Europa y la tienda de cerámica - Colombia
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Europa y la tienda de cerámica

La operación de cambio de régimen que ha emprendido Donald Trump en Venezuela recuerda a la teoría que explicaba Colin Powell sobre «la tienda de cerámica» para alertar de las dificultades de volver a poner en pie un país tras un conflicto: si … cuando entras en la tienda rompes algo, tienes que comprarlo. Estados Unidos no acertó ni en Irak ni en Afganistán cuando intentó transformar los dos países invadidos. Ahora, tras descabezar al régimen chavista, Trump no tiene más remedio que gestionar algún tipo de transición. Se ha convertido en su problema.
Sabemos hasta ahora varias cosas: el principal objetivo que le anima es el económico, explotar las enormes reservas de petróleo de Venezuela. También que se apoyará en la cúpula que ha rodeado a Nicolás Maduro hasta hace tres días y que el encargado de dirigir la operación es el cubano-americano Marco Rubio, un buen conocedor de la región. Un cuarto objetivo es afirmar la influencia de Estados Unidos sobre el hemisferio americano, frente al narcotráfico y la injerencia de China y Rusia.
La pregunta para los europeos es qué hacer ante este episodio que parece sacado del siglo XIX, con la diplomacia de cañoneras de Washington quitando y poniendo gobiernos en toda Latinoamérica. Lo más fácil es rasgarse las vestiduras por la enésima violación del derecho internacional cometida por el presidente estadounidense y experimentar la satisfacción moral de ser mejores y saber cómo debería regirse el mundo. Pero, si nuestros dirigentes solo hacen eso, transitarán un camino que lleva a la parálisis y la irrelevancia europea.

La UE y los países europeos tienen la oportunidad de colaborar para que se evite una confrontación civil en Venezuela y se transite hacia una transición política que desemboque en una democracia. El apoyo a la oposición encabezada por María Corina Machado es obligatorio, con la misma intensidad y visión a largo plazo que el prestado por los europeos al presidente ucraniano frente a la agresión rusa. Esto no debe impedir una demostración de paciencia y de interlocución con el Gobierno que (ojalá) inicia estas horas en Caracas su propio harakiri o suicido ritual, posiblemente mientras negocia bajo cuerda la inmunidad de sus miembros con Estados Unidos.
Al mismo tiempo, es el momento de prestar desde Bruselas y las capitales nacionales mayor atención al conjunto de Latinoamérica, donde muchos países comparten democracia y valores occidentales, empezando por adoptar de una vez el acuerdo UE-Mercosur, de un valor estratégico enorme. Europa no puede quedarse ensimismada mientras en Venezuela se dirime si Occidente es todavía el nombre de una civilización.

Publicado: enero 4, 2026, 9:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/jose-m-de-areilza-europa-tienda-ceramica-20260104040756-nt.html

La operación de cambio de régimen que ha emprendido Donald Trump en Venezuela recuerda a la teoría que explicaba Colin Powell sobre «la tienda de cerámica» para alertar de las dificultades de volver a poner en pie un país tras un conflicto: si cuando entras en la tienda rompes algo, tienes que comprarlo. Estados Unidos no acertó ni en Irak ni en Afganistán cuando intentó transformar los dos países invadidos. Ahora, tras descabezar al régimen chavista, Trump no tiene más remedio que gestionar algún tipo de transición. Se ha convertido en su problema.

Sabemos hasta ahora varias cosas: el principal objetivo que le anima es el económico, explotar las enormes reservas de petróleo de Venezuela. También que se apoyará en la cúpula que ha rodeado a Nicolás Maduro hasta hace tres días y que el encargado de dirigir la operación es el cubano-americano Marco Rubio, un buen conocedor de la región. Un cuarto objetivo es afirmar la influencia de Estados Unidos sobre el hemisferio americano, frente al narcotráfico y la injerencia de China y Rusia.

La pregunta para los europeos es qué hacer ante este episodio que parece sacado del siglo XIX, con la diplomacia de cañoneras de Washington quitando y poniendo gobiernos en toda Latinoamérica. Lo más fácil es rasgarse las vestiduras por la enésima violación del derecho internacional cometida por el presidente estadounidense y experimentar la satisfacción moral de ser mejores y saber cómo debería regirse el mundo. Pero, si nuestros dirigentes solo hacen eso, transitarán un camino que lleva a la parálisis y la irrelevancia europea.

La UE y los países europeos tienen la oportunidad de colaborar para que se evite una confrontación civil en Venezuela y se transite hacia una transición política que desemboque en una democracia. El apoyo a la oposición encabezada por María Corina Machado es obligatorio, con la misma intensidad y visión a largo plazo que el prestado por los europeos al presidente ucraniano frente a la agresión rusa. Esto no debe impedir una demostración de paciencia y de interlocución con el Gobierno que (ojalá) inicia estas horas en Caracas su propio harakiri o suicido ritual, posiblemente mientras negocia bajo cuerda la inmunidad de sus miembros con Estados Unidos.

Al mismo tiempo, es el momento de prestar desde Bruselas y las capitales nacionales mayor atención al conjunto de Latinoamérica, donde muchos países comparten democracia y valores occidentales, empezando por adoptar de una vez el acuerdo UE-Mercosur, de un valor estratégico enorme. Europa no puede quedarse ensimismada mientras en Venezuela se dirime si Occidente es todavía el nombre de una civilización.

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