El sistema de clientelismo intelectual antiliberal de Viktor Orban - Colombia
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El sistema de clientelismo intelectual antiliberal de Viktor Orban

El truco para resolver el cubo de Rubik, un astuto juguete húngaro, consiste en manipular la estructura girando las piezas en los puntos adecuados hasta que todo encaja en su sitio. Resulta que los niños de Budapest no son los únicos hábiles manipuladores y … expertos en tergiversar de Hungría. Desde que recuperó el cargo de primer ministro en 2010, Viktor Orban ha manipulado metódicamente los medios de comunicación y la vida intelectual del país para alinearlos perfectamente con su partido, el Fidesz –el truco ha funcionado tan bien que sería imprudente apostar en contra de que el grupo de Orban se imponga en las elecciones del 12 de abril, aunque vayan por detrás en las encuestas–. Sin embargo, remodelar el orden ideológico en un país de 10 millones de habitantes es pan comido para alguien de la talla global que él mismo se atribuye, como resolver una sola cara del cubo de Rubik. En los últimos años, su régimen «orgullosamente iliberal» ha exportado su marca de propaganda conservadora más allá de sus fronteras. Que los europeos estén advertidos: el megáfono de Budapest les está atronando.
Este nuevo complejo industrial iliberal es tan multifacético como ese maldito cubo. En los últimos años, han surgido multitud de sitios web, revistas, institutos, think tanks, conferencias y entidades educativas para influir en el discurso no solo en Hungría, sino también en toda la Unión Europea. Bruselas solía ser un lugar de regateos tecnocráticos. Ahora es un campo de batalla para los guerreros culturales conservadores deseosos de difundir el mensaje orbanita: más patriotismo y madres que se quedan en casa, menos migrantes y normas ecológicas. Además de su inclinación por la retórica nativista, los miembros de esta internacional reaccionaria tienen dos cosas en común: financiación procedente de Hungría y una habilidad infalible para decir cosas buenas sobre los actuales dirigentes húngaros. Puede que sea una coincidencia. Sin embargo, uno sospecha que no lo es. Sin duda, a la derecha estadounidense del «Make America Great Again» le viene muy bien tener a mano un emisario europeo que le ayude a la hora de criticar a Bruselas.

Hoy en día es posible vivir en una burbuja intelectual creada por las mentes más brillantes que los apparatchiks de Budapest pueden permitirse. Uno podría empezar el día leyendo Brussels Signal, una web con vínculos húngaros que celebra cada vez que los populistas europeos ganan terreno –algo bastante frecuente últimamente–. Una iniciativa mediática relacionada, Remix News, publica noticias sobre delitos cometidos por migrantes en Europa; otra, The European Conservative, ofrece contenidos más serios sobre cuestiones políticas. Se puede dedicar la tarde a leer el último informe del think tank MCC Brussels sobre cómo los globalistas «woke» están llevando a Europa a la ruina. Para debatir todo esto en persona, uno puede acudir a la «Hungary House» de Bruselas, un recinto palaciego que abrió sus puertas en 2024 y que pronto acogió la presentación de un libro de Jordan Bardella, aliado francés de Fidesz. El calendario está poblado de conferencias en las que participan pensadores conservadores –a menudo con la presencia de Orban, ¿quién si no?–.

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Agustín Pery

Un consumidor desprevenido de este tipo de contenidos puede no darse cuenta de que el régimen húngaro es la fuerza motriz que se encuentra detrás de sus propios aplausos. Brussels Signal, que no tiene publicidad ni vende suscripciones, es una creación de un antiguo asesor político de Fidesz. Muchas de las conferencias y publicaciones que promueven el credo conservador húngaro están discretamente financiadas por entidades cuasiestatales que desembolsan decenas de millones de dólares al año. MCC Brussels, a pesar de tener solo cuatro años de vida, se encuentra entre los think tanks mejor financiados de Bruselas, gracias a una generosa subvención del Mathias Corvinus Collegium, un centro de investigación de Budapest. En la práctica, es un brazo de la casta orbanista: en 2020 se le asignaron más de 1.000 millones de dólares en activos, incluidas lucrativas participaciones en la compañía petrolera nacional de Hungría, y está presidido por un colaborador cercano de Orban.
Las distintas partes del megáfono de Budapest afirman trabajar de forma independiente entre sí. Algunas propugnan una especie de línea thatcherista –destacan los partidarios del Brexit descontentos–; otras son más claramente del tipo «iglesia y familia». No obstante, el efecto es el de una cámara de eco conservadora, en la que un pensador financiado por Hungría ensalza las virtudes de otro pensador financiado por Hungría –que pronto le devolverá el favor–. Los lazos con Estados Unidos son profundos. El 21 de marzo, la «conferencia CPAC», de adoración a Trump, llegará a Budapest por quinta vez –financiada indirectamente por los contribuyentes húngaros–.

