Publicado: abril 9, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/expectacion-escepticismo-tras-anuncio-subida-salarial-delcy-20260409202333-nt.html
La promesa de un incremento salarial atado a la recaudación fiscal, anunciada la noche del miércoles por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, chocó este jueves con una realidad de calles movilizadas, advertencias empresariales y el escepticismo de una población que lleva más de dos … años con el sueldo mínimo congelado. Mientras el oficialismo intenta vender la medida como un acto de responsabilidad económica, los actores sociales y productivos del país exigen soluciones estructurales que vayan más allá de las bonificaciones.
El anuncio, que marca una ruptura con la política de subsidios masivos de la era chavista, no logró desactivar las protestas convocadas para este 9 de abril. Desde tempranas horas, trabajadores, docentes y miembros de la sociedad civil marcharon desde Plaza Venezuela hacia el centro de Caracas. Su exigencia es clara: un salario que permita cubrir una canasta alimentaria que ya supera los seiscientos dólares, frente a un ingreso mínimo legal que no llega a los treinta centavos de dólar mensuales.
A pie de calle, el discurso oficial se traduce en un profundo escepticismo. Lisbeth Márquez, trabajadora de la economía informal, resume el sentir de un sector que sobrevive al día a día: «Lo que nos dejaron los anuncios de ayer es que se acabó la regaladera de plata sin justificación, ahora el que no se pone a trabajar no come». Para otros, como Carlos Blanco, empleado del sector salud, la exigencia tiene cifras concretas: «El aumento de sueldo debería ser mínimo de doscientos dólares en la realidad venezolana y controlar la inflación».
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La desilusión también alcanza a los adultos mayores. Luis Perdomo, un pensionista de setenta años, refleja el drama de la separación familiar que atraviesa el país: «La presidenta cuenta con la diáspora después que los echaron. Mi hijo es ingeniero, está en Noruega en la industria petrolera, ese más nunca vuelve, ya hizo familia».
«Lo que nos dejaron los anuncios de ayer es que se acabó la regaladera de plata sin justificación, ahora el que no se pone a trabajar no come»
Desde el sector empresarial, la lectura es de cautela. Aunque Fedecámaras no emitió un comunicado institucional inmediato, su expresidente y actual miembro del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Jorge Roig, puso el dedo en la llaga de la distorsión laboral venezolana. Roig recordó que hace una década el noventa por ciento de lo percibido por un trabajador era salario base, mientras que hoy esa proporción se ha invertido: el noventa por ciento son bonificaciones sin incidencia en prestaciones sociales y solo el diez por ciento es salario formal.
El presidente de Consecomercio, la principal federación del comercio y los servicios del país, José Gregorio Rodríguez, valoró que el Ejecutivo reconozca los errores del pasado, pero advirtió sobre los riesgos de generar falsas expectativas. «Vemos bien que no se repita lo ocurrido en los últimos cincuenta o sesenta años, que se haga un ajuste y luego venga un incremento de bienes y servicios que vuelve ese aumento sal y agua», explicó. El líder gremial subrayó que cualquier mejora debe contar con respaldo financiero real y no depender de la emisión de dinero inorgánico. A su juicio, la verdadera solución pasa por la descentralización fiscal, detener el diferencial cambiario y darle el «justo valor al trabajo» comenzando por una cifra base real que estimule la productividad.
Presión internacional
La presión también llega desde el ámbito internacional. La OIT emitió un pronunciamiento instando al Gobierno venezolano a fijar el salario mínimo mediante «métodos consensuados» y «diálogo social», expresando su profunda preocupación por el estancamiento del ingreso desde 2022. El organismo ofreció asistencia técnica para el foro de diálogo previsto para finales de abril en Ginebra, recordando que las recomendaciones emitidas desde 2019 siguen sin cumplirse a cabalidad.
«La presidenta cuenta con la diáspora después que los echaron. Mi hijo es ingeniero, está en Noruega en la industria petrolera, ese más nunca vuelve, ya hizo familia»
Incluso dentro de las filas vinculadas al oficialismo, las expectativas se manejan con extrema prudencia. Oswaldo Vera, dirigente de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y exministro para el Trabajo, reconoció que las grandes transacciones económicas derivadas de la apertura petrolera aún no se han concretado. Por ello, anticipó que el aumento de mayo deberá ser «paulatino y proporcional a los ingresos que vaya percibiendo el Estado».
Mientras tanto, el clima político se tensa en las calles de la capital venezolana con movilizaciones . En un país donde la economía y la política son inseparables, el anuncio de Delcy Rodríguez parece haber abierto un nuevo capítulo de conflictividad, donde la esperanza choca de frente con la urgencia de una población que ya no puede esperar.
