Publicado: marzo 1, 2026, 1:46 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/posible-cambio-regimen-iran-20260228040110-nt.html
A la hora de justificar sus ataques contra Irán, tanto Trump como Netanyahu han aludido a la urgencia presentada por el programa nuclear y de misiles balísticos, pero también han apuntado a la posibilidad de facilitar un cambio de régimen. Con respecto a este … segundo objetivo, Trump ha afirmado que los bombardeos buscan debilitar la infraestructura del aparato de seguridad en Irán y crear las condiciones que permitan a la oposición iraní tomar el gobierno.
Se trata de una estrategia muy distinta a la de Irak en 2003. En esta ocasión no habrá tropas estadounidenses sobre el terreno ni una ocupación militar para pilotar la transición. Es también una apuesta arriesgada: no hay muchos ejemplos históricos en los que un régimen haya caído bajo la presión de una campaña exclusivamente aérea. Si Trump y Netanyahu realmente persiguen allanar el camino a la disidencia, primero deberán decapitar el régimen.
Esto implica no solo acabar con la vida del líder supremo Jamenei, sino también con la de sus posibles sucesores: el presidente, los ministros, el secretario del Consejo Supremo de Defensa, los comandantes del Ejército y la Guardia Revolucionaria, los altos mandos policiales y de Inteligencia, el presidente del Parlamento, los clérigos y jueces más destacados, los políticos alineados con el régimen más relevantes en activo o retirados… Una lista con centenares de nombres para asegurarse de que no haya leales que puedan mantener la cadena de mando intacta. A esta lista habría que sumar las sedes de los medios de comunicación del régimen, las principales bases militares, los ministerios y las comisarías más importantes.
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Pedro Rodríguez
El problema es que el aparato represor en Irán está descentralizado. Los dos órganos principales de la represión, la milicia de los Basich y la Guardia Revolucionaria, se encuentran desperdigados por toda la geografía y con cadenas de mando autónomas pensadas para seguir operando en caso de perder la comunicación con los centros de mando en Teherán. No obstante, de darse una contestación social similar a la del pasado enero y con la cúpula del régimen descabezada, esta infraestructura local podría verse desbordada.
Para alentar esta nueva movilización popular, sin embargo, habría que restablecer el acceso a internet y redes sociales de los ciudadanos. Tras el ataque, el régimen iraní ha vuelto a aislar a su población del resto del mundo, bloqueando el acceso al exterior mediante las redes.
Quienes sostienen que un ataque exterior tan solo hará más fuerte al régimen, desatando una ola de patriotismo en torno a los líderes políticos y religiosos del país, olvidan que la guerra del pasado junio no azuzó esas pasiones entre la población
Quienes sostienen que un ataque exterior tan solo hará más fuerte al régimen, desatando una ola de patriotismo en torno a los líderes políticos y religiosos del país, olvidan que la guerra del pasado junio no azuzó esas pasiones entre la población. Al contrario. La guerra de los doce días contra Israel fue seguida, unos meses más tarde, por la mayor oleada de protestas contra el régimen. Tal fue la magnitud de la ira popular que el régimen se vio abocado a tomar la medida sin precedentes de aislar a 90 millones de iraníes del resto del mundo durante semanas. No es lo mismo una guerra contra un régimen revolucionario que acaba de nacer (la República Francesa de finales de 1792 o la República Islámica de 1980) que contra un régimen maduro en vías de descomposición (la Rusia zarista de 1914 o la República Islámica de 2026). En el primer caso, la agresión externa suele fortalecer y radicalizar al régimen; en el segundo, suele acelerar su declive.
El problema es que una ofensiva aérea que pueda poner al régimen de rodillas y a merced de la oposición requiere una intensidad de ataque y prolongación en el tiempo que está por ver si Trump está dispuesto a permitir. Los ‘stocks’ de municiones en Israel y Estados Unidos están alarmantemente bajos y la paciencia política de los estadounidenses con sus guerras, desde Vietnam, es notoriamente limitada.
Por otra parte, no basta con poner en bandeja el Gobierno iraní, también hacen falta unas manos firmes para recogerla. En este caso, Irán carece de una oposición unida y organizada, al menos dentro del país. El régimen se ha asegurado durante décadas de que los líderes opositores estén en los cementerios o en el exilio. La figura del príncipe heredero, Reza Pahleví, hijo del sah derrocado en 1979, ofrece una posibilidad de liderazgo carismático opositor. Pero el príncipe heredero lleva décadas viviendo fuera de Irán y carece de una infraestructura consolidada dentro del país.
Javier Gil Guerrero es investigador del ICS, Universidad de Navarra y autor del libro ‘La sombra del ayatolá. Una historia de la República Islámica de Irán’ (Ciudadela Libros)