Los húngaros están especialmente capacitados para detectar cuándo la conformidad ideológica se vuelve excesiva

¿Cuál es el sentido de todo esto? Frank Furedi, el director de MCC Brussels, nacido en Hungría, habla de la necesidad de una «intelectualidad alternativa» para contrarrestar el pensamiento único liberal imperante. Habiendo vivido bajo la opresión comunista, los húngaros están especialmente capacitados para detectar cuándo la conformidad ideológica se vuelve excesiva. En los días de la hoz y el martillo, antes de 1989, la prueba de pureza ideológica consistía en proclamar la dictadura del proletariado. Ahora, dicen los orbanistas, los burócratas de Bruselas imponen su creencia en los derechos LGBTIQ+, la financiación de Ucrania y demás con igual desparpajo opresivo.

Imparcial y equilibrado

La diversidad de opiniones es un objetivo loable; incluso los pensadores financiados por el Estado pueden aportar argumentos válidos. Sin embargo, parte del objetivo del megáfono de Budapest no es predicar, sino acallar. El núcleo de sus diatribas es que Orban es perseguido por la eurocracia atea –que en los últimos años ha retenido miles de millones de euros de fondos de la UE destinados a los húngaros– debido a sus posturas conservadoras y a favor de la familia. Esa afirmación ignora la verdadera razón: los responsables de la UE se oponen a la forma sistémica en que Fidesz ha amordazado a la sociedad civil, enriquecido a familiares y amigos y socavado el Estado de derecho. Los aliados de Orban plantean el conflicto como «globalistas contra soberanistas». «La UE contra los destructores de la democracia» se acerca más a la verdad.
Este ministerio de propaganda no oficial podría estar en las últimas –o apenas empezando–. El partido opositor Tisza, que va en cabeza en las encuestas, afirma que estrangulará la red ideológica orbanita si gana. Sin embargo, en un giro que haría las delicias de los aficionados al Rubik, podría aparecer un nuevo apoyo. El Departamento de Estado estadounidense, en manos del movimiento MAGA, está deseoso de «cultivar la resistencia» en Europa. Se dice que quiere regar de dinero a aquellos portavoces que reciben la generosidad estatal húngara. Los populistas que lamentan la intromisión del Estado en la vida de las personas sin duda se resignarán a la ironía.
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Publicado: marzo 26, 2026, 12:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/sistema-clientelismo-intelectual-antiliberal-viktor-orban-20260326043423-nt.html

El truco para resolver el cubo de Rubik, un astuto juguete húngaro, consiste en manipular la estructura girando las piezas en los puntos adecuados hasta que todo encaja en su sitio. Resulta que los niños de Budapest no son los únicos hábiles manipuladores y expertos en tergiversar de Hungría. Desde que recuperó el cargo de primer ministro en 2010, Viktor Orban ha manipulado metódicamente los medios de comunicación y la vida intelectual del país para alinearlos perfectamente con su partido, el Fidesz –el truco ha funcionado tan bien que sería imprudente apostar en contra de que el grupo de Orban se imponga en las elecciones del 12 de abril, aunque vayan por detrás en las encuestas–. Sin embargo, remodelar el orden ideológico en un país de 10 millones de habitantes es pan comido para alguien de la talla global que él mismo se atribuye, como resolver una sola cara del cubo de Rubik. En los últimos años, su régimen «orgullosamente iliberal» ha exportado su marca de propaganda conservadora más allá de sus fronteras. Que los europeos estén advertidos: el megáfono de Budapest les está atronando.

Este nuevo complejo industrial iliberal es tan multifacético como ese maldito cubo. En los últimos años, han surgido multitud de sitios web, revistas, institutos, think tanks, conferencias y entidades educativas para influir en el discurso no solo en Hungría, sino también en toda la Unión Europea. Bruselas solía ser un lugar de regateos tecnocráticos. Ahora es un campo de batalla para los guerreros culturales conservadores deseosos de difundir el mensaje orbanita: más patriotismo y madres que se quedan en casa, menos migrantes y normas ecológicas. Además de su inclinación por la retórica nativista, los miembros de esta internacional reaccionaria tienen dos cosas en común: financiación procedente de Hungría y una habilidad infalible para decir cosas buenas sobre los actuales dirigentes húngaros. Puede que sea una coincidencia. Sin embargo, uno sospecha que no lo es. Sin duda, a la derecha estadounidense del «Make America Great Again» le viene muy bien tener a mano un emisario europeo que le ayude a la hora de criticar a Bruselas.

