Publicado: marzo 1, 2026, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/cambio-regimen-iran-apuesta-audaz-incierta-trump-20260302040435-nt.html
Desde que Trump anunció el sábado por la mañana los ataques a Irán, la prensa de EE.UU. se ha llenado de menciones a todas las veces que el ahora presidente de EE.UU. cargó contra los cambios de régimen. También de su compromiso, desde … que volvió a jurar su cargo hace poco más de un año, de ser un «presidente de paz» y acabar guerras, no empezarlas.
La situación en Irán es fluida e incierta, pero la operación decretada por Trump de la mano de su socio regional, Israel, no apunta a ser como aquellas intervenciones militares interminables, las ‘forever wars’, que acabaron por hastiar a los votantes de EE.UU., como en Irak y Afganistán. Aquellas fueron campañas de años y años, con cientos de miles de soldados en el terreno, con un gasto financiero abrumador, con la intención de controlar, estabilizar y democratizar sus gobiernos. El resultado, como es sabido, fue costoso en vidas y dólares estadounidenses y un fracaso en sus objetivos.
Trump está operando de otra manera, como se ha visto en movimientos recientes. El antecedente más inmediato es Venezuela. Allí hubo presión económica con sanciones y presión militar con un despliegue abrumador en el Caribe. Y una demostración de fuerza con la captura de Nicolás Maduro. En Venezuela no ha habido, de momento, un cambio de régimen por el que suspiran la mayoría de los venezolanos. Ha sido más un ‘cambio en el régimen’, con la prioridad de defender los intereses económicos –acceso al petróleo– y de seguridad –cooperación con Delcy Rodríguez– de EE.UU.
Noticia relacionada
-
Àlex Gubern
El próximo objetivo podría ser Cuba, donde la presión económica de EE.UU. es máxima, pero donde Trump ha hablado de una «toma amistosa», donde tumbar al régimen castrista de una tacada y por la fuerza no aparece como objetivo prioritario.
Es evidente que la intervención en Irán es un mundo diferente y que el libreto utilizado en Venezuela aquí es inservible. Por el tamaño del país, su potencia militar, la estructura del régimen de los ayatolás, las alianzas con potencias como Rusia y China, las implicaciones en una región volátil… Pero la estructura tiene paralelos: presión militar y económica, operación de ataque sin despliegue de tropas en el terreno y medidas de fuerza en la cúpula del régimen. En el caso de Irán, el ataque y eliminación de su Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, además de otras figuras de máxima relevancia en la República Islámica.
Desde el momento en el que anunció los ataques a Irán, Trump habló sin disimulo de un objetivo de cambio de régimen, el elemento más reseñable de su razonamiento para ir a la guerra. Tanto Israel como buena parte de la oposición en Irán –con el hijo del sah, Reza Pahlavi, como figura de mayhor relieve– habían defendido la postura que la gran amenaza es el régimen de los ayatolás, y no los productos de esa amenaza: su programa nuclear y balístico, el apoyo a grupos y milicias islámicas en toda la región o la financiación del terrorismo internacional.
Pero ese objetivo de Trump de conseguir un cambio de régimen está formulado a la manera del multimillonario neoyorquino: maleable, abierto a cambio, incierto. Para empezar, el propio presidente de EE.UU. ha insistido en que ese cambio es una carga que corresponde a los propios iraníes. Ellos deben ser quienes salgan a la calle a tomar el poder una vez acaben los bombardeos, con el régimen debilitado.
Es una opción que se antoja imprevisible y de difícil ejecución. Los análisis se acumulan sobre la dificultad de provocar un cambio de régimen solo desde ataques aéreos, sin meter tropas en el país. Muchos advierten que lo que llegará será el caos y el derramamiento de sangre.
Pero Trump también parece dispuesto a cambiar de rumbo en cualquier momento, para sorpresa de nadie. Pocas horas después de los ataques, aseguró a ‘Axios’ que contaba con varias «salidas» a la campaña militar. «Puedo hacer algo duradero y tomar el control de todo, o acabarlo en dos o tres días y decir a los iraníes: ‘Os veo dentro de unos años si empezáis a reconstruir’», dijo en referencia al programa nuclear y de misiles de largo alcance de Teherán. Era una nueva prueba de cómo el multimillonario neoyorquino siempre deja abiertas todas las opciones en este tipo de situaciones, y una de ellas puede ser que no haya cambio de régimen en Irán, pese a la muerte de su Líder Supremo, Alí Jamenei.
Otra más ocurrió poco después, el domingo, cuando aseguró a ‘The Atlantic’ que los líderes de la República Islámica «quieren hablar y yo he acordado hablar, así que hablaré con ellos. Tenían que haber dado lo que era práctico y fácil antes, esperaron demasiado». Es decir, habría la puerta a una negociación en la que el cambio de régimen –al menos al estilo clásico– no parece una prioridad.
Es una posición que siguió también el domingo uno de sus aliados republicanos con más peso en política exterior, Lindsay Graham. El objetivo «es cambiar la amenaza, no al régimen», aseguró en una entrevista con la cadena NBC. «Cuando esta operación se acaba, con independencia de quién tome el control de Irán, no tendrán misiles para atacarnos a nosotros, a Israel o a la región. Y no tendrán la capacidad de ser uno de los mayores patrocinadores del terrorismo».
La realidad es que Trump todavía no ha aclarado su plan. No lo ha explicado al Congreso, no ha contestado preguntas de la prensa, al menos hasta el domingo por la tarde. Su operación militar en Irán es de momento una tirada de dados con resultado incierto y con riesgo abundante. Y que puede definir lo que le queda de mandato.
