el ir y venir de los buques militares. «Les han hablado de esto a los niños en el colegio, han estado dibujando los barcos, que se los imaginan porque solo han visto alguno en la televisión. El objetivo de la actividad escolar es que expresen su inquietud, o la que perciben en sus casas, y ayudarles a entender la situación. Pero la verdad es que no creo que mi hijo entienda lo que está pasando», dice Gerhard, padre de un alumno de cinco años de edad.

«Putin quiere que sintamos su aliento en la nuca para que presionemos a los políticos alemanes para que dejen de apoyar a Ucrania»

Matthias
Ingeniero del proyecto Fehmarn Belt

Los agentes inmobiliarios locales esperan que aumente el número de casas en venta «porque no es de ahora, llevamos ya tiempo sintiendo la amenaza», y calculan que los precios han bajado entre un 10% y un 30%. «Tengo una casa cerca de la playa por 45.000 euros que en otros tiempos me hubiesen quitado de las manos», dice uno de ellos. En este sentido, recuerda las palabras pronunciadas el pasado mes de noviembre por el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius: «El verano pasado podría haber sido el último de paz en Europa».

Publicado: mayo 23, 2026, 12:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/fehmarn-isla-alemana-bajo-amenaza-rusa-pasa-20260520181229-nt.html

En el cementerio de Fehmarn, junto a la iglesia evangélica de san Nicolás, quedan lápidas de fallecidos a manos de los rusos, durante la Segunda Guerra Mundial. Un voluntario de la comunidad que ejerce de guía, Heiko, constata que en la última semana ha podido apreciar un aumento de la afluencia de fieles a los servicios religiosos y atribuye este hecho al miedo que infunde en la población el destructor ruso Severomorsk, anclado frente a la costa alemana en el mar Báltico, entre Fehmarn y la bahía de Lübeck.

«En un día que hace buen tiempo, puede verse con prismáticos desde la playa norte, pero no hace falta verlo porque es suficiente con su presencia. Sabes que está ahí y nada ya es lo mismo», intenta encorsetar en palabras la sensación que se ha apoderado de la población de la isla, unos 13.000 habitantes. Como enclave estratégico en el Báltico, Fehmarn ve pasar a menudo embarcaciones militares de todo tipo. «Pero esta es una ocasión única», reconoce Carsten Baeck, experto en riesgo y socio director de DRB Deutsche Risikoberatung, consultora que está haciendo evaluaciones sobre el terreno.

Anclar un destructor armado apuntando a Alemania es una provocación por parte de Putin, con numerosas lecturas geoestratégicas. Pero para los habitantes de Fehmarn significa de momento que los seguros, los inmuebles y los servicios están modificando sus precios. «En los puentes de la Ascensión y de Pentecostés, fechas en las que esto se llena de berlineses, apenas ha habido movimiento. Y no creo que este verano sea muy diferente. ¿Quién querría pasar sus vacaciones en el punto de mira de un destructor ruso?», se pregunta Selma, en la caja de una tienda de recuerdos.

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  • Enrique Serbeto

El alcalde de Fehmarn, Jörg Weber, describe una «sensación de mareo». «Es como un vértigo, desde que sabemos que está ahí», reconoce. Weber es consciente de la importancia de la isla en el mar Báltico, en uno de los extremos del estrecho de 18 kilómetros y enfrente de la localidad danesa de Rodby. Desde 2023 se está construyendo un túnel, el Fehmarn Belt, que conectará Hamburgo y Copenhague en pocos minutos y asegura la conectividad de Europa Central con los países nórdicos.

«¿Quién querría pasar sus vacaciones en el punto de mira de un destructor ruso?»

Selma

Cajera de una tienda de recuerdos

«Todo pasa por aquí, hay cables submarinos de telecomunicaciones y todo el tráfico marítimo del Báltico y las rutas al mar del Norte desembocan en este paso. Y, debido a las tensiones geopolíticas, esta zona está viviendo una situación única», valora Baeck. «Llevamos años sabiendo que algo va a pasar aquí», señala el alcalde Weber al referirse al tiempo transcurrido desde la destrucción del gasoducto ruso Nord Stream. «Sentimos preocupación y sentimos miedo. Y también impotencia, por qué no decirlo, porque, si pasa algo, no sabemos cómo podremos protegernos», admite. Para él, la situación es «amenazante».


El alcalde de Fehmarn, Jörg Weber.


(Ayuntamiento de Fehmarn)

El Ayuntamiento de Fehmarn está formando un cuerpo profesional de bomberos y Weber se ha reunido ya con la Policía local para establecer medidas de seguridad y buscar formas de tranquilizar a la población, pero sus esfuerzos resultan insignificantes junto a la máquina de guerra rusa. El Severomorsk mide unos 160 metros de eslora y pesa unas 7.400 toneladas. Va armado con lanzadores cuádruples de misiles antisubmarinos Rastrub (SS‑N‑14 Silex), cohetes RBU‑6000 y lanzatorpedos de 533 milímetros.

«Quieren meternos miedo»

El Kremlin asegura que ha enviado el destructor para proteger a los petroleros rusos que están siendo interceptados por patrullas nórdicas, pero los habitantes de Fehmarn tienen otras teorías. «Putin ha visto lo que han hecho en el estrecho de Ormuz y se ha colocado ahí para que no cerremos el nuestro», aventura Anette, jubilada, que sale de una droguería en la Plaza del Ayuntamiento. «Quieren meternos miedo. Miedo a una guerra. Putin quiere que sintamos su aliento en la nuca para que presionemos a los políticos alemanes, para que dejen de apoyar a Ucrania y de enviar armas a Zelenski, y lo del miedo lo está consiguiendo», dice Matthias, ingeniero que trabaja en el proyecto Fehmarn Belt y que está pensando en enviar el próximo curso a su hija de 17 años a estudiar a Suiza.

Ya en 2024, el puente de Fehmarnsund fue mencionado en la televisión estatal rusa como posible objetivo de ataques con misiles. Ahora, la OTAN ha desplegado en la zona varias fragatas de su grupo naval permanente, entre ellas la Sachsen alemana, para vigilar y seguir de cerca al destructor ruso. Desde la costa norte de Fehmarn se percibe a simple vista el ir y venir de los buques militares. «Les han hablado de esto a los niños en el colegio, han estado dibujando los barcos, que se los imaginan porque solo han visto alguno en la televisión. El objetivo de la actividad escolar es que expresen su inquietud, o la que perciben en sus casas, y ayudarles a entender la situación. Pero la verdad es que no creo que mi hijo entienda lo que está pasando», dice Gerhard, padre de un alumno de cinco años de edad.

«Putin quiere que sintamos su aliento en la nuca para que presionemos a los políticos alemanes para que dejen de apoyar a Ucrania»

Matthias

Ingeniero del proyecto Fehmarn Belt

Los agentes inmobiliarios locales esperan que aumente el número de casas en venta «porque no es de ahora, llevamos ya tiempo sintiendo la amenaza», y calculan que los precios han bajado entre un 10% y un 30%. «Tengo una casa cerca de la playa por 45.000 euros que en otros tiempos me hubiesen quitado de las manos», dice uno de ellos. En este sentido, recuerda las palabras pronunciadas el pasado mes de noviembre por el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius: «El verano pasado podría haber sido el último de paz en Europa».

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