Hoy en día es posible vivir en una burbuja intelectual creada por las mentes más brillantes que los apparatchiks de Budapest pueden permitirse. Uno podría empezar el día leyendo Brussels Signal, una web con vínculos húngaros que celebra cada vez que los populistas europeos ganan terreno –algo bastante frecuente últimamente–. Una iniciativa mediática relacionada, Remix News, publica noticias sobre delitos cometidos por migrantes en Europa; otra, The European Conservative, ofrece contenidos más serios sobre cuestiones políticas. Se puede dedicar la tarde a leer el último informe del think tank MCC Brussels sobre cómo los globalistas «woke» están llevando a Europa a la ruina. Para debatir todo esto en persona, uno puede acudir a la «Hungary House» de Bruselas, un recinto palaciego que abrió sus puertas en 2024 y que pronto acogió la presentación de un libro de Jordan Bardella, aliado francés de Fidesz. El calendario está poblado de conferencias en las que participan pensadores conservadores –a menudo con la presencia de Orban, ¿quién si no?–.

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  • Agustín Pery

Un consumidor desprevenido de este tipo de contenidos puede no darse cuenta de que el régimen húngaro es la fuerza motriz que se encuentra detrás de sus propios aplausos. Brussels Signal, que no tiene publicidad ni vende suscripciones, es una creación de un antiguo asesor político de Fidesz. Muchas de las conferencias y publicaciones que promueven el credo conservador húngaro están discretamente financiadas por entidades cuasiestatales que desembolsan decenas de millones de dólares al año. MCC Brussels, a pesar de tener solo cuatro años de vida, se encuentra entre los think tanks mejor financiados de Bruselas, gracias a una generosa subvención del Mathias Corvinus Collegium, un centro de investigación de Budapest. En la práctica, es un brazo de la casta orbanista: en 2020 se le asignaron más de 1.000 millones de dólares en activos, incluidas lucrativas participaciones en la compañía petrolera nacional de Hungría, y está presidido por un colaborador cercano de Orban.

Las distintas partes del megáfono de Budapest afirman trabajar de forma independiente entre sí. Algunas propugnan una especie de línea thatcherista –destacan los partidarios del Brexit descontentos–; otras son más claramente del tipo «iglesia y familia». No obstante, el efecto es el de una cámara de eco conservadora, en la que un pensador financiado por Hungría ensalza las virtudes de otro pensador financiado por Hungría –que pronto le devolverá el favor–. Los lazos con Estados Unidos son profundos. El 21 de marzo, la «conferencia CPAC», de adoración a Trump, llegará a Budapest por quinta vez –financiada indirectamente por los contribuyentes húngaros–.

Los húngaros están especialmente capacitados para detectar cuándo la conformidad ideológica se vuelve excesiva

¿Cuál es el sentido de todo esto? Frank Furedi, el director de MCC Brussels, nacido en Hungría, habla de la necesidad de una «intelectualidad alternativa» para contrarrestar el pensamiento único liberal imperante. Habiendo vivido bajo la opresión comunista, los húngaros están especialmente capacitados para detectar cuándo la conformidad ideológica se vuelve excesiva. En los días de la hoz y el martillo, antes de 1989, la prueba de pureza ideológica consistía en proclamar la dictadura del proletariado. Ahora, dicen los orbanistas, los burócratas de Bruselas imponen su creencia en los derechos LGBTIQ+, la financiación de Ucrania y demás con igual desparpajo opresivo.

Imparcial y equilibrado

La diversidad de opiniones es un objetivo loable; incluso los pensadores financiados por el Estado pueden aportar argumentos válidos. Sin embargo, parte del objetivo del megáfono de Budapest no es predicar, sino acallar. El núcleo de sus diatribas es que Orban es perseguido por la eurocracia atea –que en los últimos años ha retenido miles de millones de euros de fondos de la UE destinados a los húngaros– debido a sus posturas conservadoras y a favor de la familia. Esa afirmación ignora la verdadera razón: los responsables de la UE se oponen a la forma sistémica en que Fidesz ha amordazado a la sociedad civil, enriquecido a familiares y amigos y socavado el Estado de derecho. Los aliados de Orban plantean el conflicto como «globalistas contra soberanistas». «La UE contra los destructores de la democracia» se acerca más a la verdad.

Este ministerio de propaganda no oficial podría estar en las últimas –o apenas empezando–. El partido opositor Tisza, que va en cabeza en las encuestas, afirma que estrangulará la red ideológica orbanita si gana. Sin embargo, en un giro que haría las delicias de los aficionados al Rubik, podría aparecer un nuevo apoyo. El Departamento de Estado estadounidense, en manos del movimiento MAGA, está deseoso de «cultivar la resistencia» en Europa. Se dice que quiere regar de dinero a aquellos portavoces que reciben la generosidad estatal húngara. Los populistas que lamentan la intromisión del Estado en la vida de las personas sin duda se resignarán a la ironía.

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